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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Empresa del teatro Real hizo gestiones directas, a fin de que Caruso viniese a cantar algunas óperas. No lo consiguió, porque Caruso razonó así su negativa: Tengo entendido que Gayarre no cobró nunca más de cinco mil pesetas por función. Yo no puedo cantar por esa remuneración, porque es bastante más lo que abonan las demás Empresas. Si ésta me pagase lo que las otras, tendría que elevar el precio de las localidades: el público tendría derecho a exigirme más que a Gayarre, y yo no pretendo tener mejor voz ni mayor arte que Gayarre. Para que me oiga Madrid y para proporcionarme yo el gusto de conocer al público madrileño no tendré reparo en cantar gratuitamente en una función a beneficio de los pobres... La función benéfica no pudo organizarse, porque en aquella temporada el teatro Real cambió de Empresa... No creemos que Sarasate percibiese más de mil duros por concierto. Lo que sí sabemos es que Sarasate fue el mejor violinista del mundo. Así le proclamaron todos los públicos, incluso el de Madrid, que le oyó muchas veces y le aplaudió con frenético entusiasmo, y ya había aplaudido a Monasterio y aplaudió después a eminencias nacionales y extranjeras, como Fernández Bordas, Kubelik, Quiroga, Huvay, Kreisler, Isahe, Manen Heiftz... Claro es que no son los grandes artistas los que ponen precio a su trabajo; son las Empresas y a éstas las mueve la competencia a elevar la remuneración, pero, en definitiva, es el público el que paga, y, como decía Caruso, esta circunstancia le autoriza a ser más exigente. Así el auditorio que tuvo en el teatro Calderón el joven violinista Yehudi Menuhin se mantuvo reservado en la primera parte, no porque se acordase del dinero que había dejado en la taquilla a cambio de una localidad, sino en actitud expectativa, ya que el reclamo había sido ciertamente inusitado. La sala estaba brillante; literalmente llena de público. Muchos caballeros lucían claveles en la solapa de su americana, como obsequio recibido al entrar en el teatro. Damas y damiselas miraban con curiosidad al concertista, que vestía de americana y se peina como si encomendase esta tarea a los gatos. El primer número del programa era el delicioso Concierto de Mozart, en sol mayor, y aunque Menuhin, acompañado al piano por Marcel Gacelle, hizo gala de su gusto exquisito en la expresión y de un mecanismo perfecto, los oyentes no se entregaron a arrebatos de entusiasmo. No fue así a la terminación de la Partita en re menor de Bach, para violín sólo. Entonces los unánimes aplausos y bravos se impusieron y las ovaciones se sucedieron imponentes, obligando al artista a comparecer seis veces en el proscenio. A. M. C. De izquierda a derecha, Menuhin a los 18 años, poco antes de actuar por primera vez en España. En los años cincuenta, el músico ensaya sentado en la posición del loto. En 1997, el anciano artista sigue desplegando genio y vitalidad. Dirige a la Sinfónica de Varsovia en un concierto de beneficiencia. Menuhin (izquierda) y Mstislav Rostropovich se despiden cogidos del brazo, al término del acto de entrega del Premio Príncipe de Asturias que recibieron en 1997.