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19 7 09 EN PORTADA A pesar de la riqueza petrolífera, casi un tercio de la población vive en situación de pobreza extrema AP La quimera guineana España quiere sacar tajada POR ALFONSO ARMADA a última frase cayó como una bomba fétida. El hijo mayor del dictador gastó en dos años 43 millones de dólares en casas y coches de lujo, más de lo que el gobierno dedicó en 2005 a educación El silencio se podía cortar con un cuchillo en el microbús inmóvil en medio del laberinto de tuberías, quemadores, puentes y trenes del complejo petroquímico de Punta Europa, mientras los mecheros lanzaban al cielo tropical de Guinea sus llamaradas espectrales. Hasta que alguien comentó: -Buena crónica. Aunque las carcajadas tuvieron un efecto balsámico, la veterana corresponsal diplomática de una de las televisiones más influyentes de España enrojeció hasta las orejas. Había tenido que enviar una crónica telefónica urgente en medio de un mar de extraños. Para eso había pedido al ingeniero guineano (que explicaba el funcionamiento del tren de licuefacción) al oficial de la dictadura empotrado en el rebaño de periodistas y al conductor que detuvieran un instante la gira pedagógica, y a toda la excursión que guardara un minuto y medio de silencio. ¿Qué tal son las cárceles guineanas? preguntó ella tratando de congraciarse con los anfitriones y aliviarse del sofoco. A los colegas les producía una L El hijo mayor del dictador gastó en dos años 43 millones de dólares en casas y coches de lujo, más de lo que el gobierno dedicó en 2005 a educación irresistible hilaridad la situación. A los guineanos, que saben cómo se las gasta el régimen, ninguna. ¿Qué tal es la prisión de Black Beach? le preguntó el que había roto el hielo a su vecino de asiento, un funcionario que no había dejado de sonreírse discretamente a medida que la cronista relataba el reencuentro entre España y su ex colonia, la bienvenida del gobierno guineano al ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, y sobre todo el homenaje a Manuel Fraga Iribarne que regresaba al país 41 años después de que, en nombre de Francisco Franco, hubiera firmado el acta de independencia. -No lo sé, nunca he estado. (Black Beach es uno de los peor reputados penales africanos) Pero el surrealista episodio en un país propenso al esperpento no quedó ahí, no en vano la importante delegación que acompañaba al ministro socialista (el único de la democracia que ha viajado tres veces a Guinea, como él mismo se encargaría de recalcar) estaba formada por sesenta personas que llenaban uno de los dos airbuses que utilizan los Reyes y el gobierno para sus viajes oficiales y donde (paradojas de la legalidad carpetovetónica) se permite fumar: nueve diputados de casi todo el espectro político (Izquierda Unida se negó a dar un espaldarazo a la dictadura guineana y desistió de viajar) una veintena de empresarios, el séquito del ministro, una nutrida recua de periodistas, Fraga, dos médicos, los tripulantes, y el escultor Santiago de Santiago que, tras haber trabado estrecha amistad en Madrid con la hija de Obiang, ser invitado a su última onomástica y obsequiarle con un