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12 7 09 ACTUALIDAD Sidi Ifni Los surferos de la patera Hicham asegura que no volverá a probar la peligrosa aventura de la patera. Intenta ganarse la vida en un chiringuito de surferos, entre colegas que sí siguen soñando con saltar de Sidi Ifni a costas españolas TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA. SIDI IFNI (MARRUECOS) n día del mes de Ramadán de 2006 Hicham cogió todo lo que tenía ahorrado y lo invirtió en lo que pensó que era más rentable en ese momento: un pasaje en patera desde su ciudad, Sidi Ifni, hasta Canarias. Había dejado el colegio hacía dos años y había tratado inútilmente de ganarse la vida trabajando en el puerto. Me fui porque aquí no hay nada que hacer explica este joven surfero de largas rastas rubias recogidas en una gruesa coleta por detrás de la nuca. Distantes entre veinticuatro y treinta y seis horas de las islas españolas, las playas de Ifni han sido siempre un buen lugar desde el que zarpar a la búsqueda de ese sueño europeo. Aquí hay gente con ganas de irse y, lo que a veces es más importante, es fácil encontrar a alguien que comande la expedición sin que te time o te deje tirado en otra playa del lado africano. La patera en la que se embarcó Hicham llevaba un pasaje de entre treinta y seis y cuarenta personas, recuerda. Cada uno pagó cinco mil dirhams (unos cuatrocientos setenta euros) El patrón era un pescador local al que conocían y que había bajado desde Agadir con una barca y el motor para la expedición. Tardamos veintiocho horas. No estuvo mal, sobre todo porque soplaba viento de tierra y el viaje fue rápido detalla el joven. Cuando Hicham puso pie en la isla de Lanzarote era aún menor de edad. Tenía diecisiete años, pero me colocaron la mano en una máquina y dijeron que tenía diecinueve explica. Permaneció durante una semana en el centro para emigrantes sin papeles de El Matorral, junto a negros de África antes de ser enviado por avión hasta la ciudad marroquí de Nador, a más de 1.300 kilómetros de donde habían zarpado. U Sidi Ifni no está entre los lugares más turísticos de Marruecos. Se encuentra lejos del Estrecho de Gibraltar, lejos de las autopistas, a dos horas del aeropuerto más cercano- -el de Agadir- -y sus infraestructuras son pobres y escasas. Desde esa lejanía de horizontes soñados, son muchos los jóvenes que salen al paso asegurando que desean irse de su tierra por falta de futuro. Hicham, que habla francés, español y árabe, ocupa su tiempo sacando adelante la tienda de recuerdos y artesanía que abrió hace tres meses y tratando de que la cabaña que ha levantado en la playa junto a un grupo de colegas surferos pueda convertirse en un chiringuito en el que ofrecer, aunque sea de manera humilde, refrescos, comida, tés y cafés a los veraneantes. Es allí donde el reportero los encuentra, embutidos en trajes de neopreno medio gastados y con tablas para coger olas remendadas. Es lo que hay. Pregunta, pregunta a todos estos dice Hicham entre risas. Efectivamente, no sólo son colegas surferos, sino que también son todos veteranos de la patera. ¡Y todos de la generación de 1988! Les hago una foto a varios en la orilla. Junto a Hicham posan Imad, Murad y Yasin. Algunos se encuentran en ese momento surfeando y les da rabia al salir no ha- Horizontes soñados En el centro El Matorral Pregunta, pregunta a todos estos dice Hicham entre risas. Efectivamente, no sólo son colegas surferos sino que también son todos veteranos de la patera Para los escasos viajeros queda, eso sí, el sabor añejo de hallarse en una ciudad que hasta hace cuarenta años fue la provincia número 51 de España ber formado parte de la imagen. Murad ha probado dos veces suerte en la ruta a Canarias, y dice que volverá a repetir. Yasin es el único que se pasea orgulloso por Sidi Ifni con sus papeles de residencia en España. Conoce bien el país de tantas vueltas que ha dado para dar con el tajo. Huelva, Cádiz, Córdoba, Madrid, los invernaderos almerienses, la fruta catalana... Ahora está instalado en Barcelona y aprovecha los meses estivales para bajar a su tierra. A finales de agosto, regresará pero esta vez en avión. No es una contradicción esta de irse y regresar, aunque sea temporalmente como Yasín. Cuando estos jóvenes se embarcan hacia Canarias es porque no tienen más remedio. Pequeños proyectos como el comercio de Hicham demuestran que no necesitan mucho para echar raíces en su tierra, en la tie-