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19 7 09 ACTUALIDAD 23,05 La hora del regreso en el aeropuerto de Ibiza. Comienza el embarque destino Madrid, pero los viajeros express no hacen cola para coger asiento. El cansancio les pasa factura. Los dos Guille (a los extremos) lamentan la vuelta. A tope Ibiza 24 horas de juerga (Viene de la página anterior) curre entre bailes, risas y alcohol. A las 7.00 de la mañana, cuando Pachá cierra, los madrileños pretenden continuar la fiesta. Aún les quedan reservas del botellón afuera. Semiacabadas, parten hacia el puerto en busca de un local abierto. Les cuesta encontrarlo. Desde 2007, las autoridades han prohibido los after hour o fiestas diurnas en la isla para acabar con la imagen de fiesta y drogas que identifica a la isla. Ahora, según cuentan trabajadores de Pachá Madrid asiduos de Ibiza, la gente organiza pool parties fiestas en fincas de alguien durante el día, donde suele haber piscina, y en las que acaban reuniéndose cerca de 200 personas, aunque no se conozcan. Allí hay lo mismo que en los after música, sexo y drogas dice uno de ellos. Para ir, alguien te tiene que invitar aclara otro. Los cinco amigos dan con un lugar abierto a las 7.30 de la mañana. Esto es un antro dice Javi. El local, Montana por 10 euros la entrada, es una especie de pequeña cueva que alberga a gente de lo más variopinta. Una chica que muerde un botón, se lo saca de la boca y se lo ofrece a los madrileños a modo de pastilla. La joven se ríe al ver la cara de asombro de los chicos. Parece estar colocada con algún tipo de sustancia. Procede de la misma forma mientras baila con el resto de clientes. La mañana transcurre cabeceando en Playa d en Bossa, al este de la isla. Los chicos colocan sus toallas a escasos metros de Bora Bora, la discoteca a pie de playa que inicia su sesión de baile con música house a las 18.00 horas. Todo está predispuesto en la isla para la fiesta ilimitada, pero el efecto de la bebida energética ha desaparecido en los madrileños y, cuando aún quedan siete horas en tierra balear, la digestión de la comida los ha dejado fuera de juego. Una decena de modelos de arena fina se pasean por la playa ofreciendo fiesta en otras salas para la noche. Nos vamos hoy repiten con pesar los aventureros. Los dos Guillermos llegan a sopesar la opción de quedarse un día más. ¡Vámonos esta noche a la fiesta en el crucero! persuade uno a otro. El pedazo de playa que colinda con Bora Bora, en torno a un espacio de 100 metros cuadrados, reúne a una muestra de camellos que esperan en la arena a sus potenciales clientes. Un hippie de 30 años anuncia que vende cerveza mientras su perro bebe de la nevera donde tiene el producto. El chico informa de que a un metro de distancia de él hay un vendedor de cristal- -una droga química psicoactiva- Esto está de moda aquí, pero yo aconsejo las setas alucinógenas, que son naturales asevera. El joven desaliñado asegura que en ese palmo de tierra se puede conseguir lo que se desee. Quedan tres horas para volver a Madrid. El interior de Bora Bora se ha convertido en un hervidero de jóvenes playeros que, vestidos únicamente con bañador o bikini y provistos de gafas de sol bailan sudorosos incansablemente. Los chicos, envueltos en la música, se percatan de la hora. Hay que recoger, chicos anuncia Álex. Finalmente, todos regresan a la capital en el vuelo de las 23.30. Las 24 horas en la isla más cara de España les ha costado 200 euros a cada uno, pero se sienten satisfechos. Al despedirse en el aeropuerto de Madrid, Javi comenta que el ambiente de Ibiza es único: La experiencia ha merecido la pena Fiestas en fincas durante el día Camellos en la arena La isla vista por un performer Las luces comienzan a destellar. Suena la música. La gente salta. Un hombre con cresta y vestido con ropa de látex improvisa sobre la sintonía que pincha el disc- jockey (dj) en este caso house con un violín iluminado desde lo más alto de la discoteca. Es Micah, un violinista pionero en introducir este tipo de espectáculo en el mundo como él se define. Todo Amnesia, una de las mejores discotecas de Ibiza- -galardonada durante 3 años como mejor club del mundo por la Winter Music Conference de Miami- -levanta los brazos al compás de la melodía. Micah, de 35 años, ha actuado en decenas de lugares de todo el mundo, pero ningún lugar le hace vibrar como la isla blanca. Cuando ves los brazos levantados en el aire y gente de distintas razas y edades comienza a cantar a la vez, se me ponen los pelos de punta afirma el violinista. Hay muy buen rollo asegura. El ambiente que se respira es uno de los motivos que le llevan a considerar Ibiza como un lugar mágico Hace seis años, el dj Toni Varga descubrió a este insólito violinista en una fiesta privada en Barcelona. A la gente le encantó mi espectáculo y Toni me promocionó en Ibiza Desde entonces, este performer vive en Ibiza durante todo el verano, animando las pistas de baile con su violín y su arco iluminado con luces de neón. Micah ha tocado en todas las discotectas de la isla. Reconoce que hay mucha juerga y mucha locura, pero no es sólo un lugar de fiesta. Es un paraje de encuentro, donde la gente que viene de todo el mundo busca comer bien, el buen clima y, sobre todo, la música. Además, hay muchísimas calas que descubrir donde perderse y disfrutar de paisajes irrepetibles