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16 8 09 HORIZONTES Villa Gregoriana No será porque a Italia le falten lugares, pero este año ha vuelto por todo lo alto uno de los más atractivos, la Villa Gregoriana, suma de historia, naturaleza y posibilidad de degustar platos de otros siglos TEXTO VERÓNICA BECERRIL Arte, paisaje y gastronomía para viajeros del gusto naria, y el visitante se sumerge en las costumbres, relatos, y curiosidades de la mesa, para finalizar con una cena a base de recetas de antiguos cocineros. Los romanos amaban la buena comida y han pasado a la historia por sus fastuosos banquetes. El propio Cicerón contaba sobre la conclusión de uno de ellos que algunos venían trasladados fuera como heridos a muerte, otros permanecían en el suelo sin sentido: parecía más un campo de batalla que la cena de un pretor Precisamente inspirándose en este periodo, a los viajeros del gusto se les ofrece un entrante a base de aceitunas, huevo cocido, queso ahumado con melaza de albaricoques y libum, una especie de masa cocida al horno realizada con queso, harina, huevo y hojas de laurel. La vida se volvió más austera durante la Edad Media. En este periodo los dos templos de Tívoli se convirtieron en iglesias permitiendo la conservación de estas dos construcciones visitadas a lo largo de la historia por viajeros de todo el mundo, peregrinos y hasta reyes e infantas, como Beatriz de Borbón, que admiró estos templos el 26 de julio de 1969. La cocina en este periodo iba asociado al cristianismo, y por lo tanto a restricciones, consistiendo la mayor parte de los desayunos- -el plato principal para afrontar la jornada laboral- -en tartas saladas, legumbres y cebolla. Por este motivo Roberto, el cocinero de esta iniciativa organizada por la cooperativa cultural Pierreci junto al Fai, ofrece un pastel de cabrito con ensalada de cebollas asadas, dos sabores fuertes en boca. La carne era dura por lo que se cocía una y otra vez nos explica el cocinero, quien reconoció que los menús se eligen entre los sabores que nuestro paladar puede aceptar mejor. Los romanos utilizaban muchas especias, tantas que una de las recetas que intentamos hacer no era comestible (ríe) Al menos según nuestros cánones, La Gastronomía a la antigua M aravillosa visión de la naturaleza, con cascadas y ruinas que forman un complejo paisaje que se puede calificar como una de las cosas que ha enriquecido más mi conocimiento interior Con estas palabras calificaba Johann Wolfgang Goethe en 1786 Villa Gregoriana, el parque coronado por los dos templos romanos de Tívoli, convertido este verano en una de las metas culturales para los visitantes que quieran disfrutar de un viaje del gusto por su interior. Goethe se quedó maravillado por este parque construido por el Papa Gregorio XVI tras la inundación de 1826 que se llevó por delante parte de la ciudad de Tívoli. Para evitar daños futuros, el Pontífi- ce desvió el río, y como consecuencia, cambió de lugar la cascada de 120 metros de altura, la segunda más alta de Italia. Pero Gregorio XVI supo mantener la esencia del paisaje de este valle del infierno dominado por los templos del siglo II a. de C. Las construcciones que forman parte de Villa Gregoriana son un templo circular conocido como de Vesta- -dedicada a la Sibilla Tiburtina- y otro cuadrado dedicado a Tiburto. La historia de este lugar mágico, que ha recobrado esplendor gracias a la intervención del Fondo para el ambiente italiano (Fai) sirve de marco para un viaje por el gusto a través de la antigua Roma, la Edad Media, y el Renacimiento. Un guía que une la historia del emblemático parque a la historia culi- Roma marca el estilo de la Villa Gregoriana, a la que se puede acceder, con muchas curiosidades incorporadas La Villa Gregoriana ha recuperado su esplendor y vuelve a ser punto de cita para el viajero de ahora como lo fue para todos los que realizaron el Gran Tour en el pasado