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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM R. S. McNamara El guerrero demediado El mayor teórico de la guerra de Vietnam acaba de morir a los 93 años, sin dejan de citar al poeta T. S. Eliot: Nunca dejaremos de explorar y cuando lleguemos al fin de nuestra exploración nos encontraremos en su punto de partida y conoceremos el lugar por vez primera POR EDUARDO CHAMORRO udo ser el intelectual más brillante de su época, aunque se quedó en el político más apaleado por las circunstancias de su tiempo. John F. Kennedy dijo de él al sacarlo de la presidencia de la Ford para nombrarlo secretario de Defensa que no conocía a nadie más inteligente. Para Johnson no había quien le igualara en energía y vigor. En la guerra prestó servicio como analista de la precisión en el primer bombardeo atómico, a las órdenes del general Curtis Le May, quien le confesó un día que si aquella bomba no nos hubiera llevado a la victoria, nos habrían fusilado por criminales de guerra Nunca pudo dirimir el dilema de ese crimen. Los ingredientes de la guerra siempre fueron para él inabarcables e imprevisibles. El único arte de la guerra- -declaró en un debate con veteranos de uno y otro lado muchos años después de la guerra de Vietnam- -es el que permite contemplarse a uno mismo a través de los ojos del enemigo. Y estoy seguro de que en eso nos equivocamos nosotros tanto como los norvietnamitas A lo que el general Giap replicó: Ustedes sí. Nosotros no Es posible que Robert MacNamara nunca acertara a verse con los ojos de Robert MacNamara. Hijo de inmigrantes irlandeses, nació en San Francisco el 9 de junio de 1916. Veintiún años más tarde se graduaba con todos los honores en Economía por la Universidad de Berkeley. Contratado por Harvard como profesor asistente, la guerra le llevó a servir en Europa como planificador de incursiones aéreas, y analista de sistemas de precisión para pruebas nucleares. De vuelta a América, una grave enfermedad contraída por su esposa le obligó a abandonar el magro salario de Harvard y aceptar un puesto en la Ford para hacer frente a los gastos hospitalarios. Un día antes de que Kennedy gana- P ra las elecciones, en noviembre de 1966, McNamara era nombrado presidente de la Ford. Cinco semanas después, el presidente le reclamaba para la secretaría de Defensa. Puesto ante la evidencia del desastre de la política anticastrista, McNamara presentó un plan de invasión con fuerzas aéreas, navales y 60.000 soldados de infantería, de realización imposible. La Unión Soviética aprovechó entonces la falta de soltura americana y decidió el establecimiento de misiles nucleares en la isla de Castro, en respuesta a los misiles situados por América en Turquía. La crisis subsiguiente llevó a ambas potencias al borde de un enfrentamien- AP to tan evidentemente suicida como para que Kennedy aceptara la sugerencia de McNamara de ofrecer a la URSS un acuerdo secreto para retirar los misiles americanos de Turquía y los soviéticos de Cuba. A partir de ese momento, su carrera política fue la combinación de una conciencia privada de las imposibilidades, y de una actitud pública a favor de las posibilidades. El hombre- icono del fracaso en la guerra de Vietnam AFP Fue un pesimista en privado y un voluntarista en público. Abogó a favor de una rápida escalada militar en Vietnam con la esperanza de agotar al enemigo. Fracasó. Los vietnamitas demostraron una asombrosa capacidad de aguante. Fue un fino intelectual, un hombre dotado para el debate teórico y filosófico. Pero, a la postre, quedó ante la posteridad como uno de los grandes fracasados del siglo XX Nunca dudó en la defensa de una escalada bélica, aunque en su fuero interno estuviera convencido de su fracaso. A veces manifestaba en privado el dolor de semejante contradicción. Y en ocasiones, manifestó ese dolor echándose a llorar delante de sus subordinados. Vietnam le obligó a plantear sus análisis entre las exigencias teóricas de la destrucción mutua asegurada y la hipótesis del efecto dominó ante la posibilidad de una victoria puntual del comunismo. La derrota de Occidente en el punto de una ficha acarrearía la inmediata caída del resto de las fichas. Consciente de la inutilidad del arma nuclear y de lo erróneo de la teoría del dominó frente a la alternativa de una intervención de China. McNamara optó por una serie de escaladas rápidas cuyas consecuencias entretuvieran los esfuerzos del enemigo hasta agotar su capacidad de recuperación y respuesta. Pero se equivocó en lo tocante a la inaudita capacidad de recuperación del enemigo y a la casi infinita diversidad de sus recursos para las respuestas, condiciones que al hacer imposible cualquier cálculo seguro del techo al que podían llegar las escaladas, reclamaban el planteamiento de cualquier otra opción. Y el 19 de mayo de 1967 puso en la mesa de Johnson la alternativa de la negociación. La mayoría de los americanos piensan que jamás deberíamos habernos implicado de tal modo en una guerra que todos desean ver acabada y esperan que su presidente la cancele En noviembre de ese año dimitía como secretario de Defensa.