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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE acabar pronto con Weiland y ser campeón de Europa con la misma celeridad que en sus anteriores veintisiete peleas. Quizá acusara también algún impacto de Weiland en el hígado, pues Urtain peleaba con la boca abierta en señal de fatiga. Por eso, en el cuarto se enredó la lucha, se trabaron los dos y fue un asalto confuso y sin concreción alguna, para fallarlo nulo, aunque se apreciaba un bajón en el tren de combate que había impuesto Urtain en los tres asaltos anteriores. En el quinto, Weiland pega en corto con su potente mano izquierda; Urtain no esquiva, agacha la cabeza y Weiland encuentra con facilidad el objetivo y castiga a Urtain, que acusa más cansancio y pasa por un momento de peligro, aunque, como tiene casta, al final del asalto se rehace y ataca. Pero el asalto es favorable a Weiland. El sexto empieza bien para Urtain, pero pronto se reduce la distancia, pues Urtain carece de movilidad y queda tan lento de piernas como su rival de cien kilos. El cuerpo a cuerpo se convierte en abrazo, se traban y no hay nada definido. Y en el séptimo asalto Urtain se presenta más recuperado, respira mejor, ataca con ambas manos, pega fuerte y envía a Weiland a las cuerdas, donde le castiga implacable. Weiland se arruga dobla rodilla y su aspecto es de groggy El árbitro cuenta bien esta vez, a su debido tiempo, y Weiland escucha sin ánimos para levantarse, porque sabe que está perdido totalmente, y si intenta ponerse en pie quedaría machacado peligrosamente. Weiland está knock- out fuera de combate, y así lo declara el juez- árbitro. José Luis Ibar Urtain es el nuevo campeón de Europa del peso pesado. El júbilo es enorme. Fotógrafos y entusiastas, con chapela y sin ella, con pancartas y sin pancartas, llenan el ring para felicitar a Urtain, para abrazarle, para expresar así su alegría patriótica. El grupo alemán está en el rincón de Weiland y nadie habla. Es la tristeza del campeón destronado. Y es el reconocimiento de una derrota que se produjo por la potencia de los puños del vasco, por los efectos del tocado en larga distancia, con la carga que pone Urtain con su hombro. Se presentó Urtain en 88,400 kilos, algo más bajo de peso de lo normal en él, que son los 90 kilos. Weiland, en 105,500. Tirar a esta mole cuatro veces en tres asaltos es una prueba de potencia del nuevo campeón continental. Sin embargo, Urtain acusó el proceso del combate, al que no estaba acostumbrado en desarrollo superior a tres asaltos. Esa falta de medida y proporcionalidad es natural en su inexperiencia, pero hay que remediarla para el futuro, porque si se acepta una pelea a quince asaltos, como es la que exige un título en disputa, hay que tener fondo para cubrirla. Para América, para seguir el camino ascendiente hasta el mundial, le queda trabajo y riesgo. Pero esto corresponde a la nueva etapa. Lo que hay que celebrar hoy es la coronación de la primera, puesto que dio el salto al título europeo sin pasar por el nacional. Urtain es un justo campeón, un buen campeón de la vieja y nueva Europa. Y lo ha conseguido con el resultado que se esperaba de él: el fuera de combate. La mole de Weiland fue derribada como una revolución tira por tierra las estatuas de los conquistadores. Urtain es hoy el orgullo de España entera. GILERA Siete asaltos le duró a Urtain el derrotado campeón de Europa, el alemán Peter Weiland. En la secuencia fotográfica se recogen algunos de los momentos más memorables del combate disputado en el Palacio de los Deportes entre el Morrosko de Cestona y el gigante germano finalmente destronado, caído sobre las cuerdas