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28 6 09 ACTUALIDAD Medio siglo del vuelo del águila TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO Bahamontes Su patrón, un tal Fausto Coppi, le dijo en 1959 que ganar el premio de la montaña del Tour estaba bien... pero que debía aspirar a la victoria absoluta. Federico tomó nota y entró en la historia del deporte español ede ya sabe quién va a ganar el próximo Tour. El que haga el recorrido en menos tiempo El oráculo esboza una sonrisa tan grande como sus manos, manos de carpintero, de trabajador del campo, garras de águila que se aferraban al manillar de la bici en las cuestas imposibles. Con esas mismas manos maneja estos días el papeleo de la Vuelta a Toledo este tipo fibroso, hiperactivo y de cabellera envidiable. Este joven de 81 veranos, abuelo apolíneo. Su vuelta lleva 44 ediciones, y sin fallar un solo año aclara, orgulloso. Empezó siendo algo pe- F queño, pero ahora me lleva mucho trabajo. Ciclistas nos sobran, lo que nos faltan son patrocinadores ¿Por la crisis económica? No. Por la mala prensa que ha traído el dopaje, mientras otros deportes- -algunos tan populares como el fútbol, dígalo bien claro- -se van de rositas. ¿Ha visto alguna vez a un ciclista en una discoteca? ¿Y a un futbolista? Pues eso Alejandro Federico Martín Bahamontes nació un lunes 9 de julio de 1928 en Santo Domingo- Caudilla (Toledo) en una casilla de peones camineros de Renfe, oficio que ejercía su padre. A los 17 años comenzó a trabajar como carpintero. Sus amigos le animaron a que se comprara una bicicleta de segunda mano para acompañarles en sus correrías. Me costó 30 duros (0,90 euros) recuerda. Y me fue muy útil para trasladar y vender fruta y obtener algún dinerillo extra Desafiaba a sus colegas y a la gravedad en la empinada rampa del Miradero; enseguida se dio cuenta de su facilidad para pedalear. Disputó su primera carrera a los 18 años, en Menasalbas. Quedé segundo. La cadena se me salía continuamente, así que opté por no cambiar de desarrollo y en las bajadas me pillaban todos En su segunda prueba, Toledo- Torrijos- Toledo, de 60 kilómetros, ya nadie pudo con él. En aquellos días de posguerra y penurias hubo un hecho que le hizo decantarse al fin por el ciclismo. Mi padre ganaba 1.500 pesetas segando durante el verano, y yo, 750 atando las gavillas. Cuando en 1948 regresé de la Vuelta a Ávila con 1.800 pesetas y un par de trofeos después de ocho días de competición... se acabó la discusión En 1953 dio un salto de calidad al conquistar una etapa y el Premio de la Montaña en la Vuelta a Asturias. Muy pocos conocen las circunstancias que rodearon aquel viaje al norte. No tenía un real. Tiempos locos Con Charly Gaul, uno de sus grandes rivales en la montaña ABC Así que me cité con unos compañeros en el parque del Retiro, en Madrid, para desplazarnos a Mieres en bicicleta. Nos metimos más de 500 kilómetros en un par de jornadas. Y luego, a la faena. Qué tiempos locos. Nuestro mánager era hermano de uno que corría conmigo. Llamaba a los pueblos para preguntar si había carreras en las que pudiéramos participar. Como estaba de jefe de estación en Aranjuez a veces nos colaba en los mercancías para no pagar el billete. Llegábamos a Burgos, por ejemplo, disputábamos una carrera y regresábamos en bici a Toledo. Parecíamos esos toreros que antiguamente caminaban entre viñas y melonares con el capote y la espada para hacer bolos en las fiestas patronales Sus éxitos no pasaron desapercibidos a Julián Berrendero, leyenda precedente y seleccionador, y le llamó para el Tour de 1954, el de su debut. En aquellos años los equipos que iban a la Grande Boucle se formaban por nacionalidades y los piques eran tremendos, llevando el debate a los aficionados. Mi pri-