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PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA 14 DICIEMBRE 1986
N estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: Nosotras parimos, nosotras decidimos. En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de mora! religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino) sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio. La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad,
haDrá que preguntarse en qué momento
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ABORTO LIBRE Y PROGRESISMO
ABC
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FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA
el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista hay que reconocer al feto tal derecho y eran recusables la guerra, la energía nuresolver entonces en nombre de qué li- clear, la pena de muerte, cualquier forma bertad se le puede negar a un embrión de violencia. En consecuencia, había la libertad de nacer. Las partidarias del que oponerse a la carrera de armamenaborto sin limitaciones piden en todo el tos, a la bomba atómica y al patíbulo. El mundo libertad para su cuerpo. Eso está ideario progresista estaba claro y resultamuy bien y es de razón siempre que en ba bastante sugestivo seguirlo. La vida su uso no haya perjuicio de tercero. Esa era lo primero, lo que procedía era promisma libertad es la que podría exigir el curar mejorar su calidad para los desheembrión si dispusiera de voz, aunque en redados e indefensos. Había, pues, tarea un plano más modesto: la libertad de te- por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con ner un cuerpo para poder disponer maél la polémica sobre si el feto era o no ñana de él con la misma libertad que hoy persona, y, ante él, el progresismo vacireclaman sus presuntas y reacias maló. El embrión era vida, sí, pero no perdres. Seguramente el derecho a tener un sona, mientras que la presunta madre lo cuerpo debería ser el que encabezara el era ya y con capacidad de decisión. No más elemental código de derechos huse pensó que la vida del feto estaba más manos, en el que también se incluiría el desprotegida que la del obrero o la del derecho a disponer de él, pero, naturalnegro, quizá porque el embrión carecía mente, subordinándole al otro. de voz y voto y políticamente era relevante. Entonces se empezó a ceder en Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la unos principios que parecían inmutables: moderna progresía En nuestro tiempo la protección del débil y la no violencia. es casi inconcebible un progresista antia- Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunebortista. Para éstos, todo aquel que se mente. Nada importaba su debilidad si opone al aborto libre es un retrógrado, su eliminación se efectuaba mediante posición que, como suele decirse, deja a una violencia indolora, científica y esterimucha gente, socialmente avanzada, con lizada. Los demás fetos callarían, no poel culo al aire. Antaño, el progresismo dían hacer manifestaciones callejeras, no respondía a un esquema muy simple: podían protestar, eran aún más débiles apoyar al débil, pacifismo y no violencia. que los más débiles cuyos derechos proAños después, el progresista añadió a tegía el progresismo; nadie podría recueste credo la defensa de la Naturaleza. rrir. Y ante un fenómeno semejante, alPara el progresista, el débil era el obrero gunos progresistas se dijeron: Esto va frente al patrono, el niño frente al adulto, contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado. Miguel DELIBES
de la Real Academia Española