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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Los problemas del mes de julio POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE l mes de julio no se ha hecho para resolver grandes problemas, sino para todo lo contrario: no resolverlos. De hecho, algunos de esos grandes problemas basta con darles un poco de cordelillo y se resuelven solos; si se consigue anestesiarlos hasta agosto, a la vuelta de las vacaciones, uno se da cuenta de que o no están o ya han cambiado de forma y de aspecto. El calor, el exceso de luz, los días previos al pavo de las vacaciones, las últimas jornadas de remoloneo en el puesto de trabajo, la re- E lajación casi completa de las rutinas del resto del año conducen al ciudadano a confundir, incluso, sus grandes problemas con esa melaza indigesta de las cuestiones o asuntos de los políticos. Por ejemplo, ese gran problema de la Financiación Autonómica, que no hay pinzas con las que cogerlo. Desde hace días, nos han abrasado con ese espejismo como si consistiera en otra cosa que eso tan vulgar de que todos creen que el dinero es suyo: Zapatero da dinero que considera suyo a unas Comunidades que también creen que les pertenece... La pasta, lógicamente, sale del bolsillo de usted (y del mío y de muchos más) pero tengo que ser lo suficientemente tonto como para alegrarme más de que mi dinero se lo den a los políticos de mi Comunidad que a los de la de al lado... aunque los de mi Comunidad tengan demostrado un hambre canina y unas enormes ganas de divertirse. Ése sí es un problema, que considere una victoria el sufragar esas ganas de vivir en plenitud de los políticos de mi Comunidad. También existe la posibilidad de que uno no sea tonto del todo y, en vez de enredarse en resolver el problema de la Financiación, se enfrente a los que realmente le importan durante estos días. Dilemas como el de dormir con la ventana abierta para espantar, dentro de lo posible, el calor, o con la ventana cerrada, para interceptar, también dentro de lo posible, el ruido. La ciudad te propone inevitablemente esa irreconciliable alternativa: insomnio por exceso de calor o insomnio por exceso de ruido, y cada noche hay que elegir un sistema para no dormir. Son estas aparentes trivialidades las que atosigan al ciudadano ahora... ¿calcetines o a tobillo descubierto? ¿camisa de manga larga o esas fresqueras sin mangas? ¿el café cortado, como siempre, o el funcional con hielo? Julio no es un mes, sino un proceso de adaptación para agosto, para llegar con el espíritu tan esponjoso que te permita amoldar tu físico a terribles exigencias, como el pantalón pirata, la chancleta de dedo o la práctica mariconerita No sé como gestionarán las Comunidades su Financiación, pero me parece mucho más sencillo que gestionar estas otras cosas. En fin, cosas sólo de julio, como que en el Real Madrid se tenga la impresión, sin haber salido, de que han llegado, o en el Barça de que, habiendo llegado, no han salido. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Teatro POR XAVIER PERICAY ace tiempo que dejé de ir al teatro. Sólo en contadas ocasiones- -no más de cinco en la última década- -habré roto la costumbre. Y casi siempre me he arrepentido. Eso sí, aunque me haya quitado del vicio, hablo a menudo con amigos que siguen enganchados. Y lo que me cuentan de algunas de las cosas que han visto no hace sino confirmarme en lo acertado de mi decisión. Ya no se trata de que los actores, nueve de cada diez veces, hablen a voz en grito; o de que el director no haya en- H tendido ni jota del texto que tiene entre manos; o de que la pieza, en fin, no tenga salvación posible. Lo increíble es que sigan representándose tantas obras insustanciales y tantas trituraciones de clásicos. Y no me refiero, claro, al teatro privado, donde, al fin y al cabo, el que se juega los cuartos es el empresario y el que decide, en último término, el espectador. No; me refiero al público, o al semipúblico- -esto es, al privado que precisa, para sobrevivir, ayuda pública- En una palabra: no me parece de recibo que la política de la subvención, cada día más presente en España, siga per- mitiendo que tanta inutilidad continúe exhibiéndose a costa del dinero de todos. Ya sé que habrá quien diga que soy injusto con el teatro. Que existen otras muchas artes en situación parecida, como por ejemplo el cine. Y que, más allá de las artes, hay otras actividades- -las fiestas tradicionales, pongamos por caso- -alimentadas con idéntico maná y cuya calidad también deja mucho que desear. Sin duda. Pero lo del teatro, qué quieren, es distinto a todo lo demás. Será por la parte de ceremonial que comporta, por aquello de tener que arreglarse para la ocasión, incluso porque le obliga a uno a mostrarse en público- -a mojarse, digamos- En esas circunstancias, el fiasco resulta mucho más doloroso. Uno tiene la impresión de haber contribuido con su presencia al desarrollo de la función. Y, lo que es peor, a que la caja cuadre. No sólo pagamos como contribuyentes; también como espectadores. O sea, no sólo cornudos; también apaleados. Aun así, por más que uno insista en quejarse, el dinero público va a seguir fluyendo. A la clase política le gusta el teatro. Precisamente por todo el ceremonial. Y, como no paga y encima vive del contribuyente, con más motivo. De ahí que a los desesperados no nos quede otra salida que confiar en que muchos de los autores, actores y directores que llenan nuestras tablas resuelvan jubilarse. Eso sí, llegado el día, que no hagan, por favor, como Miguel Ríos, que amenaza con estar dos años enteros despidiéndose. Y que, pasado este tiempo, es incluso capaz de agarrarse a aquello de que los viejos rockeros nunca mueren y echarse atrás en su propósito. www. xavierpericay. com