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26 7 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 15 DE JULIO DE 1949 Hace 60 años llegaba a España Antonio Machín huyendo de la guerra en Europa para triunfar en el Romea de Barcelona. Desde entonces, sus melodías formaron parte de la memoria sentimental de generaciones. Treinta y seis años después, el cantante confesaba sus penas y alegrías al periodista Tico Medina Machin, la dulce pena e encuentro en su casa de la calle General Mola, esperándome. La casa está vacía, siempre que estuvo tan llena. Pero la esposa de Machín está en la clínica. La salud de la casa no es buena. La niña, dorada y bella, estudia periodismo y ha salido a la calle. Machín está solo- -la chica de servicio, al fondo, en la cocina- -y responde al teléfono. Hoy también ha recibido un puñado de cartas. No es difícil que entre ellas, a los casi 70 años de vida, Machín haya recibido alguna lejana y hermosa y apasionada carta de amor. Le hablo de tú, nos conocemos hace tiempo. Es un viejo amigo, de los años duros. Cuando todavía había hombres que se ponían en el traje príncipe de gales un clavel en el ojal. Eran otros tiempos. Pero Machín está como siempre. Vestido de gris, impecable, la sonrisa suya de anuncio de dentífrico, esa gana de vivir, un poquito de guasa, a pesar de todo, sí, a pesar de todo. -Está bien claro- -habla con los ojos entornados, las manos unidas, sobre el vientre, sin echarse del todo en el sillón de buen terciopelo- -que a la gente le gusta lo antiguo. ¿Discos que he grabado? L Cientos, cientos distintos, más de 300... Se han vendido millones, desde luego. Imagínate que llevo en España 34 años grabando; 36 desde aquel día que entré en España por Francia, huyendo de la quema de la gran guerra mundial. Estaba haciendo teatro en París cuando me decidí a venir a España. España, que vivía también un momento difícil; imagínate... hasta que llegué a Barcelona... El huerfanito media España lloró con él. El son retosón se calentaron las bielas de los españoles. Campanitas de cristal España se llenó de dulce. Desvelo de amor -Lo que más me gusta de mi día es cuando salgo por ahí, por lo menos cinco días en semana, a darme un paseo por la Gran Vía. Mira, salgo de aquí y llego hasta la Red de San Luis, andando... todos los días. Y todos los días, sí, la gente me pide autógrafos. Que yo firmo con mucho gusto. Y te voy a decir algo: también escucho, cuando dicen a mi paso... ¡Machín, el mejor! Y el mejor se multiplica entre las platas, los cristales, las estanterías. Un día fui a verle, hace años, cuando acababan de salpicar de sangre el asfalto americano con la muerte de Lutero King. ¿Recuerdan? ABC está sobre la mesa. Lo leo desde hace no sé cuántos años, desde que llegué a España Las naranjas del cuadro de Gálvez, sobre la chimenea, más decorativa que encendida, están diciendo comedme claro. Ya han querido comprármelo más de una vez... ¿sabes? pero yo no quiero venderlo por nada del mundo. A mi mujer le gusta mucho... A veces se le quiebra la voz tan dulce al hablar de su esposa, en la linde de la última trombosis, entre los alhelíes del Gálvez. -Háblame de Angelitos negros Adelante, Antonio, -Pues mira, te digo que siempre tengo que cantarla, esté donde esté. ¿El éxito de Angelitos negros Pues la letra, desde luego. Dicen que fue la primera canción protesta. Yo no sé. En aquella época no se protestaba por nada, al menos cantando. Cuando se hacen letra y música al unísono, que casen bien, que se lleven bien, pues se consiguen cosas importantes... Por eso yo a veces lo que hago es más que cantar, decir la melodía. A veces va al tocadiscos, y si está solo busca entre los discos y pone a Sinatra. A Frank, claro. A Si-