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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Farrah Fawcett La melena del ángel El más atractivo de Los Ángeles de Charlie, el cuerpo mejor puesto en más de doce millones de pósters de la década de los setenta, murió sin tiempo para casarse con Ryan O Neal, su novio de casi toda la vida POR EDUARDO CHAMORRO na invasión de bucles rubios y alborotados en el frescor de una lozanía casi inédita se apoderaba gozosamente de la pantalla: era esta chica con casi cuarenta años menos. Una melena que era un chachachá, una dentadura olímpica, unos pómulos de melocotón, unos labios con vida propia y unos pechitos revoltosos bajo la tela de una camisa polo azul, desenvuelta y frutal. Su nombre era impronunciable: Farrah Fawcett Majors: uno de los tres Ángeles de Charlie, aunque, en comparación, los otros dos- -Jacklyn Smith y Kate Jackson- -jamás alzaron demasiado el vuelo. La guapa fue siempre ella, la corporalmente hermosa y la más oportuna para la renovación de aquel culto a la pin up la chica cuya foto colgaba en lo alto de las taquillas de campaña de los soldados. Convertida la foto de la bella en un retrato a gran tamaño llamado póster que invadió los dormitorios de estudiantes y adolescentes, Farrah Fawcett posó para esa apoteosis con un traje de baño rojo, y ya no hizo falta más. Más de doce millones de fans compraron el cartel e instauraron el más flamígero sex symbol de los setenta. John Travolta rindió los debidos honores en el papel de Tony Manero, el bailarín chuleta de Fiebre del sábado noche al reconocer que le había vuelto loco. Hija de un trabajador de los campos petrolíferos y de una ama de casa, Farrah Fawcett nació el 2 de febrero de 1947 en Corpus Christi, Texas. Un semestre en la Universidad de Texas fue suficiente para acreditar que las aulas no eran lo suyo. Hollywood sí podía serlo, y lo fue con creces. La chica se dio a conocer en los anuncios del champú Bella Walsam y del maquillaje Noxzema, y la televisión no tardó en contratarla para la serie El hombre de los seis millones de dólares con cuyo protagonista, Lee Majors, contrajo matrimonio en 1973 para divorciarse en 1982. Una cláusula de aquel matrimonio le obligaba a abandonar U todos los días, a una determinada hora, el rodaje de Los Ángeles de Charlie para preparar el almuerzo a su marido. Conocí la fama mucho antes de tener talento Y fue en mitad de la fama proporcionada por Los Ángeles de Charlie cuando decidió abandonar la serie y abordar otros proyectos irregulares y, en general, desafortunados. Hizo una apuesta por su talento sin abandonar las posibilidades de sus otros atributos, mucho más obvios, aunque a veces recurriera a ellos de la manera menos sensata y más escandalosa. Es lo que hizo al presentarse en el show de David Letterman con un vídeo de Playboy en el que aparecía desnuda para que le pintaran el cuerpo, y signos evidentes de que el alcohol había acompañado a la pintura. AFP Luego fue una serie de películas sin pena ni gloria para las que buscó refugio y consuelo en la alternativa de volver al rodaje de Los Ángeles de Charlie, o los brazos de Ryan O Neal, un íntimo amigo de Lee Majors con el que emprendió una relación apasionada, errática, turbulenta, desconcertante y lo suficientemente romántica como pa- Las chicas eran guerreras en los años setenta AP Farrah Fawcet (a la derecha) fue Jill Munroe, la guapa de Los Ángeles de Charlie serie emblemática de los setenta, cuyas protagonistas sabían tanto de cuidar la melena como de asestar terminales patadas a los villanos a los que se enfrentaban, siempre al servicio del invisible Charlie Townsend. Una nueva forma de entender la femineidad que constituiría todo un legado para posteriores generaciones ra mantener en activo durante dieciocho años los recursos de la prensa del corazón y el cotilleo radiofónico y televisivo. Todos los productores tienen siempre cinco o seis guiones por los que me dejaría los huesos, aunque siempre hay una docena de actrices que son las que acaban llevándose ese gato al agua Uno de esos guiones fue la oportunidad para una renovada medida de su talento. The Burning Bed, la verdadera historia de Francine Hughes, es la crónica de un episodio de violencia doméstica en el que la esposa humillada y maltratada se venga de su marido llevándole a la muerte en el incendio del domicilio conyugal. Su interpretación mereció ser nominada para un Emmy. Entonces descubrió que sus rasgos mostraban una singular facilidad para abandonar las líneas de una belleza juncal, y ceñirse a la apariencia de unas facciones angulosas, secas y cortadas a cuchillo, devastadas y patéticas, perfectas para la interpretación del desguace psicológico, del saqueo afectivo, de la bancarrota sentimental. Y esos fueron los registros que aplicó a conciencia cuando consiguió el papel de la joven violada en Extremities, interpretada por Susan Sarandon en su versión off- Broadway. Lo que no le impidió posar de nuevo para Playboy y, a continuación, alcanzar un nuevo éxito con su interpretación de la mujer de Robert Duvall en The Apostle. Luego, en 2005, emprendió un documental doméstico sobre sí misma, malogrado por el diagnóstico de la enfermedad que acabó con ella.