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26 7 09 ACTUALIDAD La Semana Trágica LA HERIDA ROMPE Cuando se cumplen cien años de La Semana Trágica, la historiadora Dolors Marín relata los hechos que condujeron a aquel estallido de rabia popular y desatada violencia anticlerical sta semana se conmemora el centenario de los hechos acaecidos en diferentes municipios catalanes y que se conocen popularmente como Revolución de Julio o más popularmente como Semana Trágica Unas jornadas revolucionarias asociadas en la memoria popular a un gran estallido anticlerical en que se quemaron conventos e iglesias, pero que en algunas poblaciones tomaron la forma de proclamaciones republicanas: quema de casetas de consumos, interrupción de comunicaciones, corte de vías férreas para impedir el paso de la guardia civil o de la tropa hacia Barcelona, destrucción de archivos de la propiedad y formación de juntas de defensa civiles, desarme de cuerpos parapoliciales como el somatén, u ocupación asamblearia de ayuntamientos. Y eso precisamente es lo que dio carácter de revolución a la revuelta fuera de Barcelona: la toma del poder por la población. Esta toma del poder duró una semana, de lunes a domingo, y la confusión informativa y la censura hizo creer al resto de los españoles que en Cataluña se había declarado una revuelta separatista, lo que impidió la solidaridad inmediata de los republicanos. La vaga idea de la revuelta anticlerical a veces no deja ver la profundidad de la herida que condujo al trágico balance de aquella semana y la represión posterior. Aún nos hacen falta estudios locales que añadan datos sobre aquellos dias julianos. Además, la mayoria de estudios se centran en la capitalidad barcelonesa y hace falta el contraste que nos puedan ofrecer nuevas fuentes. No hay duda de que el estallido antimilitarista catalán tuvo que ver. y mucho, con el descontento de las clases medias y proletarias. La lucha se entabló contra una clase burguesa que los trataba con un paternalismo rayano en la inmoralidad, con fuertes componentes caritativos que suplían los salarios dignos o la atención médica necesaria. Una burguesía que se defendió con uñas y dientes contra los intentos organizativos de los internacionalistas españoles, transformados pronto en sindicalistas revolucionarios, y que hizo caso omiso de los intentos refor- E Dolors Marín Historiadora. Autora de La Semana Trágica. Barcelona en llamas (La Esfera de los Libros) madores del gobierno de Maura y de las leyes de protección a los trabajadores. Los hechos se desencadenaron a partir de la huelga general convocada para impedir el embarque de los reservistas con destino al África en el puerto de Barcelona. La ciudad quedó parada en pocas horas, incluso las tiendas, los mercados, y los tranvías. Casi inmediatamente empezaron a arder las iglesias, escuelas parroquiales y conventos. Las primeras batallas ciudadanas enfrentaron al ejercito y la guardia civil, que disponían de pocos efectivos, contra el pueblo que se situó detrás de las barricadas improvisadas. Había en la calle unos 30.000 huelguistas. Todo servia para organizar barricadas: raíles de tranvías arrancados, adoquines, barriles de vino vacíos, puertas, sacos etc. Y detrás de las barricadas: obreros, clases medias y algunos burgueses, todos republicanos, laicos y racionalistas. Y junto a ellos, las mujeres, de toda clase y condición, como se puede comprobar en los testimonios posteriores que sirven de base a los juicios. Todas ellas madres, compañeras o hermanas de los soldados reservistas, todas ellas antimilitaristas, que con su lacito blanco prendido en el vestido pedían el cierre de las fabricas y talleres: ¡Cerrad! ¡Por nuestros hermanos en Melilla! El propagandista anarquista Leopoldo Bonafulla explica que los acontecimientos se precipitaron a partir del lunes 26 de julio, en un ambiente tenso y preparado para cualquier cosa, para la revolución. Su narración describe como bastó un cambio de impresiones entre sindicalistas, socialistas, anarquistas, republicanos nacionalistas y radicales para tomar la calle. La agrupación sindical Solidaridad Obrera mostró su determinación y salió a la calle. Estaba enfrentada a Solidaridad Catalana que se acercaba peligrosamente a la Lliga Catalana y al Partido Conservador de Maura. En septiembre de 1908, Solidaridad Obrera había celebrado su primer congreso regional, en que reunió a 122 sociedades obreras. Su fuerza estribaba en unos 24.000 adherentes, muy por debajo de otras fuerzas políticas que recogían parte de su mismo espectro político, como los radicales lerrouxistas que son capaces de movilizar a 34.000 votantes, frente a los 24.000 de Esquerra Catalana o los 22.000 de la Lliga Regionalista. Una visión contrapuesta en las calles, pero coincidente en la descripción, nos la ofrece el gobernador civil de Barcelona, Ossorio y Gallardo que nos relata en sus memorias La sedición no tuvo unidad de pensamiento, ni homogeneidad de acción, ni caudillo que la personificase, ni tribuno que la enardeciese, ni grito que la concretase. En cada calle se vociferaban cosas distintas, y se batallaba con diferentes miras Además de esta característica de revuelta anónima o plural, sin lideres visibles, uno de los mayores interrogantes sobre los hechos es el de las quemas de conventos. ¿Por qué no se quemaron fabricas o propiedades burguesas? Y aún una cuestión más inquietante: ¿Cómo los burgueses catalanes no ayudaron a sacerdotes y monjas? La mayoría de ellos permanecieron en sus casas y no bajaron a la calle en toda la semana, incluso hay testimonios en los