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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE La Cazuela. Lugar reservado para las mujeres en los teatros españoles del Siglo de Oro. A la derecha, el apretador encargado de aprovechar el espacio El episodio fue, sin duda, piedra de escándalo y, presumiblemente, no se hubiera tolerado en ninguna otra corte europea. Sin embargo, en aquel Madrid inquisitorial, que pintan- -con razón- -como una cueva del oscurantismo y la intolerancia, no hubo ningún bárbaro que se sintiera autorizado a ofender de obra a la pareja. Casi ni de palabra; solo alguna leve sátira literaria que destiló la venenosa pluma de Góngora. No recibió el sacerdote sacrílego amenazas de los guardianes del orden y la moral. ¿Hubiera podido sobrevivir Lope en la Ginebra calvinista? ¿Hubiera podido quejarse en libertad, como hace en sus poemas de vejez, en la Inglaterra de los puritanos que poco después, en 1642, cerraron los teatros durante cerca de cincuenta años? El poeta se ve tolerado, a pesar de su vida irregular, pero nunca convenientemente premiado. Sus pretensiones de ser reconocido, de alcanzar alguno de los honores que elevaban hasta el estamento nobiliario, tropezaron una vez tras otra con su origen plebeyo, su falta de títulos académicos y su comportamiento poco ejemplar. Incluso lo que las mismas autoridades consideraban un mérito, su extensísima obra literaria abierta a todos los públicos y apreciada por las más diversas instancias, no dejaba de tener la marca infamante de lo mercantil. De esa situación- -libertad para protestar en sus poemas y amarga decepción íntima- -surge el peculiar humor que impregna la obra final del Fénix y le permite bromear irónicamente sobre sí mismo, sobre su gesticulante pasión, sobre la vehemencia de su expresión literaria, sobre sus quiméricas ilusiones... El sesgo paródico pone un contrapunto agridulce a la exaltación amorosa o al ademán heroico de tantos versos de juventud y madurez. La vida de nuestro poeta son más de cincuenta años trabajando sin desmayo y derrochando genio, intuición y sabiduría técnica en su obra lírica y dramática. Incluso la parte menos abundante de su ingente producción, la prosa, dio algunas obras sublimes, de un singular encanto: las originalísimas Novelas a Marcia Leo- RICARDO SÁNCHEZ Curiosidades de los corrales El apretador: para hacer sitio a un número mayor de espectadores, existía la figura del apretador. Esta tarea era particularmente relevante en la cazuela, donde las espectadoras y su amplios vestidos tenían que achucharse para poder acoger a todas las que deseaban asistir al espectáculo. Asientos en el tablado: en el mismo tablado en que se daba la representación, se colocaban en ocasiones asientos reservados para las autoridades, que compartían el escenario con los actores que interpretaban la comedia. Las bacinillas: no existían en los corrales servicios higiénicos, por lo que las espectadoras hacían sus necesidades en unas bacinillas de barro, cuyo contenido se arrojaba después a un pozo ciego. Obsequios y galanterías: a pesar de la escrupulosa división entre varones y mujeres, la asistencia al corral de comedias propiciaba el intercambio de regalos. Los mosqueteros obsequiaban a las mozas de la cazuela con cucuruchos de frutos secos, que les entregaban los alojeros, y las féminas les hacían llegar cintas de colores y otros objetos de uso personal. Entradas separadas: aunque no siempre se cumplía, las ordenanzas exigían que varones y mujeres entraran por puertas distintas que no dieran a la misma calle o plaza. narda, la excepcional acción en prosa titulada La Dorotea. A Lope le perjudica su fecundidad legendaria. Lope- -he dicho en alguna ocasión- -se hace sombra a sí mismo: unas obras dejan en penumbra a otras. Hasta hoy no hemos descrito cabalmente la aventura estética, la complejísima trayectoria que trazó para alumbrar una parte muy relevante de la cultura occidental moderna. A él se debe la consolidación de un teatro comercial y poético cuya fórmula se ha prolongado a través de la comedia, el drama musical y el cine hasta nuestros días, aunque muchos no reconozcan y otros no sepan lo que deben al poeta madrileño. Lope es también el configurador de los últimos y deslumbrantes esplendores del petrarquismo; descubre una nueva sentimentalidad y convierte la materia autobiográfica en sustancia poética. Con su impulso, la lírica tradicional (romances, villancicos, canciones, seguidillas... pasa a ser un patrimonio estético que nunca abandonará al pueblo español. Poeta culto y popular, comediógrafo alado y jovial, trágico de una intensidad sin parangón, ensayó todos los caminos que le ofrecía la cultura de su tiempo y los que él inventó sin el auxilio de nadie y, muchas veces, sin pretenderlo.