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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA Esperando a Armagedón POR EDUARDO SAN MARTÍN openhague es la próxima cita en una lucha contra el cambio climático que, hasta el momento, ha tenido más de carta a los Reyes Magos que de compromiso efectivo a favor de la reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO 2) a la atmósfera. Desde que, hace ya 17 años, se alcanzó en Río el primer acuerdo contra la reducción de los gases de efecto invernadero, la atmósfera terrestre ha ido acumulando millones y millones de toneladas de nueva basura industrial a un ritmo increíblemente sostenido. Y ello a pesar de los compromisos (ampliamente incumplidos) de los acuerdos de Kioto. La incorporación de China y la India al mundo fuertemente industrializado, y su negativa a pagar ahora la factura por su desarrollo que los países ricos no pagaron en su momento por el suyo, convierte cualquier progreso en la materia en un tira y afloja político que tiene mucho que ver con el futuro reparto de poder en el mundo y que, en consecuencia, convierte las negociaciones sobre la amenaza cli- C mática en una partida de ajedrez en la que el propósito de lucha contra las emisiones de CO 2 es sólo unas de las variables en juego. Negar esa realidad conduce, en atrevida expresión del proteico jefe de análisis internacional del Financial Times Gideon Rachman, a un nuevo negacionismo, simétrico del que no admite la certeza científica del calentamiento global. Pues tan malo sería no admitir la existencia misma de este Armagedón climático en ciernes como que la alegre muchachada del lobby climático ignore los obstáculos de signo político que se levantan frente a la cumbre de Copenhague del próximo diciembre. Los que tenían puestas sus esperanzas en la capacidad de arrastre del nuevo presidente norteamericano, se habrán sentido defraudados por la tímida ley que Obama ha hecho pasar por el Congreso para limitar las emisiones de dióxido. ¿Está en condiciones Estados Unidos de defender en Copenhague lo que no es capaz de imponer en su propio país? Además, los propósitos anunciados por el G 8 para Copenhague parecen francamente irrealizables. Según el experto Oliver Norton, sustituir la energía que se dejaría de producir si las emisiones de CO 2 se reducen en un 80 por ciento para 2050 es materialmente imposible al ritmo actual de construcción de nuevas centrales nucleares o de plantas eólicas. cialmente para 2020, no se llegará a la cita de 2050. El juego del nuevo Irak ecuperado el control de las ciudades, el ejército iraquí se hace el mayor y el independiente ante las tropas americanas que aún siguen acantonadas en sus afueras. Un enviado especial americano relataba hace unos días cómo las patrullas iraquíes se negaban a seguir los protocolos de seguridad establecidos por los americanos. Peor fue la escena que le prepararon al secretario de Defensa aprovechando su viaje a Irak. Mientras Robert Gates se encontraba en Bagdad, el mando militar iraquí ordenaba un violento asalto a un campo de refugiados políticos iraníes a escasos kilómetros de la capital. Los mujaidines de ese campo han proporcionado a Estados Unidos abundante información sobre el programa nuclear de Teherán, pero son al mismo tiempo un grave obstáculo entre Irán y el gobierno iraquí, controlado por la mayoría chíi del país. Si se trata sólo de un juego para reafirmar su independencia y reducir la presión de Teherán, o si se trata de un ensayo de futuras alianzas cuando Estados Unidos abandone definitivamente Irak, a finales de 2011, sólo lo sabremos con el tiempo. www. abc. es blogs san- martin R La baza europea P ero el lobby climático sigue confiando en la ciencia. Y pone ahora sus esperanzas en una central eléctrica berlinesa, la Schwarze Pumpe. Allí, ingenieros de la empresa sueca Vattenfall experimentan una nueva tecnología que permite quemar carbón sin emitir dióxido a la atmósfera. Se trata de la llamada Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS en sus siglas inglesas) que separa el gas producido por la combustión y lo desvía en estado muy puro hacia fábricas de bebidas gaseosas o de extintores de incendio, o simplemente lo almacena en el subsuelo. Será la baza de la Unión Europea en Copenhague. Pero, nuevamente, se necesitará mucha y buena política para sacarla adelante. Poner en práctica un plan basado en la nueva tecnología con capacidad suficiente para sustituir a la energía sucia requiere un esfuerzo económico y de persuasión ciudadana de enormes proporciones. Y el tiempo apremia. Si la CCS no está disponible comer-