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D 7 9 8 09 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 24 D 7 LOS DOMINGOS DE Kabul Cometas en el cementerio Prohibidas durante el régimen talibán, las cometas han vuelto a los cielos del castigado Afganistán, pero hasta este inocente juego implica una fiera competición, todo un desafío entre rivales TEXTO: PABLO M. DÍEZ FOTO: ÁLVARO YBARRA ZAVALA lindada tras sus muros de hormigón y sus legiones de mercenarios armados con kalashnikov Kabul, la capital del convulso Afganistán, aguarda las elecciones presidenciales del próximo día 20 con el temor a los ataques de la guerrilla talibán. Pero hay un lugar en esta derruida ciudad donde no resuenan las amenazas de la insurgencia ni las bocinas del caótico tráfico que ha inundado sus enfangadas calles tras la risas y las locas carreras de los cientos de niños que cada viernes, después de la oración en la mezquita, vuelan sus cometas sobre las destrozadas lápidas de piedra. Algunas están hechas añicos y parece que los chavales se van a caer dentro, pero las saltan hábilmente detrás de sus cometas, que han vuelto a los cielos de Kabul tras la prohibición de los talibanes para que ninguna distracción apartara a los fieles del Islam. Los talibanes no volverán, inshalá indica Shuja Mohamed, que tiene 34 años y lleva volando cometas desde los seis. Lo hacía incluso en la época talibán, pero otra gente no podía jugar con sus cometas porque era arriesgado recuerda este vendedor ambulante que ha traído a su hijo para inculcarle una afición no exenta de lucha. En un país que ya derrotó a británicos y soviéticos y ahora supone el principal reto de Estados Unidos, la convivencia con la muerte y la violencia están presentes en todos los juegos tradicionales. Así ocurre en las peleas de perros, gallos, carneros o camellos y en el famoso buskashi una especie de polo macabro donde los jinetes se disputan a golpes el cuerpo de una cabra muerta hecha jirones. Hasta las inocentes cometas incluyen una fiera competición. El juego consiste en hacer volar la tela tan alto como se pueda e ir cortando mediante el roce el hilo de los rivales. Para la aguerrida sangre afgana, el desafío es tan importante que, si una cometa vuela por encima de una casa, su morador debe salir a enfrentarse al adversario o será considerado un cobarde. Las mejores cometas se venden en el bazar Shor de la calle Sang Tarashi, cerca de la mezquita azul de Pul- e- Kheshti. En este zoco de casas de adobe agujereadas por las balas, abundan las tiendas de instrumentos tradicionales como el rubab, el laúd afgano, y de cintas de los cantantes más famosos. Como las cometas o la televisión, la música fue prohibida por los talibanes, pero todas ellas han vuelto a aflorar en el Kabul que intenta renacer de sus cenizas. Inshalá B caída de los siniestros Estudiantes del Corán en diciembre de 2001. Se trata del cementerio de Nader Khan, emplazado en una colina desde la que se contempla todo Kabul y regido por el mausoleo de los reyes Nader Shah y Zahir Shah, que se está reconstruyendo. Como en cualquier otra parte de este país arrasado por tres décadas de guerra, aquí también están presentes la desolación y la muerte. No en vano, es un camposanto, pero se diferencia por las alegres Unos muchachos afganos hacen volar sus cometas en el cementerio de Nader Khan PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7