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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE ñen a la escena del siniestro y traten de sacar el coche de Mary Jo, tarea evidentemente imposible sin ayuda. Al cabo de casi diez ahoras, Edward Kennedy se presenta a la Policía del pueblo para relatar el accidente, cuando ya una señora veraneante, que vive en una casa a cincuenta metros del puente, había llamado telefónicamente para informar que en el agua, al iniciarse la bajamar, se veía un coche ruedas arriba en el agua. No hubo autopsia de la víctima. No hubo interrogatorio de los presuntos testigos. No se sabe lo que sucedió en la fiesta, ni se han clarificado las evidentes disparidades horarias. Mi fallo en informar a las autoridades en aquella situación es indefendible dijo anoche Edward Kennedy en su declaración televisada. Lo es. Dentro del coche había una mujer, Mary Jo, de veintinueve años, kennedista entusiasta, ex secretaria de su hermano Robert. Edward dijo anoche que por su mente pasaron esperanzas de que, acaso, de algún modo, en alguna parte, Mary Jo se habría salvado de las aguas. El senador y sus dos amigos, según la versión de Edward, trataron de salvarla, fútilmente. ¿Cómo no se le ocurrió llamar a la Policía? Después de su dramática confesión de anoche, Edward Kennedy se preguntó a sí mismo si el país, sus lectores del estado de Massachusetts, seguirían considerándole capacitado para representarlos en el Senado de Estados Unidos, posición indispensable, en su caso, para una candidatura, presidencial en 1972. Pidió que se le ayudase a tomar una decisión: la de dimitir o continuar. JOSÉ MARÍA MASSIP Arriba, Edward Kennedy conversa con la Prensa tras testificar por la muerte de Mary Jo Kopechne. De izqda a dcha, un submarinista intenta sacar a flote el automóvil De Edward Kennedy en el que murió su secretaria. Los padres de Mary Jo (izqda y centro) tras el funeral. Imagen de Mary Jo Kopechne, de 29 años