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EL LIBRO 12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA día deteriorarse rápidamente, Armstrong comprobó al instante el rendimiento de los sistemas de la nave. Necesitaba saber urgentemente si la alarma lo obligaba a abortar inmediatamente el vuelo. A falta de información, dieciocho segundos después de pedir ayuda se vio forzado a repetir su pregunta y, por primera vez, se pudo apreciar ansiedad en su voz. -Dadnos una lectura de la alarma 1202 del programa. Cinco segundos más tarde, Houston finalmente respondió. -Recibido. Vamos con esa alarma. Utilizando la jerga del Control de Misión, desde tierra aseguraban a Neil que la alarma podía desconectarse y que era seguro continuar con el vuelo. Control de misión intentó pasar información adicional, pero el persistente ruido estático interrumpió la transmisión y, durante un rato, la comunicación fue intermitente. Hubo muchos momentos en los que Neil y Buzz simplemente desconocían hasta qué extremo los controladores podían seguir los datos que se enviaban de forma automática desde la nave. Era algo que nunca habían practicado. En las simulaciones de entrenamiento o bien todo había ido correctamente, o bien había ido mal; la cuestión de las cosas van más o menos bien, pero es difícil estar seguros jamás había surgido y los astronautas la encontraban molesta. La alarma del ordena- dor era aún peor. Continuaba indicando una advertencia, y a Neil y Buzz les parecía que tenían un auténtico problema. Houston estaba a tres días de distancia y, enfrentados a un error de cálculo del tiempo, comunicaciones interrumpidas y alarmas recurrentes, Armstrong y Aldrin estaban confiando puramente en su habilidad de pilotaje. Era difícil estar seguros acerca de dónde iban a descender exactamente, pero para entonces ya no importaba realmente, siempre y cuando se posaran sin percances. El Apolo 11 ya no estaba confinado a la ciencia de los ordenadores y trayectorias, ahora se trataba del arte de volar. De espaldas, el Eagle se enderezó hasta una posición vertical y ofreció a Neil una vista clara del suelo, que veía ante él. El ordenador guiaba la nave directamente hacia un enorme cráter junto a un campo de rocas, cualquiera de los cuales podía destrozar el tren de aterrizaje del módulo lunar o la campana del motor. A menos de trescientos metros, Neil tomó el control parcial de la nave. Mediante un mando de control, frenó la velocidad de descenso y se concentró en volar hacia adelante, y pasó casi rozando los peligros que había debajo sin decir una palabra a Control de Misión. En Houston, los controladores aéreos quedaron totalmente paralizados por la tensión cuando quedó claro que Neil estaba retrasando el alunizaje. Todos sabían que la nave se aproximaba a una altitud de tan sólo unas decenas de metros sobre la superficie que se sabía que era un punto sin retorno, una parte de la trayectoria de vuelo que se conocía con el nombre de la caja del muerto Intentar abortar la trayectoria en este punto comportaba toda clase de peligros. Neil ahora tenía que aterrizar, a salvo y rápidamente, antes de quedarse sin combustible. No se transmitían imágenes de televisión desde la nave espacial, así que todo de lo que disponían los controladores para seguir adelante era la telemetría. No obstante, ésta no explicaba por qué Armstrong estaba tardando tanto en descender, ni tampoco lo hacían las impasibles lecturas de los instrumentos de Buzz. Un seco anuncio de sesenta segundos desde control de tierra recordó a la tripulación que pronto deberían alunizar o intentar abor- Para Armstrong ésta era la oportunidad de que un hombre lograra algo incomparable. Se demostraría que los humanos, como especie, eran capaces de escapar de su planeta A Neil no le importaba que estuviesen 4,8 kilómetros más allá del punto de alunizaje, que las comunicaciones fuesen entrecortadas y que estuviesen bajos de combustible... tar la maniobra. Para Armstrong, que se estuviesen quedando cortos de combustible y tiempo eran meras partes de una ecuación. No había necesidad ni tiempo para discutir estas cosas con Buzz. Tampoco decía mucho a Houston; sólo presionaba el interruptor que transmitía sus palabras ocasionalmente. Hombre de una mente fría pero ágil, la habilidad de Neil para ocultar gran parte de esta cualidad a los demás fue algo que el mundo en ocasiones encontró frustrante. A Neil no le importaba que estuviesen ahora 4,8 kilómetros más allá del punto ideal de alunizaje, que las comunicaciones fuesen entrecortadas y que estuviesen bajos de combustible; lo que le importaba, mientras buscaba un lugar seguro para alunizar, eran las rocas de abajo. El combustible era una preocupación, pero pensaba que tendría suficiente para hacer el trabajo. Mientras asistía a Neil informándole constantemente de su posición, Buzz continuó leyendo en voz alta los instrumentos. -1,22 adelante; 1,22 adelante. Un poco desviados a la derecha. De acuerdo; abajo 0,15. -Treinta segundos- -informó Control de Misión. Con su papel en esta fase de la misión próximo a concluir, los controladores de vuelo no eran ahora más que meros espectadores, como todos los demás. Realmente, no hacía falta decir nada más. Todo dependía de Armstrong.