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D 7 28 6 09 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE La dolce vita keniana Es éste un mundo de ricos, famosos y delincuentes que tras dar el pelotazo vienen a estas costas en busca de un lujo imposible en Europa TEXTO Y FOTO: EDUARDO S. MOLANO uedarse dormido mientras se escucha el ronroneo del mar debe de ser uno de los pocos sonoros placeres de la vida a los que- -de momento- -la SGAE no ha puesto precio. Por ello supongo que comprenderán, como yo lo comprendo, que ese aristócrata llamado Ernesto de Hannover la emprendiera a golpes con el dueño de una discoteca que perturbaba su merecido descanso- -el matrimonio con Carolina de Mónaco debe de ser agotador- -en la isla keniana de Lamu. La supuesta agresión- -bonito eufemismo cuando se habla de reventar la mandíbula a alguien- -habría tenido lugar durante unas Idilio y pecado vacaciones familiares del aristócrata en la isla, tras sentirse importunado por el ruido del local, que perturbó su descanso hasta un punto intolerable. Por este incidente, ocurrido en 2000, Ernesto ha comparecido recientemente ante la Justicia alemana. Aunque otras miserias de la costa keniana, formada por idílicos parajes naturales, pero poblada por animales de piel dorada, escasa vestimenta y billetera abundante, todavía siguen a la espera de juicio. Una lujosa cantera para aprendices de boxeador que, en una nueva jugarreta del destino, se encuentra a sólo unos kilómetros de Somalia, el mayor infierno del mundo. No es extraño. Al Diablo no le gusta alejarse demasiado de casa me replicaba con sorna uno de los camareros locales. Malindi, a unas horas de la isla de Lamu, es también un caso ejemplar. Es como una ciudad italiana trasplantada a África, que despliega las miserias propias de ambos mundos. Disfrazada de paraíso terrenal, sus playas son también un imán para menores que ofrecen- -a precio de caipirinha -favores sexuales a unos clientes cuyas intenciones son imaginables con sólo observar sus minúsculos bañadores. Uno de los más famosos y envidiados habitantes de la dorada costa keniana es Flavio Briatore. El magnate de Renault es el espejo del éxito para muchos italianos que sueñan con emular su nivel de vida. Aunque algunos de los que por aquí se encuentran no hayan alcanzado la cima precisamente con un coche de carreras, sino con algún que otro asunto judicial pendiente. Gentes de poderosa billetera que viajan a Malindi en busca de un superlujoso tren de vida imposible de lograr en su país de origen. La flor y nata del mundo del papel cuché es visitante habitual de la mansión Briatore. Ricos y famosos que visten de glamour estos parajes. El otro lado, la otra dimensión, la cruz de este idílico lugar se refleja en que a la puerta de aquellos otros expatriados de bañador corto suelen llamar, en cambio, los servicios secretos kenianos e italianos. Y no precisamente para tomar café. Tráfico de drogas y de blancas se han convertido en un lucrativo negocio de la costa. De ser la principal ruta del opio procedente de Afganistán, Malindi ha pasado a convertirse en un centro de consumo de estupefacientes para una desahogada comunidad extranjera que vive al margen de la miseria africana. Una Ibiza tropical, pero con reminiscencias del barrio sevillano de las 3.000 viviendas. Eso sí, con una de las mejores bandas sonoras para echarse una cabezada o, como prefieren ciertos aristócratas: para dormir la resaca. Q Los mares de Kenia ofrecen una naturaleza paradisiaca para lujos a menudo bastante menos inocentes PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7