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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Formas de ser un ex presidente POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE baño son, desde luego, reveladoras, pero, ¿qué revelan realmente? A mi modo de ver, lo primero que revelan es que es mucho más saludable ser ex presidente que presidente. Tal y como se muestra el ex presidente en esas fotografías, tan en forma como un ruso en sus barras asimétricas, sería por completo sospechoso si todavía estuviera en el poder: en eso que tan pomposamente llamamos un Estado de Derecho donde el reparto de poderes es esencial, no estaría bien E José María Aznar en traje de sas fotografías recientes de visto tener la vara de mando y al mismo tiempo esos abdominales. Y ahí está Nicolas Sarkozy para hacer bueno este punto de vista, pues el hombre ha tenido la decencia de, siendo tan presidente y tan poderoso, tener esas flatulencias y esos vahídos en plena carrera... Y no sólo de tenerlas, sino de llevarlas escritas en la cara, pues cada vez que sale a correr, tiene el detalle de volver con un ritmo y con una color lo suficientemente preocupante como para tranquilizar a la opinión pública. Ya tendrá tiempo Sarkozy de tener un físico impactante cuando sea ex presidente. Habrá quien piense, y con ra- zón, que todos los ex presidentes no explotan del mismo modo que Aznar, y en España tenemos el ejemplo del anterior, Felipe González, cuyo modo de ser ex presidente es muy distinto y su modo de explotar, también. El señor González ha preferido, como tantos otros ex funcionarios y ex deportistas, ensanchar de modo venerable y acorde con su edad (algo que está igualmente reñido con el ejercicio del poder: tampoco es muy tranquilizador el ver cómo engorda sin mesura el que administra nuestros dineros) En estos terrenos, pues, podemos estar tranquilos, y Rodríguez Zapatero aún no apunta ni por un lado ni por otro. Dicho lo cual, hay que señalar que lo que le está ocurriendo a José María Aznar parece digno de uno de esos comics Marvel: se está transformando. Un poco lo que le ocurre a Hulk cuando se ve acorralado. Si hasta da la impresión de que debería ir ya encargándose un traje de esos ceñidos de superhéroe (o supervillano, si alguien prefiere enfocarlo así) una especie de Capitán América, pero de aquí, o sea, Capitán España, que suena además estupendamente. Mucho mejor ese traje, en mi opinión, que esos meybas con los que se retrata y que no están a la altura de la actividad de un superhéroe. Aunque haya a quien le parezca arriesgada o impertinente esta propuesta, creo que seríamos muchos los que veríamos con buenos ojos que se oficializara lo del Capitán España (si el nombre fuera un problema para la sensibilidad de las comunidades periféricas, pues se negocia otro, no sé, Capitán Estado o así) José María Aznar tiene la cabeza y el músculo para ello, y desde luego no le iban a faltar ni chorizos, ni villanos, ni follones ni malandrines a los que perseguir y vencer. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Tiempo de mudanzas POR XAVIER PERICAY icen que el verano es tiempo de mudanzas. Y, si no lo dicen, è ben trovato Porque, en efecto, en verano todo muda, todo cambia de estado, de lugar. Para unos, el cambio es discreto. Para otros, radical. Pero nada ni nadie permanece invariable. La presencia misma de las vacaciones- -de las propias y de las de los demás- -constituye una referencia ineludible. Todo pasa por aquí. Los años no van de enero a diciembre, sino de vacaciones a vacaciones. El curso escolar es el único D curso posible. Si uno debe fijar su residencia en otra ciudad o país porque así lo requiere su trabajo, tendrá que esperar a que los niños terminen la escuela. Incluso si sólo debe emprender una mudanza de piso en la localidad donde reside, es muy probable que lo deje para fines de junio. Verano nuevo, vida nueva. Pero acaso lo más relevante de este periodo estival sea el cambio de paisaje. No me refiero ahora al paisaje físico, del que huimos casi por obligación para instalarnos durante un tiempo en otros mares, a ser posible del sur. No, me refiero al paisaje humano. Tanto si vivimos en un pueblecito como en una gran ciudad, y a poco que ambos emplazamientos posean algún atractivo, con la llegada del calor todo se trastoca. En el primer caso, la población aumenta de forma considerable; están los de siempre, que no tienen razones ni medios para marcharse, y están los advenedizos. En el segundo, por el contrario, se produce más bien un fenómeno sustitutivo. Los habituales, los de toda la vida, han emigrado temporalmente y han sido reemplazados por otras tribus, venidas de cualquier parte del mundo. De un modo u otro, el paisaje humano se ha modificado. Y esa modificación, claro, trae consecuencias. Hace un par de domingos, por ejemplo, en una metrópolis mediterránea a la que vuelvo de tarde en tarde más por obligación que por placer, se me ocurrió coger un taxi. Cuando le indiqué al conductor- -un hombre manifiestamente suramericano- -la dirección, me contestó con suma amabilidad que le disculpara, pues era nuevo en la ciudad y no sabía dónde demonios paraba la calle en cuestión. Como yo tampoco sabía cómo llegar a ella, acabó dejándome en el punto de intersección entre sus conocimientos y los míos, esto es, a unas cuantas manzanas del lugar. Y, una semana más tarde, volvió a ocurrirme lo propio. Esta vez el taxista era manifiestamente magrebí, aunque igual de novato y amable que el del viaje anterior. Y esta vez tenía GPS. Lástima que antes de que lograra escribir en la pantalla el nombre de la calle solicitada estuviéramos un buen rato perdidos en la noche metropolitana. Ya ven, todo muda. Empezando por uno mismo, claro. www. xavierpericay. com