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LUNES 28- 11- 94 ESPECTÁCULOS ABC 107 Un Castillo de la Perseverancia más que sombrío, luminoso Título: El Castilo de la Perseverancia Género: Auto sacramental. Autor: Anónimo. Coproducción: Libélula y Gioco Vita. Adaptación texto: Fernando Mastropasqua. Versión castellana: Carla Matteini. Música: Franco Piersanti. Dibujos y figuras: Andrea Rauch. Actores- manipuladores: Julio Michel, Juan Antonio Sanz, David Faraco y Katarina Janoscova. Idea y creación: Fabrizio Montecchim Franco Quartieri y Paolo Valli. Dirección: Dirección: Egisto Marucci. Presentación en Sevilla: Sala Alameda, 24- 11- 94. La importante compañía italiana Gioco Vita y el grupo de títeres castellano Libélula trabajan juntos. La noticia es sorprendente. Gioco Vita es, ya lo dijimos la últjma vez que vino a Sevilla con Peter Pan la mejor compañía de teatro de sombras del mundo y actualmente la renovadora y ampliadora de esa milenaria técnica de animación, que parecía inmovilizada por sus limitaciones físicas y a la que Gioco Vita, con una imaginación también al parecer ilimitada, ha dado alas de luz para remontar un vuelo de una altura en el futuro imprevisible. Libélula es un grupo segoviano que, capitaneado con títeres de guante, de varilla y de peana. Allá por el 76 vinieron- muy jóvenes- con sus primeras experiencias, ingenuas y llenas de encanto. Más tarde intervinieron con José Luis Castro en el montaje del espectáculo Fantasía para un juguete roto producido por Teatro del Globo en Sevilla. De esta coproducción se puede pensar a priori que de títeres sin sombra y sombras sin títeres, se ha llegado al ideal del títere con su sombra. Pero no es exactamente así. Críticas de teatro La sombra del Tenorio Las facultades histriónicas de un soberbio actor Título: La sombra del Tenorio Género: Obra para un solo actor. Autor: José Luis Alonso de Santos. Intéprete: Rafael Alvarez, El Brujo. Música: Javier Alejano. Escenografía: Rafael González. Iluminación: Gerardo Malla. Vestuario: Mercedes Sevilla. Dirección: Rafael Alvarez. Presentación en Sevilla. Teatro Lope de Vega, 24- 11- 94. Una buena noche de febrero de este año tramada, con su habitual obsesión perfeccionista, ágil, fresca y certera en las matizaciones pasó por Sevilla, con la fugacidad de un aeroexpresivas. lito, un actor que había sido admirado a través A su aguda visión de los personajes populade la pequeña pantalla y cuya actuación en dires- e s sicólogo titulado- cumplidamente derecto c a u s ó s e n s a mostrada en su producción dramática, en la ción. El actor se llama que prodiga la pincelada costumbrista de color Rafael Alvarez, la acsaitenesco, une su indiscutible formación autotuación correspondía ral- n o en balde es catedrático de Escritura a la versión escénica Dramática en la Real Escuela Supeior de Arte del Lazarillo de TorDramático de Madrid- para, al formar un tánmes hecha por dem creativo con el actor, para gestar al Fernán Gómez y el pú alimón el espectáculo, así lograr un género no blico a s o m b r a d o el convencional, nuevo, aunaue basado en las universitario que acuconstantes del teatro popular, dando inequídió a la Politécnica. voca preponderancia a la comunicación diD e s d e el p a s a d o recta actor- espectador. jueves y h a s t a m a ñana, domingo, vuelve a pasar Rafael Alvarez Alonso de Santos por el cielo escénico de Sevilla, si no como un instantáneo aerolito, sí como un meteorito, que brilla incandescente durante unos kilómetros de recorrido por la atmósfera sevillana y apenas lo ven tres mil personas. Ahora no es un picaro, como el Lucas Magaña que encarnó en la Expo, ni como el Lazarillo, sino un pobre cómico viejo que acaba sus días en un hospital, harto de hacer siempre papeles secundarios y deseoso de protagonizar algún aplaudido drama, antes de tener que hacerlo ante un público celestial. Teatro y Vida El intento es de una eficacia arrolladura. Ahí está La sombra del Tenorio para demostrar cómo queda prendido el espectador ante la coyunda de teatro y vida, de ficción y realidad, de evasión y aliento humano conseguida por ambos creadores para que la emoción traspire de la escena a la sala, por obra y gracia de un actor que no duda en desarrollar un énfasis histriónico, porque es poseedor de una elasticidad mímica impresionante y de una capacidad de modulación de la voz excepcional, hasta el punto de que, así, como de esoso músicos callejeros que acumulan instrumentos de percusión en sus extremidades se dice de ellos que son hombre- orquesta, de