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26 7 09 ACTUALIDAD to, abandono. El legislador, en su momento, debería incorporar medidas claras y eficaces de protección a las familias con prole, con la finalidad de que éstas puedan seguir siendo agentes relevantes de la educación de sus hijos Luis Carlos Nieto es contrario a reformar la ley del menor, y menos en un momento en el que se han producido hechos de especial gravedad y de fuerte repercusión mediática. La valoración y crítica de la ley debe hacerse desde una reflexión serena y profunda que no se puede dar en estos momentos ¿Hay una quiebra de valores y tabúes? No creo que se pueda hablar de una quiebra de valores estima Octavio García Pérz. Lo que sucede es que a veces a ciertos menores no les llegan los valores porque las instancias que se ocupan de su transmisión no cumplen con su papel. En efecto, hay menores que no tienen familia o si la tienen, ésta no cumple adecuadamente su papel, no van a la escuela y, en consecuencia, no aprenden valores Patuca Fernández Vicens y Javier Baeza encienden otra alarma: Los niños son el saco de boxeo de nuestra sociedad. Los que más sufren los problemas que afectan a la sociedad española: la pobreza se ha incrementado especialmente en los niños de entre 0 y 16 años, la violencia y agresividad de nuestra sociedad, la falta de referentes en la vida pública que sean ejemplo para nuestros chicos, el sistema educativo sometido a los intereses políticos: todo eso hace que nuestros chavales y chavalas sufran y reproduzcan nuestros males. El mundo del menor es la caja de resonancia de los desastres de los adultos. Cuando una sociedad teme a los menores, es que está gravemente enferma Saco de boxeo Desde el recinto ferial de Isla Cristina (Huelva) varios menores llevaron a una niña de 12 años hasta la playa para violarla EFE Bestezuelas Qué hacer con los niños criminales (Viene de la página anterior) social, pero no tiene relación con una disminución de los delitos. De hecho desde la publicación de la ley todas las reformas, sin excepción, han ido introduciendo en la justicia de menores parámetros del derecho penal de adultos mientras que las estadísticas sobre delitos cometidos por menores permanecen sin variación significativa. Desgraciadamente en el análisis de la delincuencia de menores no siempre prima el rigor basado en datos empíricos para dar respuesta a problemas reales, sino que existe una tendencia a legislar simbólicamente Si nos planteáramos responsabilizar mayormente al menor, ello debería comportar sin ninguna duda ni vacilación también una cre- ciente responsabilidad del entorno social, inmediato (y no tanto) hasta sobrepasar incluso, según casos y circunstancias, el límite de la penabilidad de la posible imputabilidad penal Son palabras de Joan Badía, psicólogo clínico que trabaja en el hospital San Juan de Dios de Barcelona. Y sigue preguntándose: ¿Qué hacían esos menores a esas horas, en qué circunstancias las familias sabían o miraban para otro lado prefiriendo ignorar, no ya tan sólo hechos de la mayor gravedad cual claros crímenes, sino las vivencias, inquietudes y cuitas de sus allegados? De parte de las familias (todas: clásica, monoparental, desestructurada... toman cada vez mayor relevancia figuras menores del maltrato: no por activo, sino por negligencia, desatención, desasimien- ABC. es Entrevistas exhaustivas con los expertos este domingo en abc. es Educar es una forma de domesticar Las atrocidades nos hacen enmudecer, y más cuando quienes las cometen pertenecen al segmento que las interpretaciones más amables de la condición humana suelen identificar con el país de la inocencia. El filósofo, escritor y polemista Gabriel Albiac no pertenece a esa estirpe. Ante las violaciones en grupo de Isla Cristina y Baena escribió en estas páginas un artículo titulado Perversa infancia en el que deja traslucir una visión muy poco amable hacia la condición humana, un animal que hay que domesticar para evitar que la búsqueda de la satisfacción de los impulsos sin freno alguno arrase los derechos de los otros. Es lógico que recurra a un famoso axioma de Sigmund Freud: Nadie prohíbe lo que nadie desea Sabe Albiac que el deseo y sus urgencias definen buena parte de nuestra urdimbre: desmoronadas las mentes piadosas que enmascaran nuestro rostro, queda esto: que somos animales predadores y hablantes; que llevamos el placer de matar en nuestro código genético; que a ese placer, que como todos los predadores compartimos, sumamos la potencia simbolizadora que pone el lenguaje, su arte de disfrazar lo brutal de nuestros deseos El autor de libros como Desde la incertidumbre o La muerte: metáforas, mitologías, símbolos sostiene que llamamos ética a la desesperada lucha que, de nacimiento a muerte, debe librar cada hombre, solo, contra la bestia que en él late; la nunca ganada guerra contra el placer oscuro de dañar al otro Para Albiac, no hay origen angélico en lo humano. El disparate más trágico de nuestras sociedades es ése: proyectar en la infancia una intacta inocencia que la edad iría empañando; fantasear un utópico retorno al infantil paraíso perdido No es de extrañar que ante los grupos de pequeños salvajes saque a relucir El señor de las moscas la sombría fábula de William Golding, antes de recordar que sólo el temor a la ley- -al coste de violarla- -contiene a la bestia que somos; a cualquier edad de ahí que concluya, como Antoine de Saint- Exupéry, que educar es domesticar