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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Las cosas del cine... español POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE E l cine español está negociando consigo mismo su lugar en el mundo, o mejor, en nuestro mundo. Lo normal hasta ahora es que el cine español se vea mucho más en cualquier otro sitio que en su lugar natural, las salas. Abre uno el periódico, allí está, el cine español dice y el cine español hace; en la radio o en la televisión, el cine español habla constantemente del cine español; mete uno la cuchara en la sopa y saca una opinión de o sobre el cine español, y ahora no, pero hasta hace poco, no había una manifestación, una protesta y un posicionamiento (perdón, pero lo de la ceja no hay otro modo de decirlo) sin que el cine español se apresurara a hacerse visible y audible. Y, entre otras cosas, por todo esto el cine español pasó a ser los del cine español Desde que hace unos días el director Álex de la Iglesia se ha (y le han) echado encima la responsabilidad de presidir y representar a la Academia del Cine Español, da la impresión de eso, de que están negociando consigo mismos el lugar que deben buscar en nuestro corazón esencialmente, y en nuestra cartera, circunstancialmente. Sólo así se entiende una frase dicha a un periódico por Álex de la Iglesia: Para el cine español no es el momento de pedir, sino de dar Esas disyuntivas entre el tiempo de pedir y el de dar tal vez le vengan al presidente de la Academia por el apellido, pero el caso es que, contraviniéndose a sí mismo, lo primero que ha hecho de la Iglesia es una petición: que vuelvan Pedro Almodóvar y José Luis Garci a la Academia... Y se lo deben de estar pensando, porque quizá se malician que, una vez allí, y tras la petición, comiencen de nuevo a darles, o sea, en el sentido de propinarles. En fin, ojalá que vuelvan y que les den, pero premios Goya. Según una reciente encuesta sobre el cine español, la mayoría piensa que es aceptablemente bueno, pero admite que no va a verlo, y la razón de esta actitud aparentemente contradictoria es que como es un cine de andar por casa, pues lo adecuado es verlo en casa Y en las salas, previo paso por taquilla, la mayoría prefiere películas de gran producción, gran aparato y que hablen de tipos que no sean de su mismo barrio. Para equilibrar este incomprensible asunto (que el público deje de fastidiarse a sí mismo y pueda ir a ver las películas españolas a las que tanto considera pero que rehúye) el sector ha tenido una idea realmente original: que se subvencione el precio de la entrada en taquilla para ver películas españolas; es decir, que el Estado pague la mitad (un suponer) de nuestras entradas si elegimos la sala adecuada. Pero el Estado saca el dinero de nuestros bolsillos. Y es el momento de perderse por completo: el Estado nos coge dinero para dárnoslo luego en la entrada de los cines para ver nuestras películas preferidas, que son las españolas, y que si las ponen al mismo precio que las demás, pues no vamos a verlas. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Millones son amores POR XAVIER PERICAY U no no sabe ya, a estas alturas, si lo que más ha indignado del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid ha sido el precio pagado por el futbolista o las facilidades dadas por un par de entidades bancarias para que el club pudiera realizar la adquisición. Sea como sea, tantos millones de euros escuecen. Sobre todo por contraste. Y sobre todo en tiempos de crisis, cuando millones de españoles están con una mano delante y otra detrás- -o casi- -y no les queda más remedio que resig- narse ante la negativa con que esas mismas entidades bancarias, y el resto de los bancos y cajas, acostumbran a responder a sus frugales peticiones de crédito. Es lo que va de la solvencia a la insolvencia. De la solvencia de un club y un empresario todopoderosos, capaces de garantizar el retorno del préstamo solicitado mediante la explotación de los derechos de imagen del jugador, a la insolvencia de muchísimos particulares- -entre los que se encuentran no pocos pequeños empresarios- necesitados de una línea de crédito para salir adelante y que no tienen con qué ampararla. Pero, junto a esa clase de contrastes, propios de la libertad de mercado y de un mundo y una economía cada vez más globalizados, están los contrastes de orden moral. Como el planteado, por ejemplo, por Joan Massagué. El eminente científico, que acaba de recibir el Premio Fronteras del Conocimiento, de la Fundación BBVA, en el apartado de Biomedicina por sus trabajos sobre la metástasis de las células cancerosas, decía hace unos días en estas mismas páginas que los fichajes de Ronaldo y Kaká le hacían pensar en los pacientes que sufren enfermedades que hoy en día no son manejables y en las dificultades económicas por las que pasan proyectos de investigación que, de contar con una inversión mayor, permitirían salvar muchas de esas vidas. Y lo curioso es que Massagué no estaba reclamando, con sus palabras, un incremento notorio de la financiación pública, sino de la privada. O sea, de la filantropía, componente esencial del modelo estadounidense, que él tan bien conoce. ¿Es posible la filantropía en España? ¿Es posible imaginar en nuestro país una forma de ayuda desinteresada que vaya más allá de la que practican ahora unas pocas, poquísimas, instituciones? ¿Puede llegar el día en que los millones invertidos en el futbol- -cuyo futuro parece, este sí, asegurado- -dejen de producir sonrojo, y hasta vergüenza, en comparación con los que la llamada sociedad civil dedique, gratis et amore a la salud y al bienestar del género humano? Sí, pero para ello haría falta que esa sociedad civil existiera. Que es como decir que España fuera lo más parecido a EE. UU. www. xavierpericay. com