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9 8 09 HORIZONTES La joya escondida de Uzbekistán Museo Savistsky Donde menos te esperas, salta la belleza. El Museo Karapalkap de Nukus es rico en fondos, pero sobre todo es la sede de la Colección Savitsky, reunida por un artista que salvó de la desaparición la obra de creadores prodigiosos, pero malditos en la Unión Soviética TEXTO Y FOTOS: MIQUEL SILVESTRE rte y política. La relación entre estos dos conceptos de insondable y esquivo significado ha sido siempre terreno propicio para el conflicto dialéctico, y a veces también para la dialéctica de los puños y las pistolas. El arte por el arte suele estar mal visto por los políticos. Para ellos, debe tener una finalidad social y ser instrumento del cambio, palanca de voluntades, martillo de adversarios. El que se aparta del dogma no es verdadero artista, es un enemigo que pretende disfrazarse con dignos ropajes para justificar la reacción. Es una tesis de éxito, al menos en Occidente, donde nos hemos acostumbrado a un discurso intelectual que anuda arte con una política determinada. Especialmente si esta es de izquierda. Artistas tan geniales como Picasso o Alberti se declararon comunistas en los días de Stalin sin rubor alguno. Hoy algunos siguen defendiendo dictaduras tan siniestras como la castrista. Nadie les retira el saludo. Al fin y al cabo, la A canción ha sonado muchas veces y durante mucho tiempo. Como bien sabían los nazis, todo lo que se repite suficientemente acaba calando en el inconsciente colectivo. Pero cayó la Unión Soviética y con ella un telón entero. Lo que quedó entonces al descubierto fue un escenario imprevisto. Un Occidente ocupado. De pronto, nuevas naciones europeas reclamaban su vieja identidad, su lugar en el Mundo, su libertad. Resultaba difícil de encajar para los viejos dogmas aquellas masas de trabajadores polacos, húngaros o checoslovacos repudiando a sus salvadores soviéticos. Reverdecía en muchas retinas la Revolución Húngara del 56 o la Primavera de Praga. Hasta el oso ruso se subió a un tanque para evitar un golpe de estado militar. La Revolución Soviética había fracasado. Y detrás de los pesados cortinajes pudimos mirar el reverso del mundo. Lo que para los artistas de este lado del Muro era esperanza y luz, para los del otro significaba os- Arte despreciable curidad, opresión y silencio. Para los europeos de este lado del Muro, las vanguardias pictóricas de comienzos del XX eran las que se hacían en Francia o Italia, en el despreciable mundo burgués de entreguerras. Pero en Rusia, en Ucrania, en Uzbekistán y en el resto de repúblicas socialistas soviéticas también había artistas que perseguían expresar su sensibilidad por los caminos no trillados del figurativismo, el puntillismo, el dadaísmo o el industrialismo. Del mismo modo que aquellos vanguardistas del Oeste no querían seguir pintando bodegones para los hogares pequeñoburgueses, los del Este no deseaban glorificar los musculosos héroes de la revolución sino iluminar la vida con colores. La diferencia consistía en que mientras aquellos se arriesgaban a una mala crítica en un cenáculo parisino, estos podían enfrentarse a un comisario político y a una prisión en Siberia. Uzbekistán es país imaginario diseñado por Stalin como todos los del Asia Central. Nunca existió en la historia como tal nación a pesar de que hoy sus gobernantes quieran emparentarlo hoy con el Reino del Gran Tamerlán. Aislado y pobre, tiene al noroeste una región todavía más aislada y pobre: Karapalkastán. El área tuvo antaño un mar rico en pesca. El Aral. Hoy es en gran parte un desierto por culpa de los insensatos planes de irrigación a gran escala de campos de algodón. Nukus es la agonizante capital de la zona. En Moinak, a menos de 150 kilómetros, se puede visitar un cementerio de barcos varados en la arena. Nukus es un verdadero agujero polvoriento en me- Un país imaginario... Miquel Silvestre- -siempre en moto- -en su periplo uzbeco