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12 7 09 ACTUALIDAD Manolo Caracol Cien años de un genio POR JOAQUÍN ALBAICÍN. ESCRITOR Hace cien años nacía Manolo Caracol, genio del flamenco y dueño de un temperamental duende. Para cantar bien, decía, hay que tener corazón, que te gusten los toros, el vino y las mujeres y poseer una voz con rasgos gitanos. Sin todo eso se podrá cantar, pero mal Nunca habrá otro como él C antaor de cantaores. Nacido en Sevilla y sobrino de Joselito y Rafael El Gallo lidiadores míticos de quienes su padre fue primo hermano y mozo de estoques. Primo hermano él, a su vez, de otro torero de rango, Rafael Ortega Gallito Manolo Caracol pertenecía a una casta cuyos integrantes son nombres de cita imprescindible cuando se habla de los pilares fundamentales del cante gitano. Forman sus engarces Enrique El Mellizo El Fillo El Planeta Curro Dulce Desde muy niño escuchó Caracol en la intimidad los desgarros del gran Manuel Torre que aparece junto a él, muralloso y cetrino, en la instantánea de grupo del concurso de cante hondo organizado por Falla, Andrés Segovia y Zuloaga, entre otras glorias, y que el niño Manuel ganó con sólo trece años. Allí comenzó su vida artística oficial. Desde que, ese mismo año, Antonia Mercé La Argentina le reclutara para su compañía y debutara luego en solitario en Madrid en el Teatro Centro, una sala de verano de los altos del Calderón, hasta que le fuera impuesto el Lazo de Isabel La Católica, la vida le deparó aplausos, sinsabores, partidas de giley, travesías, lágrimas y órdagos a la grande que darían para escribir varias novelas. Una noche, saliendo de una fiesta con su mujer y su hija Luisa, llovía a cántaros, la carretera estaba mal señalizada y se metieron con el coche en un río. Cuando lograron salir, echaron a andar por el campo y cayeron en una charca. Llegados al fin a una venta, impactó un rayo contra el tejado... Lo dicho: para varias novelas. Y es que la gente normal suele tener una biografía, y punto. Los genios, varias, tanto auténticas como de ficción. Esa es una de las claves: o se tiene una vida, y se es uno más, o se tiene varias, y ya se es otra cosa. Caracol era lo segundo: otra cosa. Su cante, afirmó siempre, no podía aprenderse como una asignatura, sino que salía del corazón y las entrañas Depende del alma, de te- ner fe, de creer Y el Duende sólo hacía buenas migas con ciertos temperamentos. Para cantar bien, aseveraba: Hay que ser hombre, tener corazón, que te gusten los toros, el vino y las mujeres y poseer una voz con rasgos gitanos. Sin todo eso se podrá cantar, pero mal Cuando, poco antes de estallar la guerra, se trasladó a Madrid con la familia, se estableció en un piso que le buscó un gran torero: Jesús Solórzano. Y es que la fiesta brava y, en especial, el toreo de Cagancho fueron su veneno. De ahí el titular de Vicente Zabala el día en que a él le llegó también la hora: El toreo está de luto por la muerte de Manolo Caracol Y de ahí que uno de quienes mejor le definieran fuera otro crítico taurino, Gregorio Corrochano ¡Dichosos los que saben rezar cantando! El cine ha inmortalizado su figura caminando junto al féretro de Manolete, y todavía hoy son mayoría los toreros que, en la entrevista semanal de Benlloch, le citan como su cantaor favorito. Con Lola Flores formó una pareja artística que marcó época, generadora de una iconografía que aún perdura y que puede que no haya tenido parangón- -en cuanto a popularidad e intensidad escénica- -en los anales faranduleros de la piel de toro. Y dos músicos fueron fundamentales en su trayectoria: Melchor de Marchena- -un carbunclo en el pulgar- -y Arturo Pavón, que supo poner acentos sinfónicos a su cante cavernoso y empapar de Duende un instrumento hasta entonces exclusivo de los clásicos. Porque Manolo Caracol a fuer de pionero en el traslado del flamenco puro a los grandes escenarios teatrales, fue también el creador de la copla flamenca y, por tanto, así en su época de partenaire de Lola como en su cante secundado por el piano, el antepasado epónimo del experimentalismo de Camarón Bambino o Las Grecas No por casualidad del cuadro flamenco de su tablao, Los Canasteros surgió la primera formación de Ketama Pasión por el toro