Rafael Alvarez puede decirse, sin arribajes, que posee una voz- orquesta. Estas facultades físicas, unidas a una sensibilidad extravertida finísima, conducen a una óptima comunicación que, inevitablemente desembocan en el éxito. Alvarez emociona al público mostrando su trágica desventura, al tiempo que descarga esa emoción con atinadas huidas al humor, tan precisas y oportunas, tan dosificadas en intensidad y frecuencia, que colma la diversión del auditorio, gozante con el ridículo esperpéntico del burlador de Sevilla en versión zorrillescas, con la frustración impenitente del actor encasillado en el servidor Ciutti y en el, digno de compasión y respeto, cómico de la lengua que vive sus últimas horas de realidad y de ficción. Teatro y vida cogidos del brazo en común camino. Porque La sombra del Tenorio constituye un vehículo de aproximación del adolescente al teatro, una lección del entramado sobre el que se asienta el arte escénico, para toda clase de público; una sátira social, inteligente y sutil. Es creación libérrima y es didáctica escueta; es primorosa ficción y es un trozo de vida, con sólida y cordial carga humana. Así lo entendió el público que aplaudió, puesto en pie, rendido y entusiasmado, hasta que se le calentaron las manos. Yo extiendo mi aplauso a la monolítica, silente e inmóvil figura de sor Inés, tan expresiva como expresivo es en una partitura el silencio. Julio MARTÍNEZ VELASCO Sombras sin cuerpos En un fantasmagórico mundo donde las sombras tienen entidad física propia se mueven Julio Michel y los suyos, de la mano maestra de Egisto Marucci, para dar cuerpo no, porque las sombras no tienen cuerpo, pero para dar luz y sonido, plástica y voz a un auto sacramental injertado en misterio medieval, titulado El castillo de la perseverancia texto inglés clásico de principios de siglo XV, que a lo largo de todo un día se representaba en distintos espacios urbanos, trasladándose el público de unos a otros, y que narra la vida de un hombre desde su nacimiento hasta su muerte, sujeto siempre a las influencias en abstracto, al modo de los autos sacramentales, por las Siete Virtudes y los Siete Pecados Capitales. Cordial bagaje humano Si todo actor ha de infundir aliento humano al personaje que interpreta, Rafael Alvarez impregna el suyo de una vitalidad exuberante y de una humanidad polifacética. Porque todo autor puede crear un personaje de una o varias pinceladas, pero siempre será bidimensional, como el papel en el que ha escrito el texto que el actor ha de decir, pues ha de definir la complejidad del personaje humano sólo con las expresiones coloquiales que salgan de su boca. El actor es el que lo tridimensiona y le presta su propio corazón para que palpite por sí mismo. En esa bellísima labor de creatividad, Rafael Alvarez raya a una altura muy alta. Se vuelca en su personaje con los ojos cerrados. Y como es actor de amplísima tesitura, a quien la voz y el gusto le sirven en régimen de esclavitud, dispuestos a acatar cualquier orden que del cerebro surja, realiza un trabajo extraordinario en flexibilidad y potencia comunicativa, pues posee embrujadas facultades para captar la atención del público hasta la absor- ción y vis cómica más que sobrada para desencadenar espontáneas carcajadas al espectador más sombrío y proclive a la melancolía. El reto de un auto sacramental No cabe duda que arrostrar la puesta en escena de tan difícil texto con técnica de teatro de sombras es un reto para Libélula y un orgullo para Gioco Vita, que ya había realizado una versión anterior. El espectáculo no es precisamente para niños, pues puede aburrir a los menores de diez años, pero para los adultos con cultura y sensibilidad es un curioso espectáculo. J. M. V. El grupo teatral Els Comediants recibió el P r e m i o Europa N u e v a s R e a l i d a d e s Teatrales por el Festival Taórmina Arte en c o l a b o r a c i ó n c o n la Unión E u r o p e a y el Consejo de Europa. Junto al grupo español fueron galardonados el dramaturgo lituano E i m u n t a s N e k r o s i u s y el italiano G i o r g i o Barberi Corsetti. Els Comediants recibió el premio por su dedicación al teatro callejero. Comedia uniactoral La sombra del Tenorio excede de los límites de un monólogo, porque es más que una pieza dramática de un solo personaje. Tampoco es un show en el que un actor encarne varios pesonajes. Lo que ha pergeñado Alonso de Santos podría calificarse de comedia para un único actor. Y ha realizado una dramaturgia de encaje de bolillos, fina, minuciosamente en-