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26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE OCÉANO ATLÁNTICO Casablanca Essaouira Islas Canarias Rabat Tánger ESPAÑA Fez MARRUECOS Marrakech N Agadir ARGELIA 200 km SAHARA OCCIDENTAL ÁFRICA Pistas Cómo llegar. Iberia y Air Maroc ofrecen varios vuelos diarios a Marrakech. Desde aquí a Essaouira hay 140 kilómetros. Hoteles Relais Châteaux. Su precio mínimo es de unos 400 euros al día, pero ahora tienen una oferta de 8 días para dos personas, todo incluido, por sus cuatro hoteles marroquíes (Ksar Char Bagh, L Heure Bleue, La Villa des Orangers y Dar Ahlam) dos noches en cada uno, por 3.200 euros por persona. Qué comer. La cocina marroquí es riquísima: el couscous, la pastella, el cordero a la menta... y una enorme variedad de pescados. Laurent compró hace años y en los que se construyó una preciosa casa donde pasaba con su compañero Bergè largas temporadas, abandonamos Marrakech en dirección a Essaouira. Allí, tras tres horas de viaje por olivares, viñedos y campos de cereales, topamos con un árbol único, el arganier que sólo se da en Marruecos, con un fruto como la almendra del que se extrae un aceite comestible y muy apreciado como rejuvenecedor del rostro. Las cabras adoran sus frutos y se suben a lo alto de sus ramas para darse un festín. De repente, aparece el mar y la bella Essaouira, la perla del Atlántico, la ciudad fortificada con una extraña mezcla arquitectónica de estilos, paraíso de surfistas y amantes de la pesca submarina. Al entrar en su medina nos espera otro Relais Château, L Heure Bleue llamado así porque al atardecer, cuando el sol ya ha caído, el cielo se vuelve como por arte de magia completamente azul. Todo un misterio de la sabia naturaleza. L Heure Bleue una antigua morada palaciega, es hoy el hotel más chic de Essaouira, rehabilitado y decorado de forma especial, porque sus habitaciones y suites Hotel Ksar Char- Bag, en Marrakech. A uno le parece estar hospedado en la Alhambra. Foto superior, piscina. Junto a estas líneas, terraza con jaima de una suite (la mayoría) reflejan una elegancia colonial de varios estilos: oriental, portugués, inglés y africano. Tanto su patio central (con su jardín y el murmullo del agua) como su terraza con piscina y espléndidas vistas a la Medina y al mar incitan al viajero a quedarse de por vida. Porque Essaouira fue la ciudad preferida de Orson Welles, quien rodó aquí su Otelo y pagaba con sardinas a los que cargaban el equipo, que ya se sabe que en el caso de los peliculeros es enorme. Su puerto pesquero es el mayor de Marruecos. Desde primera hora de la mañana y hasta el mediodía no paran de llegar barcos cargados de sardinas (se pueden comprar a un euro el kilo) rodaballos, calamares, doradas, lenguados, centollos... Essaouira es un oasis de tranquilidad, incluso su medina no es tan bulliciosa como la de Marrakech, y sólo la llamada a la oración, cinco veces al día, rompe el ajetreo del comercio. Los hombres lo de- jan todo. Salen a la calle y, mirando a La Meca, hacen sus plegarias. Curiosa ciudad ésta, donde los portugueses echaron sus anclas en el siglo XI (su arquitectura se palpa en cada esquina) y los judíos construyeron su peculiar y distinto barrio dentro de la medina, hoy restaurado y habitado por extranjeros amantes de la tradición (siguen pintando las puertas de azul para ahuyentar a los mosquitos) y el exotismo. Forasteros que comenzaron a llegar allá por los años sesenta atraídos por el movimiento hippy que llenó la ciudad de jóvenes seguidores de Jimi Hendrix, cuya creatividad encontró en la enorme playa de Essaouira la inspiración de su famoso tema Castle in the sun Essaouira es la ciudad blanca, es la belleza decadente, es la ciudad hecha viento (la Tarifa marroquí) la ciudad que arrancó con los fenicios que hacían escala en las islas de Mogador (así se llamaba antes la ciudad) la ciudad de las islas púrpura porque en ellas se encontraban unos moluscos que proporcionaban tintes para las capas reales de los emperadores romanos. En suma, la ciudad más bella de Marruecos.