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HORIZONTES 26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE los museos o restaurantes. Esto es el interior, una zona en la que nadie había oído hablar de turismo hace una década, pero que ahora despierta el interés de un público cansado de los lugares ensalzados por las guías tradicionales y busca dar un paso más allá. Y un lugar también en el que se ha trabajado en una sólida red de once museos y centros de interpretación para intentar que además de los paseos de montaña, el recién llegado se acerque al pasado carlista en la casa del general Tomás Zumalacarregi, en Ormaiztegi, pueda asistir en directo en las minas de Aizpea al proceso completo que hay que seguir para la obtención del hierro, en la pequeña Zerain, localidad de apenas doscientos cincuenta habitantes, descubra las secretos del queso que se lleva en su maleta en el Centro de Degustación de Idiazabal y antes de volver a la carretera nacional, se detenga unas horas en Segura, villa fundada en el año 1256 por mandato del Rey de Castilla, Alfonso X El Sabio, ubicada de forma estratégica en la entonces frontera con los reinos de Castilla y Navarra. Oculto y escondido tras las modernas vías de comunicación que unen la Península con Europa, el Goierri espera a los viajeros para mostrarles la convivencia entre pasado y presente, entre naturaleza y progreso, entre el ayer y el hoy de lo más profundo del País Vasco. Pasado carlista Arriba, concurso de quesos en Ordizia. Sobre estas líneas, el monte Txindoki en el Parque Natural de Aralar. Sus buenos pastos son el secreto de sus mejores productos lácteos y cárnicos que los responsables del turismo local adoptaron hace unos años para promocionar este lugar como las Highlands del País Vasco, en alusión al célebre territorio escocés. Unos responsables que esperan que los aires de cambio que han llegado al País Vasco sirvan también para animar a los turistas a salir de los tradicionales destinos de costa y acercarse a estas poblaciones de interior que luchan por quitarse el calificativo de cuna de ETA que se les ha atribuido durante años, para mostrar la verdadera cara de la realidad vasca del siglo XXI. Los pueblos están tan juntos que casi se puede ir caminando de uno a otro. No hay grandes hoteles, ni colas de turistas esperando en ABC