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5 7 09 ACTUALIDAD Manuel Zelaya POR MANUEL M. CASCANTE. TEGUCIGALPA. ENVIADO ESPECIAL o soy un campesino decía este miércoles ante la Asamblea General de la ONU el depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya. Nadie lo duda. Con sus casi dos metros de estatura, guayabera alba, botazas, mostacho y sombrero de ala ancha para moverse por el rancho, Mel no oculta su condición de terrateniente y ganadero. Manuel Zelaya Rosales es el primogénito de los cuatro hijos tenidos por Manuel Zelaya Ordóñez y Hortensia Rosales Sarmiento, descendiente de una familia de origen vasco: uno de los clanes que han manejado desde siempre, o casi, la política, la economía, la ley, la milicia, la cultura y todo lo que se mueve en Honduras. Estudió en el colegio del Niño Jesús de Praga y en el Instituto Salesiano San Miguel, en Tegucigalpa, y cursó Ingeniería Civil en la Universidad de Honduras, pero en cuarto de carrera abandona la facultad para centrarse en sus tareas empresariales vinculadas a la tala y comercio de madera. En 1975, tras el golpe que llevó al poder al general Juan Alberto Melgar Castro, los Zelaya se verán envueltos en el asesinato de dos sacerdotes- -un estadounidense y un colombiano- -y trece campesinos en su finca de Los Horcones. Los criminales habrían sido sicarios contratados por los caciques del lugar. En 1976, Melito (luego pasarían a llamarlo Mel como a su padre) contrae matrimonio con Xiomara Castro Sarmiento, que le dará tuvo cuatro hijos. Afiliado desde 1970 al Partido Liberal de Honduras (PLH) una de las dos grandes fuerzas políticas del país, en los ochenta comienza su carrera política. Adscrito, como su padre, al Movimiento Liberal Rodista (MLR) facción conservadora y dominante en el PLH, posteriormente pasa a las filas del Movimiento Azconista. En 1985 obtiene acta de diputado en el Congreso Nacional. Zelaya protagoniza hacia 1997 otra migración en las filas liberales; ahora, al sector progresista del En un sainete bananero Terrateniente, vástago de una de esas familias que siempre han dominado la vida política de Honduras y miembro de un partido de orden, en cuestión de meses abraza el populismo de Chávez, monta un carajal, le dan un golpe de Estado y pasa de aspirante a tirano a mártir de la democracia Y presidente Carlos Roberto Reina Idiáquez. En 1999 se presenta como precandidato presidencial para las elecciones de 2001, pero pierde ante Rafael Pineda Ponce. Las primarias de 2005 lo convierten en estandarte del PLH para las elecciones de ese año. Sus limitadas dotes para la oratoria las suple con una actitud desenfadada- -pero temerosa de Dios- -acompañada de su afición a cantar y a tocar la guitarra. Todo ello le labra una imagen alejada de la clase política tradicional. Habla del poder ciudadano, de combatir la corrupción, de austeridad y honradez, de creación de empleo (sobre todo, en el sector de la maquila manufacturera) y construcción de viviendas, de becas escolares y de servicios sanitarios para todos. Y de poner fin a una pobreza que afecta a más de cinco de los siete millones y medio de hondureños. Las encuestas lo situaban en los comicios de noviembre de 2005 por debajo del aspirante nacionalista, Porfirio Lobo Sosa, quien ofrecía mano dura contras las bandas juveniles (maras) incluida la pena de muerte. Tras casi un mes de recuento de votos plagado de irregularidades, Zelaya es designado ganador por apenas 75.000 papeletas. El 27 de enero de 2006 recibía la banda presidencial (séptima desde el retorno de la democracia en 1980) de manos del presidente del Congreso, Roberto Micheletti, quien tres años, cinco meses y un días después habría de firmar su destitución y sucederlo en el cargo. Sus limitadas dotes para la oratoria las suple con una actitud desenfadada- -pero temorosa de Dios- -acompañada de su afición a cantar y a tocar la guitarra En las calles, miles de ciudadanos salieron a festejar la salida de Mel bajo el lema Porque los buenos somos más y queremos vivir en paz Los dos primeros años de Zelaya en el poder transcurren sin demasiados sobresaltos, aunque el mandatario comienza a distanciarse de los poderes públicos, incluidos sus compañeros de partido, y de la oligarquía financiera del país. La sorpresa llega en agosto de 2008, cuando Honduras ingresa en la actual Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) Lo que al principio parecía una frivolidad destinada a obtener petróleo venezolano a buen precio devino en una deriva populista por parte de Zelaya. La ruptura del mandatario con sus correligionarios liberales llega ese mismo año, cuando ha de decidirse el candidato a la Presidencia en las elecciones de noviembre de 2009. Zelaya apoya a la canciller, Patricia Rodes, mediante la plataforma Poder Ciudadano. Según sus detractores, ella sería una marioneta en manos de Zelaya para reformar la Constitución y permitir su reelección en la siguiente legislatura. El partido, en cambio, sostiene a Micheletti, quien consigue derogar las leyes que impedían su postulación. Pero las internas dan como vencedor al vicepresidente, Elvin Santos. La peleada elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia impedirá la ansiada reforma constitucional, por lo que Zelaya se lanza a la campaña de la cuarta urna someter a consulta popular la posibilidad de votar, junto a presidente, legisladores y alcaldes, la convocatoria de Cortes constituyentes. La pregunta sería: ¿Está usted de acuerdo que en las elecciones generales de noviembre de 2009 se instale una cuarta urna para decidir sobre la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que apruebe una Constitución política? La oposición denuncia el desvío de recursos públicos para sufragar la iniciativa (Zelaya no ha presentado en 2009 los presupuestos generales) y, para frenar la estrategia, se decreta una ley parlamentaria por la que se impide convocar referendos en año electoral