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28 6 09 HORIZONTES La ruta de los palacios POR CARMEN FUENTES odo comienza aquí al lado, en Marrakech, a unos 1.500 kilómetros al sur de España, ciudad que los reyes almorávides crearon en el siglo XI convertida hoy en uno de los lugares turísticos más exóticos e importantes del Magreb, por la cantidad de gente que la visita, ansiosa de sensaciones olfativas y visuales. Y es que en Marrakech el bullicio, el olor y el colorido de sus zocos es sorprendente, como lo es el verdor de sus palmeras y jardines, el ruido de sus fuentes y el calor asfixiante de su sol que, a finales de junio, se clava como una espada en la cabeza. Los habitantes de Marrakech tienen una peculiar y sugerente forma de ver la vida, eso sí, cara al público, por la tarde y en una plaza, la de Yemaa el Fná, un lugar para mirar porque todo aquí sorprende e impresiona, máxime cuando Marruecos En plena Medina o a los pies del Atlas están enclavados estos familiares hoteles de la cadena Relais Châteaux, que hacen vivir a sus huéspedes un viaje inolvidable por la ruta de los palacios del sur de Marruecos T Todas las gamas del azul se dan cita en L Heure Bleue entre los empujones alguien te pone alrededor del cuello y sin avisar una cobra atontada no apta para cardíacos. Tras la espantada, y al mirar hacia otro lado para ahuyentar el pánico, el viajero se sorprende al ver la esbelta Koutubia, la hermana gemela de la Giralda sevillana, que nos hace sentir como en casa, aunque ya de por sí los españoles tenemos mucho de árabes: el amor al aire libre, las frutas, los dulces, el bullicio, los chiringuitos, el sol, el calor, los jardines, el arte del regateo... Marrakech es una ciudad mágica, con su gran medina, antigua y espiritual, sus espléndidas murallas, sus palacios... pero también es agobiante y sobrecargada. Cuando ésta se abandona, camino del hotel Ksar Char- Bagh, un palacete morisco al estilo de los del siglo XIV empieza el verdadero viaje a la paz, al descanso y al lujo, muy de agradecer tras el agotador mundo L Heure Bleue antigua morada palaciega y hoy el hotel más chic de Essaouira del comercio ambulante de babuchas y cachivaches. Enclavado en medio del fabuloso palmeral y rodeado de 5 hectáreas de jardines y huertos, donde las palmeras se entrecruzan con los olivos y el viento perfuma el ambiente con aromas de higuera, en este espléndido palacio morisco el viajero siente la sensación de hospedarse en la Alhambra de Granada. Su arquitectura interior, con patios, fuentes y jardines, invita a este sueño. Y para qué hablar de las suites, con jaima en la terraza para disfrutar de un té al ocaso; jardines y piscina privados, para no ver y no ser visto (hace unos días estuvo Giorgio Armani descansando aquí) y su hammam, donde el jabón negro (a base de extractos de aceituna) y el ritual del baño árabe y los masajes te transportan a otro mundo: al de los Relais Châteaux, el club al que los amantes de los hoteles se pirran por entrar, porque su exquisito servicio y su trato personalizado es para viajeros exigentes. Los Príncipes de Asturias, sin ir más lejos, eligieron un Relais Château (en la isla polinesia de Tana a) para su viaje de novios. Tras visitar los espléndidos jardines de Majorelle, que Yves Saint-