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DOMINGO, 1 DE AGOSTO DE 2010 abc. es 3 3 1. Ricardo y Alicia, ante el suntuoso vestíbulo del hotel. JOSELE LANZA 2. Michelle Obama y su hija Sasha, ipronto de vacaciones en Marbella. AP 3. Bienvenida a la familia Obama en Marbella. EFE A la derecha, arriba, el conde de Villapadierna con terno y chistera. ABC Memoria y leyenda de los Villapadierna Hay hoteles con vistas y otros con grifería de oro, pero pocos pueden adornarse con una historia propia. Éste dispone de un auténtico museo que preserva, al través de miles de obras de arte, la historia de una casa y una notable colección de en mármoles. Ricardo Arranz y Alicia Villapadierna han llevado al extremo delirantes sueños de sofisticación, al tiempo que atienden a la recuperación del patrimonio familiar. El propio nombre del establecimiento recupera la memoria del viejo palacio madrileño de la calle Goya, convertido en checa durante la guerra; y el complejo Linares, donde se alojan los Obama, remite al famosísimo palacio de los fantasmas El padre de Alicia Villapadierna fue un personaje emblemático del siglo XX español, exponente de unos alocados años 20 y de un grand monde que para todos desaparecería con la contienda; pero no para él y su irrefrenable estilo de vida. De un linaje leonés de caballeros, comendadores, soldados y navegantes, pionero de la era dorada del automovilismo y primer español en haber corrido el Gran Premio de Montecarlo, fundó una escudería a su nombre y poseyó una legendaria cuadra de caballos que haría historia en el turf español. Amigo de matadores como Manolete, Belmonte y Bienvenida, y aún más de actrices como Rita Hayworth o Ava Gardner, muy admirado por ellas y más envidiado por ellos, introdujo en España y a los toros a gente como Porfirio Rubirosa, Orson Welles, Gary Cooper o el Agá Khan. En su entierro se ironizó que, en su caso, no podía ir a mejor vida La suya fue insuperable. 2 y revolucionados. Quieren que todo sea de lo más normal durante su estancia y en ningún momento han pedido que se cierre el hotel Hará mes y medio que a su oficina llegó una reserva para una treintena de habitaciones. Ningún problema para un hotel que ha albergado y servido bodas reales y sultanales para miles de invitados, sin por ello acabar con las provisiones de hielo de Marbella y sin atasco alguno en la manicura. Y que ofrece un servicio de Rolls, helicópteros o yates a la más discreta seña. Claro que las cuarenta reservas hechas por la Casa Blanca, que en la última semana se elevaron a sesenta- pagadas por adelantado- ha llevado a realojar discretamente a algunos huéspedes, de esos que se regalan con 2.000 metros cuadrados de balneario y sofisticadas terapias, y gustan de pasear entre el millar de obras de arte catalogadas, columnatas romanas auténticas y fuentes árabes recuperadas por el puro placer de escucharlas. Para otros sonidos y placeres, hay todo un anfiteatro romano al raso para actuaciones propias, entre la zona del hotel llamada Linares- la reservada por la Casa Blanca- y las conocidas como Casitas de Villa Padierna, un puñado de villas de lujo con mayordomo incluido, a las que se accede por la escalinata que fue del palacio Villamagna de Madrid, una de tantas operaciones de rescate y salvamento de Ricardo Arranz. Como la de la mesa donde se firmó la Constitución de 1812, situada en la Sala Venus, precisamente en la zona reservada por la misión estadodunidense.