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16 8 09 FIRMAS No es tiempo de delfinatos en los grandes partidos (PP o PSOE) pero Feijóo está menos quemado que otros dirigentes HERAS PUNTO Y SEGUIDO Vista al oeste POR PILAR CERNUDA n el oeste español, en Galicia, ocurren cosas que trascienden más allá de sus fronteras con Castilla, Asturias o Portugal. En el noroeste español, en Galicia, un gobierno bipartito no ha sido capaz de superar siquiera su primera legislatura, y fue de error en error hasta el fracaso final. Allí emergen con fuerza dos nombres en el panorama político. Uno, como no podía ser menos, es el de Alberto Núñez Feijóo, que logró el triunfo la primera vez que se presentaba como candidato a la Xunta. El otro nombre es el de José Blanco, una de las cabezas más lúcidas del actual PSOE, donde la lucidez no brilla E precisamente en algunos de sus dirigentes. Es pronto para hablar de delfines, Mariano Rajoy se ha fortalecido tras las últimas contiendas electorales y además ha salido bien parado del acoso al que había sido sometido su partido en los últimos tiempos, un acoso en toda regla. Rodríguez Zapatero por su parte anda de capa caída, pero aunque en su entorno advierten que todavía no ha dicho que piense ser candidato en el 2012, nadie duda que va a intentar la continuidad en Moncloa. Pero dicho que aún es pronto para hablar de delfines, no deja de ser curioso que en los últimos meses empiece a mirarse hacia Galicia y no hacia otras regiones en las que, hasta hace nada, tenían mando en plaza señoras y señores a los que los analistas de la cosa pública auguraban un futuro esplendoroso. No hay ni un solo dato que apunte que Mariano Rajoy no va a ser candidato a la presidencia del gobierno, pero en el caso de que se torcieran las cosas, en este momento Núñez Feijóo está en los primeros puestos del hit parade, si no en el primero. Sin embargo, hace nada, los nombres que se pronunciaban eran los de Aguirre, Gallardón y Rato, ni uno más, y hoy sin embargo a nadie sorprende cuando se apunta el de Feijóo. Rodrigo Rato, que sería un puntazo, ahora mismo juega la carta de Rajoy con toda lealtad, y es impensable que forme parte de una operación de sustitución a no ser que el propio Rajoy dirigiera esa operación, lo que no parece que vaya a producirse. En cuando a los políticos madrileños, se han hecho tanto daño mutuamente que hoy por hoy parece imposible que uno de ellos pueda sobreponerse al desgaste que ha producido la contienda. Núñez Feijóo sin embargo no solo está limpio de polvo y paja en lo que se refiere a maniobrerismos, sino que en los meses de presidente gallego ha demostrado que sabe llevar las riendas, no se amilana antes las dificultades- -que son cantidad- -y además ha tenido el coraje de abordar sin complejos el problema de la educación, un asunto envenenado donde los haya y en el que sin embargo ha tirado para adelante sin importarle las campañas de descrédito que le han montado socialistas y nacionalistas. José Blanco tiene otro perfil, pero es hombre a tener en cuenta. Los que abominan de él le llaman Pepiño- -nunca lo fue- -e inciden en que no terminó sus estudios universitarios. ¿Y qué? Gente hay en el gobierno con título y orla que demuestran todos los días su inoperancia y su mediocridad. Siendo aconsejable tener estudios universitarios, sería un error considerar que son condición indispensable para ser buen político o buena persona. Pepe Blanco ha unido un partido deshecho, aunque ha dejado muchos cadáveres valiosos en el camino; ha fortalecido unas siglas que andaban de capa caída, ha marcado la estrategia electoral que logró la reelección del peor presidente de la democracia, y advirtió que se perdía el gobierno gallego si no se adelantaban las elecciones, lo que demuestra que conocía perfectamente el percal. Y ahora, como ministro de Fomento, ha echado por tierra el sectarismo de la tristemente famosa Magdalena Alvarez, ha demostrado capacidad de diálogo con gentes de todo pelaje, condición e ideología y hasta ha puesto fecha a la alta velocidad, lo que no hizo su predecesora. ¿Podría sustituir a Zapatero como candidato? Chi lo sa. Pero mejor que el presidente ya lo es. De lejos.