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14 3 10 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Pasternak, Solzhenitsyn y el poder En ningún otro país del mundo los intelectuales han tenido tanta influencia en la sociedad como en Rusia. Pero en ningún otro país del mundo, los intelectuales han mantenido unas relaciones tan tormentosas como el poder. Volkov cuenta esta historia con aliento épico e íntimo. Sirva como ejemplo, los insultos de Jruschov a Pasternak y las lisonjas de Yeltsin a Solzhenitsyn asternak no sólo escribió una novela absolutamente independiente, sino que la envió a Occidente para su publicación, sorteando los canales oficiales, una decisión para la que hacía falta mucho más valor que el que había demostrado Tolstói con su conducta. Su celebridad y su posición social protegieron siempre al conde de la represión física. Pasternak, sin embargo, no podía considerarse a salvo de aquella amenaza: el régimen soviético había aplastado a demasiados amigos íntimos, y en 1949 Olga Ivinskaya, su amante (la persona en la que se inspira el personaje de Lara de Doctor Zhivago) fue arrestada y condenada a cinco años en los campos de trabajo. Durante el interrogatorio, el investigador dijo a Ivinskaya que Pasternak ha sido un espía británico durante mucho tiempo La decisión de Pasternak de enviar subrepticiamente al extranjero el manuscrito de Doctor Zhivago vulneraba las reglas de la conducta permitida a los escritores soviéticos que había dictado el Estado. Su enfrentamiento con las autoridades soviéticas se convirtió en un escándalo internacional en 1958 cuando, dos años después de su aparición en Occidente, Pasternak recibió el premio Nobel por sus grandes logros tanto en la poesía lírica contemporánea como en el terreno de la gran tradición épica rusa Jruschov atizó el fuego de la campaña contra Pasternak como sólo él lo sabía hacer. A diferencia de Stalin, no tenía nada personal contra Pasternak. Para él, Pasternak carecía de la autoridad de Shólojov, Tvardovski o incluso Alexander Korneichuk, un dramaturgo mediocre que era, sin embargo, el predilecto de Jruschov. Huelga decir que Jruschov no había leído la poesía de Pasternak, y menos aún su novela. ¿Acaso alguien esperaba del ocupadísimo líder de una superpotencia que tuviera tiempo para hacerlo? Stalin habría leído Doctor Zhivago, como hacía con docenas de novelas de escritores soviéticos; según algunas fuentes fi ables, su interés por la literatura contemporánea era enorme. Como afirma Si- P Título: El coro mágico. Una historia de la cultura rusa de Tolstói a Solzhenitsyn Autor: Solomon Volkov Editorial: Ariel Páginas: 384 Precio: 36 Fecha de Publicación: 18 de marzo monov, que frecuentemente participó en las deliberaciones sobre las obras literarias nominadas para el premio Stalin, en las que el propio Stalin estaba presente, el dirigente había leído todo cuanto podía ser mínimamente polémico y provocar desacuerdos. No me cabía la menor duda en cada reunión a la que asistí A Jruschov le resumieron la cuestión (como es habitual con los líderes mundiales) a partir de un pliego de hojas mecanografiadas en las que fi guraban algunas citas especialmente escogidas de Doctor Zhivago, que le sirvieron para convencerse del presunto tono antisoviético de la novela. Jruschov tenía bastante con aquello, y utilizó a Pasternak en su intento por asustar a los escritores soviéticos que podían ver el envío clandestino a Occidente de Doctor Zhivago y su posterior éxito como un precedente tentador. La campaña contra Pasternak recuperó lo peor de la tradición estalinista: denuncias en Pravda y demás periódicos; publicación de cartas furiosas de trabajadores soviéticos anónimos que no habían leído el libro; reuniones convocadas de urgencia con los compañeros de Pasternak, en la que excelentes poetas como Vladimir Soloukhin, Leonid Martynov o Boris Slutski se vieron obligados a censurar a un autor al que respetaban... Slutski, que en sus brutales poemas casi prosísticos se había forjado la imagen de un valiente soldado y un amante de la verdad, quedó tan afectado por su discurso contra Pasternak que acabó perdiendo la razón. El 29 de octubre de 1958, en el pleno del Comité Central de la Liga de las Juventudes Comunistas, dedi- Solomon Volkov Historiador El ataque fue brutal: Si comparamos a Pasternak con un cerdo, un cerdo no haría lo que él ha hecho porque un cerdo jamás caga allá donde come Jruschov aplaudió Las noticias de aquel discurso llevaron a Pasternak al borde del suicidio. Después se supo que el verdadero autor de los insultos de Semichastni fue Jruschov cado al 40.o aniversario del Komsomol, su líder, Vladimir Semichastni, atacó a Pasternak ante 14.000 personas, entre las que estaban Jruschov y demás líderes del Partido. Semichastni empezó califi cando a Pasternak como una oveja sarnosa que se plegaba a los deseos de los enemigos de la Unión Soviética con aquellos presuntos escritos llenos de calumnias y concluía diciendo: Si comparamos a Pasternak con un cerdo, un cerdo no haría lo que él ha hecho porque un cerdo jamás caga allá donde come Jruschov aplaudió efusivamente. Las noticias de aquel discurso llevaron a Pasternak al borde del suicidio. Recientemente se ha sabido que el verdadero autor de los insultos de Semichastni fue Jruschov, que había llamado la noche anterior al líder del Komsomol y le había dictado las frases relativas a la oveja sarnosa y al cerdo, que Semichastni describió como típicas de Jruschov, deliberadamente brutales. Cuando consideró que el país había madurado lo suficiente para sus ideas, Solzhenitsyn regresó a su patria. Fue en mayo de 1994, en un momento en que su popularidad y su prestigio en Rusia eran aún increíblemente altos. Se le llegó a pedir que se presentara a presidente (algo que rechazó) y había gente que creía en serio que, si quería, Solzhenitsyn podía llegar a convertirse en un nuevo zar. Pero el escritor no quería llevar sobre sus hombros el peso del poder, ni la responsabilidad que conlleva, aunque al principio no renunció al derecho a infl uir en la política: Mientras tenga fuerzas, intentaré ayudar al pueblo con mis palabras y mis escritos, ya que estamos en una crisis Parece claro que Solzhenitsyn no tenía más que una vaga idea de cuál debía ser su papel en la solución de esta crisis. No quería unirse a ninguno de los movimientos que existían en Rusia, ni tampoco fundar su propio partido: En general, estoy en contra de los partidos. Hay algunos conceptos que son maravillosos: la familia, la nación... pero un partido... no sólo no he pertenecido a ningún partido, sino que estoy en contra de su creación,