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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE De izquierda a derecha: Yasín, Murad, Imad y Hicham, un grupo de surferos de Sidi Ifni. Todos ellos nacidos en 1988, todos acumulan algún viaje en patera a España rra que aman. Pero las quejas apuntan hacia las autoridades. El puerto en el que no encontró acomodo hace algunos años el joven Hicham fue hace un año el escenario de los más graves disturbios en décadas. Las manifestaciones reclamando la atención del poder central de Rabat degeneraron en una batalla campal con numerosos heridos por ambas partes y decenas de detenidos. Media docena siguen hoy encarcelados. Haciéndose fuertes con el apoyo de la población local y venciendo el reparo que supone para muchos el apuntarse al juego oficial de las elecciones, algunos de los cabecillas de aquella revuelta se han alzado con la victoria en las elecciones municipales del pasado 12 de junio. El alcalde de Sidi Ifni es ahora el ex prisionero Mohamed Al Wahdani. Se abre así cierto periodo de esperanza, aunque el consejo municipal que comandan los revolucionarios apenas podrá hacer nada si desde la capital no se da la orden de sacar a Ifni del atolladero. Y son muchos ifnis los que salpican el mapa del reino alauí. Para los escasos viajeros queda, eso sí, el sabor añejo de hallarse en una ciudad que hasta hace cuarenta años fue la provincia número 51 de España, que la dejó en manos del reino alauí el 30 de junio de 1969 tras un acuerdo entre Franco y Hasán II. Los recuerdos de entonces son todavía innumerables, tanto en el ámbito arquitectónico- -aunque éstos se encuentren hoy más muertos que vivos- como en el cultural y humano. El hotel Suerte loca es el establecimiento más famoso de lo que el franquismo consideró una época gloriosa de un colonialismo que los años mostraron inútil. El edificio en sí no vale demasiado, ni está en el mejor emplazamiento, ni es especialmente atractivo. Pero la familia de Ayad Bachir Emboiricat, que lo compró en 1958 al español que lo había abierto en 1936, hace de este hotelito el lugar predilecto de los que llegan de fuera. Ayad falleció hace diez meses, pero su hija Malika comanda el batallón de personas que te hacen sentir como si de un cinco estrellas se tratase. que se pasean haciendo compras por Sidi Ifni y cualquier comparación con los zocos de Marraquech, Tánger, Esauira o Rabat sería insultante. Hicham vive con su padre, maestro de escuela. Su abuelo, fallecido en 2005, tocaba el tambor en la banda de música del Ejército español. A su madre la ve, aunque explica que se ha casado con otro hombre. Pero el chaval tiene valor de sobra y sabe que aún está despegando en el sueño que supone quedarse en su ciudad sin que le ronde la cabeza el volver a montarse en la patera. No volveré a intentarlo. Pasé mucho miedo dice. El suficiente como para pensar que pagar los casi setenta euros al mes que le cobran por alquilar el local es medianamente accesible. No quiero repetir aquello. Sólo vivir en mi ciudad tranquilo El poder de la protesta La esperanza en un negocio Justo enfrente, a medio centenar de metros, tiene el surfero Hicham alquilado el garaje que hace de tienda con fotos antiguas de Ifni escaneadas e impresas para vender, algunas alfombras, bisutería y algo de ropa. Son pocos los turistas