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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Valenaik y Pevamma cultivan plátanos con la ayuda de la Fundación Ferrer partamento de radiología. Todo un logro para una intocable el escalafón más bajo de la rígida estructura social de castas hindú. Vicente y Anne me cuidaron de niña en su casa. Estaba mejor con ellos que en mi propia casa, para mí son como mi familia. Sin ellos mi vida sería totalmente diferente Saimatha fue apadrinada en 1979 y los Ferrer la sacaron del campo donde trabajaba con su familia para que estudiase. Vicente hacía mucho hincapié en la educación, siempre me decía estudia, estudia Desafiando la tradición india, la joven se casó por amor. Su familia le dio la espalda. Luego, su valiente matrimonio salió mal. Con el pasó de los años su marido, taxista, sucumbió al alcoholismo. Cuando acabé el colegio Vicente y Anne me decían que tenía que buscar una profesión. Pero me casé y no lo hice. Cuando comenzaron los problemas en casa estudié enfermería en un centro de la Fundación y llevo seis años trabajando en el hospital Ahora Saimatha es la principal fuente de ingresos de su familia. El Hospital de Bathalapalli atiende cada día a entre 500 y 800 pacientes. Los niños apadrinados no abonan ninguna cantidad por sus servicios. Los padres de estos y las personas de castas bajas y tribus pagan un 25 del precio de los medicamentos. De esa forma aprenden a valorarlo explican en la FVF. En sus cercanías, en un solar que acogerá un parque, descansa Ferrer, enterrado el pasado lunes en medio de un emotivo baño de masas. A su entierro acudió P. Kothabota. Vicente pasaba por los pueblos andando y a los niños nos daba caramelos. Íbamos todos detrás de él, como un rebaño, persiguiéndole, a ver si nos daba alguno. Nos trataba con mucho cariño y nos gastaba bromas recuerda el joven. El destino había reservado para Kothabota una vida difícil. Procedente de una familia de casta baja dedicada a la agricultura sus opciones de futuro eran escasas. Sin embargo, ahora nos enseña con orgullo la Escuela de Secundaria para Niños Videntes e Invidentes de Pangal, centro que dirige con 164 niños, 48 de ellos ciegos y 75 con visión parcial. Apadrinado a los nueve años, estudió Ciencias en la Universidad de Tirupati becado por la FVF. Después se especializó en Pedagogía. Vicente era una inspiración por su voluntad de ayudar, nunca paraba. Cuando me licencié no lo pensé fabetismo y más hambre. Al poco de su llegada el Gobierno indio declaró la región como la más deprimida del país, en la nación con más desheredados del mundo. En pocas décadas la población debería ser desplazada a otras zonas debido al avance de la desertificación. En Anantapur no había lugar para la vida de los hombres. Pero Ferrer no se amedrentó. Tampoco las pintadas en las paredes que le invitaban a irse- Ferrer vete Quizás uno de los últimos misioneros en llegar a la India y probablemente el primer cooperante, cuando este concepto era aún desconocido. Con una voluntad inquebrantable echó a rodar su aventura con sólo seis voluntarios. Hoy la Fundación Vicente Ferrer (FVF) cuenta con 1.800 trabajadores y cerca de 5.000 voluntarios tras haber devuelto la dignidad a millones de intocables mujeres y grupos tribales marginados. Saimatha nació desnutrida y con nueve meses contrajo tuberculosis, debido a una deficiente alimentación. A quién recurrir sino al father Era 1972. Hoy, a sus 38 años, Saimatha es enfermera en el Hospital de Bathalapalli, en el de- dos veces. Quería volver a Anantapur a ayudar a Vicente. Devolver lo que ellos me habían dado explica. Una de sus alumnas es Marekna, de 13 años. Sus padres fallecieron siendo ella muy pequeña y sus tíos se hicieron cargo de ella. Desde hace un año vive en la residencia de la escuela. Chapurrea un poco de inglés, gracias a la asignatura que se imparte en este idioma, y pronto comenzará a recibir clases de informática. Cuando se le pregunta qué quiere ser de mayor esboza una gran sonrisa y dice profesora, en este colegio Si la educación era una de las principales preocupaciones de Ferrer, también lo era el agua. Solía decir que cuando llegó no había agua ni para bautizar A pesar de ser la segunda región más seca de la India, en Anantapur el 80 de la población vive de la agricultura. Así que uno de sus primeros objetivos fue la excavación de pozos. Vino a nuestro pueblo y nos habló de la necesidad de cavar pozos. Empezamos a excavar pozos en las huertas, al principio manuales, ahora son eléctricos explica Valenaik. El agricultor forma parte de un proyecto de diversificación de cultivos. Con la ayuda financiera y técnica de la FVF dejó a un lado el cacahuete, el arroz y los girasoles, cultivos típicos de la zona, y apostó por árboles frutales, que necesitan menos agua y duran más tiempo. Miembro de una tribu, Valenaik duda cuando se le pregunta la edad. Más o menos entre 55 y 60 años aunque no titubea por la fecha en que conoció a Ferrer. En 1977 apareció en nuestro pueblo. El padre Ferrer se llevó el desierto Gracias a sus 2.000 plataneros ha doblado sus ingresos desde 2007. La primera hectárea la financió la FVF. La segunda, él mismo. Antes dependíamos de los préstamos de los terratenientes, nos cobraban un gran interés y la deuda crecía y crecía El proyecto del que forma parte engloba a 60 familias, que se reparten una superficie de 56 hectáreas. (Pasa a la página siguiente) En la ciudad del infinito ALEJANDRO CARRA Han pasado diez años, pero las imágenes siguen nítidas. Son recuerdos de un hombre enjuto, de pelo y piel muy blancos y de aspecto tan frágil como arrolladora su mirada. Un hombre al que su gente llamaba father Ferrer cuando visitaba sus proyectos en un diminuto coche en el que hacía más calor dentro que fuera y por el que sostenían, con el orgullo que sólo da el verdadero agradecimiento, el paraguas negro bajo el que defendía su piel enferma de un sol implacable. Son también recuerdos del intermitente sonido de los silbatos para ahuyentar a las cobras por la noche; de decenas de mujeres dalit (intocables) tendidas sobre camastros en el Family Planning tras someterse a una ligadura de trompas que las liberara de cargarse de hijos hasta reventar y de la acequia en la que otras tantas refrescaban a sus pequeños tras las charlas de higiene infantil. Del hospital de Kalyanadurg, donde se atendía a sus hijos, enfermos de tuberculosis o encefalitis, sin ser rechazados por intocables De la escuela en la que los niños ciegos aprendían sobre la alfombra en lugar de ser condenados al abandono absoluto, o a algo peor. Del embalse de Kadiridevarapalli y su bendita plantación de mangos. De decenas de diminutas casas con... ¡techo! todo un regalo para no temer al monzón más que al hambre. De un guía, Dasarath, orgulloso de cómo father Ferrer le cambió un destino infame por el reto de educar a los de su casta; y de los voluntarios españoles, esos que Ferrer confesaba que le daban más trabajo que soluciones, pero le reconfortaban enormemente. Son fotografías de una gran familia que seguirá con Anna y Moncho Ferrer al frente porque ayudar a los demás no es un derecho, sino un privilegio