Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Si Michael Jackson fuera japonés POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE esde luego, tal y como están las cosas, hasta asco da morirse. Mito, rey, extraterrestre, sí, todo lo que se nos ocurra, pero el pobre Michael Jackson se murió el 25 de junio y este pasado jueves, día 2 de julio, aún se podía leer con asombro la siguiente frase en un diario: ...el entierro no se celebrará en Neverland, pese a que... Es decir, que una semana después todavía estaba el cadáver de Michael Jackson dando tumbos entre los vivos, y sin unas perspectivas muy claras de cambiar de residencia. Cientos de millones de discos D vendidos para, al final, tener dificultades en encontrar un sitio en el que caerse muerto. Y encima, paladas y paladas de tierra al personaje, del que se ha dicho de todo: calvo, escuálido, drogodependiente, sin nariz, sin familia, sin hijos... pues eso, que no son maneras éstas de tratar a un muerto. No hace tanto tiempo que ocurría todo lo contrario, que, dicho sea cruzando los dedos, casi daba gusto morirse por lo bien que lo trataban a uno... Se le pasaba un suave velo mojado por sus vicios y máculas, y se oreaban sus virtudes, si las hubiere, y si no, también, que inventarle excelencias a un recién muerto siempre fue éticamente aceptable en cualquier cultura y religión. Pues eso, que aún estaba el cuerpo presentísimo de Michael Jackson buscando un nicho, como cualquier vendedor de programas de tele o experto en marketing, cuando se estrenaba en España una película japonesa titulada Despedidas que ganó el Oscar a la mejor película extranjera y que ha dirigido Yojiro Takita, quien les sonará mucho menos que el Thriller de Michael Jackson. La cosa es que Despedidas trata justo de eso, es decir, de lo contrario, del modo en que la cultura japonesa despide a sus difuntos y de la ceremonia de amortajamiento, tan historiada y solemne al menos como esa célebre del té. En muchas escenas de esa película, y con un tono de comedia suave y ligero melodrama, se ve al protagonista afeitar (de afeites) y ataviar con infini- ta dulzura al finado y cliente. Y uno piensa que si Michael Jackson hubiese sido japonés hubiera tenido un mucho mejor trato en esta coyuntura, que no es tal coyuntura dado su carácter definitivo... Si Michael Jackson hubiese sido japonés... (No, hay algo que recomienda no seguir esta hipótesis que no nos llevaría a ningún sitio, pero... de manera instantánea se hubiera procedido a la ceremonia de amortajamiento, aunque sus singularidades físicas producto de una vida quirúrgica compleja le hubieran dado a su embalsamador un trabajo terrible. Claro, que si Jackson hubiera sido japonés no se tendría que haber sometido a tanto experimento epidérmico, y tal vez, sólo tal vez, su nariz estuviera íntegra, y su moral y su ego y su salud... En fin, y sólo tal vez, ni su embalsamador se hubiera tenido que lucir con su trabajo extra ni yo con este artículo. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Parole, parole, parole POR XAVIER PERICAY upongo que sería la promesa de un servicio diligente lo que llevó un buen día a los establecimientos de reparación de calzado a llamarse rápidos O quizá fuera la ampliación de sus prestaciones a la reproducción instantánea de llaves. El caso es que esos establecimientos han lucido siempre en el frontispicio su celeridad. Y hasta los hay que se han convertido en super rápidos Aun así, las cosas están cambiando. Y es que el rótulo tradicional ha dejado paso a uno nuevo. Reparación S artesana de calzado se lee ahora en alguna de esas tiendas. Cuidado, no se confundan: el negocio sigue siendo el mismo. Ninguno de esos antiguos rápidos ha renunciado a la mecanización para retomar las herramientas de antaño. No, lo único distinto es el nombre. O sea, el reclamo. Lo importante ya no es la rapidez, sino el señuelo de la artesanía. Como si el cliente tuviera que sentirse mejor calzado- -o mejor reparado en su calzado- -porque el zapatero remendón ha puesto en su trabajo un sello personal. Mucho me temo que ese fenóme- no- -extensible a otras áreas, como por ejemplo la alimentación- -revela la existencia de un rechazo, más o menos explícito, a lo que constituye la esencia de nuestro tiempo; a saber, la tecnología y el milagro de la reproductibilidad- -de la que la clonación no es sino el último estadio. Sobra decir que ninguno de los partidarios de las artes tradicionales está dispuesto a renunciar a las ventajas del progreso. No; se trata de volver al pasado, pero con las comodidades del presente. Un imposible, en suma. La tendencia del ser humano a engañarse es proverbial. Sobre todo si las consecuencias son tan felices. Y el lenguaje, claro, sirve magníficamente a este propósito. Otra variante de esa cruzada verbal contra la modernidad es el lema con que algunos ayuntamientos pretenden reducir la velocidad de los automóviles en los centros urbanos. Al experimento lo llaman pacificación del tráfico Como si, en vez de coches, lo que rodara por allí fueran tanques. Habrían podido usar limitación o reducción de la velocidad pero no, el efecto no habría sido el mismo. Con el coche no caben miramientos. Estamos, sin lugar a dudas, ante una de las máximas encarnaciones del maligno. Del maligno tecnológico, se entiende. No basta con sembrar la ciudad de bucólicas bicicletas. Es la guerra, y ¿quién no desea la paz? De todos modos, nada como la lucha contra el cambio climático Porque aquí el mecanismo ya no consiste en el uso de un concepto que remite a la Arcadia del pasado o al limbo buenista del presente, sino en la negación de la evolución. Por el cambio rezaban aquellos carteles del 82. Sí, aquellos. www. xavierpericay. com