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HORIZONTES 18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE Fachada del Museo Karapalkap, que atesora 90.000 piezas de todos los tiempos dio de la nada. Sin embargo vale la pena visitarlo porque ahí se puede encontrar una auténtica joya y un gran testimonio de valentía personal: El Museo Savitsky. Fundado en 1966, reúne más de 90.000 piezas. Hay muestras arqueológicas halladas en el subsuelo local, tradicionales manufacturas uzbecas, esculturas antiguas de Persia y Egipto, e incluso alguna talla medieval francesa. Llaman la atención algunos cuadros de comienzos del siglo XX que retratan a los pescadores, al Mar de Aral y a su inmensidad azul. Son como retratos de un difunto. Sin embargo, lo que realmente impresiona es el repertorio de dibujos y pinturas de las vanguardias artísticas de los años 30, 40 y 50 que trataron de sobrevivir durante la época soviética. El museo representa el esfuerzo de Igor Savitsky, pintor y arqueólogo ruso nacido en Kiev. En los cincuenta se trasladó a Nukus. En aquellos años muchos artistas del norte viajaron al Asia Central persiguiendo la inspiración que una realidad gris les negaba. Nombrado responsable del Museo Estatal en 1966, Savitsky tuvo la oportunidad de poder buscar objetos para su exhibición. Inicialmente se limitó a los descubrimientos arqueológicos y las piezas de etnografía local, pero poco a poco se fue interesando en el arte moderno. Comenzó así una arriesgada actividad. Igor Savitsky asumió la misión de coleccionar el arte prohibido de la Unión Soviética. Para los artistas cuyas obras perseguía Savitsky, el juicio por mantener un criterio personal no había sido una mala crítica o el des- Mientras los artistas occidentales corrían el riesgo de una mala crítica, en el mundo soviético una obra contrarrevolucionaria tenía consecuencias más peligrosas servicio de la causa socialista. Cualquier camino alternativo era el de la contrarrevolución, la prisión y la fosa colectiva. Se ignora la fecha de la muerte de Lysenko, ocurrida en alguna sórdida isla del Gulag. Igor Savitsky también corría el riesgo de ser denunciado como enemigo del pueblo. Pero su desértico y pobre refugio en el noroeste de Uzbekistán le protegía de los comisarios. Nukus es un invernadero demasiado caliente y aislado como para que nadie se preocupase de lo que allí pasaba. Tuvo más suerte que sus artistas y al final de sus días fue condecorado y reconocido por los gobernantes del nuevo Uzbekistán, quienes, como ocurre en el resto de repúblicas centroasiáticas, son los mismos del periodo soviético. Paseando por sus climatizadas salas y contemplando la belleza de sus obras me vino a la memoria aquel chiste de Dali sobre otro famoso pintor cubista. El gran cuerdo de Cadaqués dijo un día, probablemente ya harto de que le preguntaran por su relación con el malagueño: Picasso es un gran pintor, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco Delante del azulado cuadro de El Toro, imaginé que a V Lysenko probablemente también le hubiera gustado repetir el mismo chiste sin que ello que le costara la vida. www. savistkycollection. org y una idea muy real Una de las obras del artista inapropiado Lysenko dén de los colegas, sino la cárcel, los campos de trabajo o la muerte. Esto fue lo que le ocurrió al pintor V Lysenko nacido en 1903. Declara. do culpable de fomentar la contrarrevolución con pinturas tan superficiales como El Toro, pintado en 1929 y hoy emblema del museo. Su arte no pretendía romper más cadenas que las de la fealdad ni matar más burgueses que los de su propia ceguera acomodados. Pero para los comisarios políticos, todo pincel y toda pluma debían estar al