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42 JUEVES 14 8 2003 ABC Sociedad Científicos de EE. UU. lanzan la voz de alarma por la falta de monos para investigaciones médicas La escasez de macacos rhesus frena trabajos sobre el sida, el genoma humano y las células madre b Las investigaciones subvencionadas realizadas contra el virus del sida en Estados Unidos en el año 2001 utilizaron un total de dos millares de macacos rhesus PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. La ingente maquinaria de investigaciones médicas en Estados Unidos se ha topado con un contratiempo inesperado: una grave carestía de macacos rhesus. Los trabajos en curso para luchar contra el sida y nuevas amenazas como el bioterrorismo han multiplicado la demanda de estos apreciados animales de laboratorio. Hasta el punto de que la comunidad científica norteamericana no tiene acceso a un suficiente número de estos primates, con el consiguiente coste social. Como resultado de este desfase entre demanda y oferta, se ha producido un incremento de precio: por un ejemplar adulto de macaco rhesus para experimentos se están llegando a pagar 10.000 dólares (unos 8.900 euros) Aunque los ocho centros oficiales especializados en criar estos animales en Estados Unidos han intentado aumentar su producción anual (pasando de 12.000 ejemplares en 1996 a 15.000 en la actualidad) no se está logrando satisfacer la demanda de estos primates tan apreciados en muchas investigaciones médicas debido a sus enormes similitudes fisiológicas y genéticas con los seres humanos. El doctor Dee de la Universidad de Wisconsin, también se encuentra en una frustrante situación similar con su proyecto para desarrollar 125 macacos rhesus con especiales características genéticas para estudiar una posible vacuna contra el sida. Al no tener acceso a ninguna hembra, no ha podido producir ninguno de estos animales a través de fertilizaciones in vitro Y para colmo, el intento de circunvalar este problema importando 60 ejemplares de China terminó en un maloliente fracaso. El doctor tuvo que devolver esta partida cuando los monos chinos desarrollaron una diarrea intratable. Monos usados La situación es tan grave que algunos científicos estarían recurriendo a comprar monos usados por otros colegas pese al riesgo de obtener resultados desvirtuados. La especulación en torno a estos animales llegaría hasta el punto de que algunos centros de investigación están pagando por adelantado, vendiendo y comprando los derechos sobre especímenes todavía no nacidos. Situación que se ha venido complicando desde que el suministro alternativo de estos primates a través de la India quedó interrumpido en los años setenta. Como los seres humanos, los macacos rhesus tienen un ciclo reproductivo relativamente lento. Normalmente sólo tienen una cría en cada parto, tras un período de gestación que oscila entre 135 y 194 días. Instintivamente, las madres cuidan de sus vástagos durante seis meses a un año. En su edad adulta, estos monos marrones y peludos alcanzan un peso de entre 5 y 12 kilogramos, y una altura de casi medio metro más veinte o treinta centímetros de cola. Su longevidad gira en torno a los veintiséis años, alcanzando la madurez sexual a partir de los cuatro. A corto plazo, la falta de macacos rhesus amenaza con agravarse todavía más. Desde el 11- S, el gobierno de Estados Unidos viene realizando un sustancial esfuerzo económico en la prevención y estudio del bioterrorismo. Los Institutos Nacionales de Salud están preparando nuevas subvenciones para investigaciones en este campo por valor de 1.400 millones de dólares. Lo que automáticamente se traducirá en un aumento adicional de la desbordada demanda de estos monos. Como dato significativo se cita que todas las investigaciones subvencionadas realizadas sobre el sida en Estados Unidos utilizaron en el año 2001 dos millares de monos. Es decir, doscientos ejemplares de la producción anual de los ocho centros subvencionados. Estos primates presentan enormes similitudes genéticas con los seres humanos La comunidad científica de Estados Unidos ha empezado a solicitar que parte de estos fondos se dediquen a mejorar los programas de cría de estos animales y a estudiar la posibilidad de utilizar otras especies de monos para trabajos científicos. Por miedo a atraer las iras de los grupos norteamericanos de defensa de animales- -que en algunas ocasiones recurren a la violencia- -el Boston Globe ha apuntado la existencia de una negligente falta de atención colectiva ante este problema que no es precisamente nuevo. Sobre la crueldad de experimentar con estos animales, el doctor Joseph ABC Graves consecuencias Según ha explicado el doctor Joseph Kemnitz, director del reputado Centro Nacional de Investigación con Primates en la Universidad de Wisconsin, las consecuencias de esta escasez son gravísimas. A juicio del especialista norteamericano, la promesa de mejorar la salud y la calidad de vida de la humanidad es tremenda con todo el caudal de información genética que estamos logrando. Pero todo esto necesita ser evaluado en animales antes de aplicarse a personas Entre los trabajos ralentizados por esta falta de animales de laboratorio se incluye la búsqueda de soluciones a la plaga del sida. Según ha reconocido la doctora Ruth Ruprecht, de la Facultad de Medicina de Harvard, su proyecto conjunto con el Instituto del cáncer Dana Farber para desarrollar una vacuna oral contra el HIV no ha podido avanzar al ritmo previsto por las dificultades para reunir los 84 ejemplares de macacos rhesus necesarios para su investigación. Solamente en la compra de estos primates, el prometedor proyecto ha tenido que invertir 400.000 dólares (más de 354.000 euros) Kemnitz ha recalcado que todos los trabajos científicos que se realizan se deben ceñir a estrictas obligaciones éticas y que a los investigadores les resulta difícil no terminar conectando con los macacos. Según este especialista en primates, la clave para trabajar con estos animales es compartir con ellos lo que se espera de ellos. Cuando se logra esto las cosas se calman. Se les puede entrenar para sacar un brazo o una pata fuera de la jaula con el fin de sacarles un poco de sangre. Incluso se puede lograr que se tomen voluntariamente medicamentos por vía oral De ratones a peces En busca de una alternativa o un complemento más eficiente a los clásicos ratones de laboratorio, científicos de Estados Unidos han empezado a concentrarse en el pequeño pez cebra, un clásico de los acuarios domésticos en todo el mundo, originario del río Ganges. El pececito en cuestión cuesta mucho menos que un ratón, ocupa mucho menos espacio, produce dos mil crías al año y se mantiene con una décima parte de lo que cuesta mantener a un roedor. Y sobre todo, los huevos de este animal son fertilizados y se desarrollan fuera del cuerpo de la madre, lo que facilita su observación y manipulación. Este transparente pez de apenas dos centímetros ya está siendo utilizado cada vez con más frecuencia para estudiar enfermedades del corazón, el cerebro, la aorta, leucemia, distrofia muscular y problemas de vista y oído. Este otoño, los Institutos Nacionales de Salud tienen previsto construir sus propias instalaciones para producir estos peces con especial utilidad para estudios genéticos.