Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
26 7 09 HORIZONTES California TEXTO Y FOTOS: MIQUEL SILVESTRE n la pequeña ciudad californiana de San Juan Bautista permanece la recreación de un pueblo del siglo XIX con su hotel, su saloon y su cuartel. Sobre estos edificios, destaca contra el azul del cielo la blanca pared de una iglesia. En el extremo tiene un campanario encalado con tres campanas de bronce y una cruz en la cúspide. Anejo hay un silencioso cementerio. A lo largo de la fachada principal se estira un porche cubierto que ofrece sombra en el tórrido verano. A la entrada, escucho hablar en castellano. El acento no es mejicano, tan frecuente en esta zona. Es español de España. Una pareja y una chica joven caminan Misiones españolas Pocos españoles saben que viajar por California es hacerlo por nuestro propio pasado. Máximo ejemplo es el recorrido por las 21 misiones para educación y cuidado de los nativos que jalonan el Camino Real E Bandera española y estadounidense a la entrada de San Antonio delante de mí. Es un matrimonio de Madrid. Han venido a visitar a su hija, bióloga con una beca de investigación en la universidad de Stanford. Ellos también están visitando las misiones españolas. Sinceramente admirados, reconocen que desconocían que España hubiera dejado semejante huella en este estado de la unión tan famoso por las películas, el surf y su peculiar gobernador anabolizado. Pocos españoles recuerdan que viajar por California es hacerlo por su propio pasado. La conquista de las Californias (alta, media y baja) se debe por igual a frailes y soldados. La costa oeste ya se había recorrido hasta Alaska por barcos españoles que zarpaban desde puertos mexicanos, pero el agreste interior estuvo prácticamente sin hollar hasta la expedición de Baltasar de Portolá en 1768, quien al año siguiente divisaría una gran bahía natural que hasta entonces los navíos habían pasado de largo. Ninguno descubrió la estrecha entrada que hoy cruza el Golden Gate, hasta que el San Carlos de Juan de Ayala penetró en su interior en 1775. La bahía por fin recibiría su nombre el 28 de marzo de 1776 cuando arribó por tierra el legendario explorador Juan Bautista de Anza. Hijo de un militar español asesinado por los apaches, Juan Bautista de Anza con 24 años ya era capitán. Destacado en lo que hoy es Arizona, solicitó permiso al virrey de Nueva España para intentar una vía terrestre hasta California. En 1774 marchó con 20 soldados, 3 curas y 140 caballos a través de un ignoto desierto, territorio de los indios yuma y de las serpientes de cascabel. Este páramo se llama hoy de Anza- Borrego y es un parque estatal. Tras grandes penalidades, llegaría hasta las costas de Monterrey. España pretendía entonces reforzar su presencia en Alta California para frenar el avance ruso desde Alaska y le concedió permiso para una segunda expedición que esta vez llegaría hasta el corazón de esa gran la bahía que el llamó de San Francisco. Probablemente, se hubiera llamado de San Javier o de San Ignacio si Carlos III no hubiera expulsado de todo su reino a los jesuitas en 1767. Los franciscanos, más colaboradores y menos díscolos con el poder terrenal, ocuparon su lugar. Entre estos estaba Fray Junípero Serra, quien fundó nueve misiones siguiendo el ejemplo de las mexicanas. En total hay veintiuna