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28 6 09 EN PORTADA Cuando el inspector Puelles era sólo Edu (Viene de la página anterior) tor camino de las fauces de las alimañas. El nuevo servidor de la ley hizo prácticas en Orihuela y Alicante. Y ya casado y con el mayor de sus hijos en este mundo lo tuvimos a los diez meses porque Edu quería ser padre pronto tiene que trasladarse a Lérida, donde atiende funciones de seguridad ciudadana. Los zetas los llamaban tercia Josu con humor. Aquellos, según cuenta su mujer, fueron momentos muy duros, puesto que Puelles esperaba que su traslado durase sólo unos meses y terminó prolongándose tres años. Tiempo en el que su nueva prole tuvo que mudarse a la casa de los abuelos maternos, en tanto el padre no volviera. Dos décadas después, la terrible realidad que vive la familia ha vuelto a reunir en la misma casa a todos los Hernández, en torno a su hija y sus nietos. Según Paqui, aquella época fue muy dura para él puesto que no hacía más que ir y venir de Lérida a Bilbao para no perderse ningún acontecimiento infantil. Recuerdo que yo le preparaba la tartera y se iba en tren hasta Zaragoza Terminado el periplo catalán, la familia se reencuentra en Arrigorriaga, donde nacería su segundo hijo, Asier. El agente trufa su fértil vida familiar con una pasión incontrolada por la labor policial, donde va ascendiendo a base de mucho trabajo. Cuando tienes carrera universitaria- -explica Josu- -es más fácil ascender; si no, tiene que ser paso a paso, como hizo mi hermano Y tanto: agente, oficial, subinspector, hasta llegar a ser inspector en 2002. Y le chiflaba el trabajo de inteligencia, ayudar como respondía a Paqui cuando ella le pedía que disminuyera su trabajo: ¿Por qué no te metes en una labor más tranquila, para que no estés tan pendiente del trabajo y podamos estar todos más tiempo juntos? -Paqui, es que mi trabajo es salvar vidas. Pero, a la vez, se sentía culpable por no poder compartir más horas con sus hijos. Con los mismos dos bigardos (21 y 17 años) que han escoltado estos últimos días a su madre en el calvario del recuerdo. Cuesta entender que esta mujer menuda que apenas ciñe sus sencillos pantalones vaqueros y su camisa rojiza haya podido dar a luz a esos muchachotes. ¿Y cómo están ellos? se la inquiere. Bueno, pues a los tres nos dan bajones- -confiesa- Yo ya les he dicho que a lo mejor durante estos días no estoy a la altura como madre, pero que tienen que perdonarme Y tanto, hasta el mayor intenta explicar con el razonamiento de un buen hijo lo inexplicable: A aita le gustaba su trabajo y sabía de su riesgo El miedo. ¿Qué espacio ha ocupado este sentimiento tan humano durante los 26 años de matrimonio? Paqui reconoce que iba por rachas. Nada más casarnos tuve mucho más miedo que el que tenía ahora. Bien es verdad que durante épocas pasé por momentos más duros. Ahora había levantado un poco la guardia y ya no lo pensaba tanto Dos bigardos de 21 y 17 años Con el miedo aprendió a vivir La viuda no se esperaba este zarpazo brutal que le iba a arrebatar a su marido. Pero con el miedo aprendió a vivir, como en su momento Pilar, Ana María, Mapi, y tantas esposas de víctimas del terror. Sobre todo en una localidad donde la vida se hace de puertas afuera. A mí hay vecinos que no me han dado el pésame informa Paqui a su cuñado durante el relato. A mí sí me lo han dado todos le aclara Josu. Bueno, algunos sí pero otros todavía estoy esperando remata la interlocutora de ABC. A la izquierda, la última víctima de ETA, durante una estancia invernal en Urkiola (Vizcaya) a la derecha, Eduardo y Paqui con el pequeño Asier, tras su primera Comunión