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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Cuando la justicia yerra Trece años en la trena por un crimen que no cometió Dormía bajo un puente, estaba enganchado a la droga. Rafael Ricardi tenía el perfil de un sospechoso a medida. Así le encasquetaron una violación que no había cometido. Pasó 13 años en la cárcel. Ahora pide que se imparta de verdad justicia y el Estado le compense por 13 años robados a su vida TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTOS: ÓSCAR CHAMORRO also culpable. Los escarnios y los infortunios han dejado profundos surcos en el rostro de Rafael Ricardi, a quien sólo faltaba el espantajo de un crimen que no cometió para condenarle a un destino sin aparente redención. Trece años penó en seis prisiones de la Península por una violación que cometieron otros. Trece años que le han robado a años en el seno de una familia pobre que las pasó canutas (eran once hermanos, de los que uno no salió adelante) no tuvo Rafael Ricardi más estudios que los que pudo atrapar antes de los nueve años, edad en la que se inició como el mudo de los hermanos Marx en la escuela de la vida y aprendió enseguida lo que vale un peine Empezó cuidando cabras pero ha tenido tiempo de hacer de todo, de mariscador, pescador, fontanero... La vida ha sido dura Separado y con dos hijos, cuando ocurrió lo que ocurrió (lo que Rafael Ricardi odia es recordar los malos momentos, y no ha sido parca su cosecha) vivía casi a la intemperie (como techo tenía el arco de un puente) y era toxicómano, un mal hábito que empezó a los treinta años: He probado de todo, desde el hachís a la heroína. Me dio muy mala vida y lo fui abandonando todo Es acaso lo único bueno que sacó de sus 13 años en la cárcel: en el trullo dejó las drogas. Fue hace diez años y lo hizo, dice, a fuerza de voluntad. (Pasa a la página siguiente) F un hombre que cuando la policía le echó el guante vivía bajo un puente en su Puerto de Santa María natal. Ahora reclama que la justicia que no tuvo le compense de los sinsabores, de esos trece años a la sombra a los que puso fin la heroína de esta historia desgraciada. Antonia Alba es abogada, y desde que, a instancias de una hija y una hermana de Rafael Ricardi, se hizo cargo del caso el año pasado, no ce- jó. Letrada de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, sí creyó las protestas de inocencia que a este hijo de un carpintero de ribera y de una ciega vendedora de cupones no le valieron en sus primeros años en la trena, donde sufrió el desprecio y los golpes de otros convictos. No en vano a los violadores les consideran como la hez de los que pagan entre rejas. Nacido en El Puerto hace 49 Rafael Ricardi, tras recuperar la libertad. Pasó 13 años a la sombra por un crimen que no cometió