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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Elogio, o no, de la TDT POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE S egún los que entienden realmente de esto, lo de la Televisión Digital Terrestre sólo ha de traernos ventajas al ciudadano y telespectador, y tal vez sea cierto. El Plan Nacional de la TDT está ya en su fase definitiva, o sea, prácticamente en su punto justo de salida general, pero yo hasta la fecha no he tenido la fortuna de verle las ventajas y sí, en cambio, un buen manojo de inconvenientes. Desde hace unas semanas, y por ese afán de pionerismo que también podría llamarse pura y dura precipitación, al salón de casa ya sólo llegan señales televisivas digitales, y llegan a mansalva, en mogollón, como un río que se desbordara en un campo pequeño, y donde había seis o siete canales incontrolables de los de antes, ahora hay tres o cuatro docenas de emisoras por completo asilvestradas. Tal vez se acaben domesticando, pero hasta entonces no le veo yo las ventajas. Pues, desde que mi televisión escupe canales con la destreza de Clint Eastwood, todo se ha vuelto mucho más complicado, y el mando a distancia, que era una varita mágica, ahora es como una raqueta incapaz de mandar al limbo to- das las pelotas que le llegan; dicho de otro modo: son tantos los canales a rematar que hay que ser como Rafa Nadal en el anuncio para que no te devoren literalmente. Hemos pasado de una supuesta suma a una indigesta multiplicación: más tertulias, más tertulianos, más entrevistas a famosos más teleseries, más concursos indescriptibles, más películas infames... Hemos pasado de seis o siete canales evitables a medio centenar que se ciernen sobre nuestra cabeza, y eso me recuerda la célebre frase de Woody Allen, que seguramente sería la célebre frase de Groucho Marx: En este restaurante la comida que dan es basura le dice un cliente a otro, y éste le contesta, Sí, y además las raciones son muy pequeñas Pues eso, ahora tenemos lo mismo pero en grandes cantidades. Un eterno zapping por la crecida del río televisivo nos arroja un balance desolador: los opinadores oficiales y transparentes del pisto nacional de los últimos años están recolocados y diseminados por operadores y canales, de tal modo que puedes tener esa impresión tan placentera de que saltas de 59 segundos en 59 segundos como si jugaras a la Oca. También bullen en la TDT esos programas en los que hay un famoso frente a cuatro o cinco destripafamosos La cosa es que antes sólo tenías que esquivar dos o tres programas de esos, mientras que ahora hay que ser Houdini para librarse de ellos. El mundo de las teleseries te convierte en el conejo de Alicia y en cuanto a lo del cine en la televisión digital terrestre es para analizarlo con seriedad: ¿De dónde sacan tantas películas peores? Y este es el asunto, y no tiene vuelta atrás; ya sólo podemos huir hacia adelante: ¡Que me pongan otros cien canales más! TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO La discriminación no es positiva POR XAVIER PERICAY jemplos los hay a miles. En todas partes y en cualquier época. Basta con que un gobierno se proponga favorecer a ciertos colectivos en vez de ocuparse de cada ciudadano por igual, sin distinción de raza, sexo, lengua, ideología o religión. O sea, basta con que un gobierno, por propia iniciativa o a instancias de no se sabe qué intereses más o menos decorosos, se proponga arreglar el mundo y, en vez de limitarse a garantizar, como sería su deber, que ningún individuo va a ser discrimi- E nado, se fije como objetivo que algunos miembros de la tribu, singularizados por determinados atributos, disfruten de unas prebendas que a los demás les están vedadas. Entre los ejemplos antiguos, merece la pena recordar el aportado por Joseph Roth en uno de los artículos de su Viaje a Rusia fechado a comienzos de 1927. Explica Roth que las universidades soviéticas, tras años de alfabetización intensiva, no daban abasto, por lo que los políticos resolvieron que los hijos de campesinos y obreros tuvieran preferencia a la hora de acceder a la educación superior. Que muchos de ellos- -lo constató el propio escritor en Leningrado- -fueran manifiestamente incapaces de construir una frase con un mínimo de corrección, no constituía óbice alguno. Allí sólo contaban la ideología y sus intereses. Como sucede también en el caso, mucho más próximo, de la flamante Ley de Educación Catalana- -aunque aquí la ideología se vista de lengua- La consagración del catalán como única lengua de enseñanza en Cataluña descansa en el cuento de que el idioma llamado propio requiere cuidados especiales y esos cuidados sólo se los puede facilitar un sistema educativo catalanizado de cabo a cabo. Lo cual no sólo es una barbaridad en lo tocante a los derechos de los ciudadanos, sino que, encima, es contraproducente para la supervivencia misma del idioma en cuestión. El uso del catalán, sin ir más lejos, ha perdido en el último lustro- -el más impositivo de los seis que llevamos de normalización lingüística- -más de 10 puntos porcentuales. Y es que la discriminación siempre es negativa. Incluso la positiva. La mayoría de los datos- -como ha demostrado Thomas Sowell en La discriminación positiva en el mundo -así lo corroboran. Y, aparte de los datos, lo corrobora la aplicación sensata de la ley. Y, si no, que se lo pregunten a la juez Sonia Sotomayor, candidata de Obama al Tribunal Supremo de EE UU, que acaba de ver cómo el mismo tribunal del que aspira a formar parte ha amparado en una sentencia a unos bomberos de raza blanca que habían perdido el puesto de trabajo por el color de su piel y a los que ella, siendo juez federal, no quiso dar la razón. www. xavierpericay. com