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16 8 09 ACTUALIDAD Zahra con la foto de su hijo, muerto con dos primos, en la explosión de un coche bomba. El sueldo de Ali Husein era el único dinero que entraba en su casa El olvido absoluto de las víctimas de la violencia En plena vorágine electoral, Afganistán sufre el verano más sangriento desde la caída del régimen talibán. Los civiles sufren las consecuencias y las víctimas carecen de cualquier tipo de ayuda TEXTO Y FOTO: MIKEL AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL A KABUL i hijo salió de casa a las ocho de la mañana y nunca regresó. Un coche bomba explotó camino del taller donde estudiaba para mecánico y murió Zahra no olvida a su hijo Ali Husein, fallecido viven desde que hace seis años emigraron de Parwan a Kabul. En el mismo coche de Ali viajaban sus primos, Gholam, de 20 años, y Javad, 16 años, que también murieron. Sentada, sin soltar la foto de su hijo, Zahra sólo desea venganza. Si hubiera muerto en combate sería diferente, pero no tenía ninguna culpa, era un joven inocente, nada más comenta sin poder contener el llanto. Desde entonces, cada atentado le trae a la memoria aquellas horas trágicas del fatídico jueves, en vísperas del Nouruz de 2008. La Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán Afganistán M hace un año cerca del aeropuerto de Kabul. El joven Ali, de veinte años, era el sustento de sus padres, abuela y cinco hermanos, y desde que falleció la familia malvive en Chaghai Shaid, uno de los suburbios de Kabul sin poder pagar el alquiler de la casa de adobe en la que