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iContinuación. Si la sed mata m á s pronto que el hambre, l a desesperación es todavía más. r á pida que, la sed. Como eco de sus palabra, Bombard afirma que la mayoría de los náufragos mueren al cabo dé tres días, y no de hambre, n i de sed, sino de desesperación. Con la desesperación va entrañablemente unida la soledad, turbada únicamente por el bramido de las olas, que la imaginación h u mana agranda por instantes. Los primeros días de la travesía transcurrieron con facilidad para el náufrago voluntario. Poco a poco, a medida que la balsa avanzaba a través del Océano, Bombard sentía necesidad de luchar más a fondo contra los enemigos de su espíritu. E l explorador francés necesitó de todo su valor, de toda su inteligencia, para no jores recuerdos son para ellos, y sobre todo para su esposa, Ginette, que sigue anhelante la proeza dssde la ciudad, rodeada de sus hijos. U n día, Bombard divisa la silueta de un buque. Loco de alegría, hace señales con el heliógrafo para dar a conocer su presencia. E l buque se acerca, y Bombard sube a bordo tan sólo unos minutos, los suficientes para conocer su posición con exactitud, y relatar brevemente la marcha de su viaje. A l decir adiós al buque, el médico marcha de nuevo a encerrarse en una soledad llena de esperanza. Realiza e inventa planes en los que ocupar el tiempo; para íque los náufragos futuros sepan hacer frente a la monótona pesadez de las horas. Hay momentos en los que parece que todo va a fracasar. Y Bombard escribe: toda su fe en la vida y luchar contra la desesperación. Bombard logró, al fin, su propósito, tras sesenta y cinco días de navegación. E l mismo confiesa, que al pisar tierra en la isla Barbadas, en la escurridiza arena de la playa, tuvo la impresión de que se hallaba en la tierra prometida, y la: sensación de ver cumplida su esperanza. Desde ese día, los navegantes saben prácticamente que, pese al peligro, la esperanza nunca debe perderse. Como no la ha perdido el doctor Alain Bombard, a pesar de su reciente fracaso en Lorient, tratando de probar un boté salvavidas insumergible, que fué derribado por una gigantesca ola, causando la muerte de ocho hombres. Ocho mártires sacrificados por áus semejantes, sacrificios por la humanidad en el estudio de medios de salvamento. entregarse ante el enemigo invisible que le acechaba por todos lados. A veces el fuerte viento impulsa la embarcación; otras, el sol, con luz cegadora, oculta el horizonte, y la balsa apenas si avanza. L a noche se hace. desear, porque con ella viene el sueño, el olvido momentáneo de los problemas que plantea la supervivencia. Cuando m á s fuerte es él ataque de l a soledad, Bombard recoge sus impresiones para los náufragos del futuro, y al t r a n quilizareé a sí mismo, parece como si quisiera hacerlo con muchos miles dcperso- v ñ a s que se verán en situaciones parecidas. Con l a heroicidad de un científico, Bombard sacrifica por sus semejantes; sus met ü n hombre que cree tocar a l fondo de l a desesperación, puede siempre hallar un segundo aliento que le permita conti, nuar, y resurgir, como Anteo, cada vez que sus pies tocan la tierra... Para infundir a l náufrago esta esperanza y persuadirles de que l a vida está al término de sü prueba, yo quisiera que se imprimiese: Acordaos de que un hombre ya lo hizo en 1 52 Pero la vida sólo debe arriesgarse, por una causa útil. Esperar es tender a un estado mejor. E l náufrago, después de l a catástrofe, desprovisto de todo, no puede ni debe hacer m á s que esperar. E l problema se le plantea brutalmente: vivir o morir, y tiene que poner todos sus recursos, Otra prueba de que Bombard no ha perdido la esperanza, l a tenemos en sus declaraciones. Tras sus investigaciones en Canarias, con uh espíritu Incansable, piensa Ir al Congo Belga, para estudiar las condiciones de vida de los pescadores en la boca del caudaloso rio. Su programa de acción, pese a sü mujer y a sus cinco hijos, es el de un hombre entregado por completo a estudiar los peligros del mar y las condiciones de vida en naufragios. P e r o sus investigaciones científicas, cuantiosas y considerables, representan poco al lado de su gran victoria en pro á l a esperanza inextinguible, l a máxima fuerza del hombre frente a l a adversidad.