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21 6 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 4 DE ABRIL DE 1970. Tras veintisiete victorias por K. O. José Manuel Urtain se convertía en campeón de Europa al vencer al alemán Peter Weiland en sólo siete asaltos. Sin embargo, apenas cinco meses después, perdía el título y comenzaba el lento declive que le conduciría a la depresión y el suicidio. Así lo contó ABC Urtain, la máquina las once y media de la noche subían al ring el campeón, Weiland, y el aspirante, Urtain. El público grita: ¡Ur- tain! ¡Ur- tain! Cincuenta redactores gráficos llenan el ring el árbitro inglés Roland Dakin y los cuidadores de los púgiles, Whittenbrick y Casadei, están también sobre el tablado. Suenan los himnos nacionales de Inglaterra, Alemania Occidental y España. El público aplaude a los tres y vuelve el coro a pronunciar silabeando y haciendo palmas: ¡Urtain! ¡Tra- tra- tra! ¡Ur- tain! ¡Tratra- tra! A las doce menos veinte empieza el combate. A los diez segundos, Urtain coloca un golpe largo, una jab que dicen los norteamericanos, que llega al rostro de Weiland y lo tumba cual largo es en uno de los rincones, justo donde estaba el comentarista de la televisión. Los 105 kilos del campeón han caído como una pluma. El árbi- A tro no cuenta tiempo. Hace gestos de que se limpie los guantes cuando Weiland se levanta. Y sigue el combate. En el segundo asalto, dentro del primer minuto, coloca Urtain otra derecha rápida y potente, y lanza a Weiland a las cuerdas, donde éste semicae Se rehace el alemán, y Urtain coloca otra derecha en corto que Weiland acusa. Otro asalto favorable a Urtain. El mismo cariz de combate, ampliado. El tercero empieza con dos impactos de Weiland en corta distancia, con su potente maza izquierda. Urtain los encaja bien. En el tercer minuto del asalto, Urtain coloca izquierda y derecha a la cara de Weiland, repite el golpe y tira al campeón, que refleja en su rostro colorado el efecto del golpe, y en su estrabismo, algo más que un apunte de k. o. Pero Urtain no dosifica el esfuerzo, porque le falta juego técnico para ello. Se empleó a fondo en esta primera fase, con el deseo natural de