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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Con el ritmo incesante de los buscadores de basura, 200 camiones descargan cada día 700 toneladas de desperdicios en el vertedero de Stung Meanchey las seis y media. A la una voy al colegio y mis hermanos, que van a clase por la mañana, me reemplazan desgrana el niño, que acude a una escuela dirigida por una ONG francesa. Vistiendo una camiseta roja falsa de Tommy Hilfigher llena de manchas y espantándose las moscas de su ennegrecido rostro, remueve los desperdicios con el garfio de hierro que portan todos los escarbadores. Pero tan rudimentaria herramienta no evita que tenga que tocar la basura, como demuestra la capa de suciedad que se va acumulando en sus manos con el paso de las horas. Al menos, Vong Pheokhdey lleva unas botas impermeables de plástico, pero otros muchos a su lado sólo calzan unas sandalias que, a menudo, les provocan que se corten con los cristales rotos o que se pinchen con las jeringuillas tiradas en los hospitales, algunas de ellas infectadas de sida. Es peligroso y odio que los camiones me arrojen la basura y que se me meta el humo de los gases en los ojos, pero así puedo ganar dinero para ayudar a mi familia asegura el pequeño, quien de mayor quiere trabajar en una oficina o ser funcionario del Gobierno para salir de aquí Si no, me alistaré en el Ejército sentencia decidido mientras vuelve al apestoso montón de basura. Allí le espera Tat Cho, una niña de diez años que nació en Vietnam pero ya no recuerda cuándo llegó aquí. Antes vivía cerca del Mercado Ruso, pero mi madre fue despedida de la fábrica de ropa donde trabajaba se lamenta entristecida, envuelta en una andrajosa camisa verde dos tallas mayor que ella, mientras retira con desgana los desperdicios con su gancho. Bajo un intenso sol tropical, el calor es asfixiante. En verano, cuando el monzón trae los meses de fuertes lluvias, los escarbadores deben rebuscar en un terreno enfangado y donde con frecuencia se producen peligrosos corrimientos de tierra. Me gusta más el colegio. Cuando crezca, quiero ser maestra para enseñar a las nuevas generaciones sueña despierta la pequeña. Hasta que llegue ese día, a los niños y mayores del vertedero les mueve una leyenda común entre los buscadores de basura de todo el mundo. Un día, alguien halló entre los desechos una pulsera de oro que lo sacó de la miseria y lo hizo rico. Aunque nadie conoció al afortunado, todos creen a pie juntillas dicha historia y esperan protagonizarla algún día, pero lo máximo que han encontrado algunos es una cuchara de plata deslizada entre la basura de alguna familia pudiente o un cable de cobre. La mayoría de las veces sólo recogemos latas, envases o ropa vieja que luego remendamos para venderla reconoce Chhoum Mehk, un niño de 13 años que nació en el vertedero. Alrededor del basurero ha crecido un enorme poblado de chabolas. Aquí, cientos de familias numerosas han levantado sus hogares con viejas maderas y paneles de chapa. Procedente de Battambang, donde las corruptas autoridades locales le expropiaron sus tierras, Chea Sopha llegó a Phnom Penh hace ya una década. A sus 31 años, esta mujer tiene ya siete hijos con edades comprendidas entre los 16 y los cuatro años. Todos trabajan en el vertedero para sacar, en total, 16.000 riels (4 euros) al día. Tenemos que pagar 32.000 riels (8 euros) por el alquiler mensual de la choza y, además, comprar la electricidad a los vecinos cuenta Chea, que también debe abonar 2.000 riels (50 céntimos de euro) para llenar la tinaja de 250 litros de agua con la que cocina y se lava su familia. Lo peor es al anochecer, cuando salen unas ratas enormes que se meten dentro de las mosquiteras y muerden a los niños pequeños, contagiándoles muchas enfermedades se queja negando con la cabeza. A pesar de todos estos problemas, las familias que viven en el vertedero temen su anunciado traslado a un descampado cerca del Campo de la Muerte de Choeung Ek, que el Gobierno tiene previsto llevar a cabo próximamente. No sabemos qué haremos entonces se compadece la mujer. Como el resto de buscadores de la Montaña de Humo lo único que tiene claro es que, al menos para ellos, la basura es la vida. Cuando salen las ratas De mayor quiere ser funcionario Corre en el vertedero la leyenda de que alguien encontró una diadema de oro que le hizo rico. Nadie conoce al afortunado, pero todos creen a pies juntillas la historia Me gusta más el colegio. Cuando crezca, quiero ser maestra para enseñar a las nuevas generaciones sueña la pequeña Tat Cho mientras recoge con desgana los desperdicios