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5 7 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 6 DE DICIEMBRE DE 1935. El violinista Yehudi Menuhin era un joven prodigio que con apenas 18 años se había convertido en uno de los músicos más cotizados del mundo. Las astronómicas cifras que cobró en su primera actuación en España fueron entonces motivo de asombro y polémica. Así lo contó ABC Menuhin, 18 años, debuta en España l acontecimiento de la temporada será la actuación del violinista Yehudi Menuhin. Este artista, que acaba de cumplir la edad de dieciocho años, se encuentra en Australia, desde donde vendrá directamente a España. Menuhin está universalmente considerado hoy como el mejor de los violinistas de todos los tiempos. Desde luego, las sumas que percibe este artista y los precios que se fijan a las localidades para sus conciertos no han sido igualados nunca por ningún artista musical. En España, como concesión especial, percibirá la suma de 2.500 dólares por cada concierto, más un porcentaje sobre los ingresos. Por tanto, la decisión de presentarle en Madrid es bastante arriesgada, ya que cada concierto costará, entre honorarios del artista, gastos de teatro, impuestos y propaganda, cerca de 25.000 pesetas. Menuhin actúa en público con el mismo éxito y con los mismos fabulosos honorarios desde la edad de diez años, cuando actuó E por primera vez en Berlín, en 1927, con la Orquesta Filarmónica. Obtuvo en 1933 y 1934 el premio Candide para el mejor disco de gramófono, cediendo a los músicos pobres los 10.000 francos de este premio. Menuhin, el violinista prodigio de ayer y genio de hoy, actúa en Madrid, en el Calderón, el 6 y 11 de diciembre, para los que está abierto un abono en Daniel, Madrazo, 14. Entre los abonados figuran ya las señoras duquesas de Montpensier y Parcent; marqueses de Bolarque, Castelnuevo, Castelar, Palomares; Sres. de Alvear, Kochertaler, Otamendi, etc. Una anécdota al respecto de la actuación de Menuhin. Que no va de cuento; va de historia, de la que existen testigos: hace una veintena de años, la reputación hacía de Caruso el primer tenor del mundo. Así lo proclamaban todos los públicos, menos el de Madrid, que no oyó al célebre artista italiano. Para que le oyese Madrid, una Y llegó el día del concierto