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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE natra en Extraños en la noche naturalmente. ...A veces va por Sevilla, que es la tierra de su mujer, y que le gusta tanto. Teníamos un pájaro que se llamaba Pendolito como el toro aquel de la alternativa de El Litri Hablamos de Cuba. De su madre- -la recuerdo ahora, ya tan viejita, a los noventa y tantos años, con la cabeza caída... Cuando me decía: No me lo puedo creer, no me lo puedo creer que mi Antonio haya llegado a tanto... Le llevé unas peras, que a ella le gustan tanto, y eso que ya no tenía un diente, la pobrecita, desde España... ¿Mi madre? mi madre se llama Leoncia. Se llamaba. Nadie me enseñó a cantar, es verdad, pero la única que cantaba en mi casa era mi madre... Mi padre, parece que le estoy viendo, se llamaba José Lugo Padrón; era un gallego muy entero, muy serio... todavía recuerdo las broncas que me echaba... Mira el retrato, el bigote... comía siempre con el sombrero puesto y todos sus hijos alrededor... derecho como una vela... Era muy gallego, muy gallego. Todos trabajábamos en casa. No había dinero, pero había ganas de trabajar. Era mi padre un hombre muy de campo y mi madre, una mujer muy dulce... ¿Que si me acuerdo de mi barrio? Mi barrio se llamaba la Gloria y me gustaban mucho los sábados por la noche, cuando yo salía con los chicos de mi edad y el guitarrista a cantar por ahí. Eran las canciones típicas cubanas. El bolero. No había entonces todavía ni guarachas, ni mambos, ni chachachás... Por eso yo vivo el ritmo. Es lo fundamental para mí. Lo único, lo más grande. Por eso las maracas son tan importantes no sólo en mis fotos, sino también en mi trabajo. TICO MEDINA Sobre estas líneas, Machín y sus inseparables maracas con las que sentía el compás de la vida. A la izquierda, Antonio Machín canta para aliviar las penas de la postguerra. Sus actuaciones en teatros y salas de fiesta eran un éxito garantizado. Derecha, el cantante en su domicilio madrileño, rodeado de relojes y recuerdos de toda una vida