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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA El hombre de Obama para Irán POR EDUARDO SAN MARTÍN iene delante de sí una tarea gigantesca. La tenía ya antes de las elecciones. Ahora deberá esperar a que el escampe el temporal para saber con quién, y en qué circunstancias, poner a prueba la nueva política de su presidente. El hombre de Obama para Irán, el cerebro que está detrás de los cambios introducidos en la percepción del embrollo iraní, se llama Dennis Ross y se trata de un veterano curtido en cien batallas. Participó durante doce años, por ejemplo, en los esfuerzos del primer Bush y de de Clinton para lograr una solución política en Oriente Medio. No se puede decir que se trate de un precedente alentador. Dennis Ross es considerado en el stablishment diplomático americano un pro israelí. Y será Israel muy probablemente, y no las autoridades de Teherán, quien le ponga el cascabel al gato de la nueva política americana en relación con las ambiciones nucleares iraníes. Cualquier nueva estrategia basada en la paciencia, sin abandonar la advertencia de pasar a mayores, T dependerá del plazo que se dé a sí mismo Tel Aviv para ejecutar sus propias amenazas. Israel ha advertido que impedirá que Irán lleve a cabo sus planes y sitúa en alrededor de un año (un periodo sensiblemente menor al que calculan servicios de inteligencia occidentales y la AIEA) el tiempo que necesita Teherán para tener la bomba. Este otoño podría ser el momento crítico. Obama se vería atrapado entonces en una trampa de difícil salida que puede condicionar toda la primera presidencia. Y las inclinaciones del corazón de Ross no deberían constituir ninguna pista. Dudas razonables na tarea gigantesca para el hombre de Obama. Un jeroglífico más bien, después de las elecciones del domingo. La perplejidad es la sensación dominante. En los medios y en la administración. Tres dudas condicionan cualquier respuesta futura. La primera es la de si nos encontramos en realidad ante el fraude electoral que muchos dan por seguro. Algún periódico importante expresó al princi- U pio ciertas objeciones a la opinión general. Citaba encuestas fiables, realizadas por solventes institutos norteamericanos, que otorgaban a Ahmadineyad un ventaja de 2 a 1 sobre Musavi tres semanas antes de las elecciones. La histérica reacción posterior contra el movimiento de protesta alimenta, sin embargo, las sospechas iniciales. Resolver esta duda es primordial. Obama declaró el jueves a una televisión que ve pocas diferencias políticas entre ambos contendientes, pero necesita que su interlocutor tenga una legitimidad plena para avanzar en su estrategia. La segunda interrogante atañe a la profundidad del movimiento de protesta. Las encuestas mencionadas localizaban el impulso renovador casi exclusivamente en Teherán y, dentro de la capital, en la universidad y entre los profesionales. Y deshacían un equívoco en torno a la juventud iraní: una de las principales bases de apoyo de Ahmanidejad se encontraba precisamente en los jóvenes comprendidos entre los 18 y los 24 años. Pero no sería la primera vez que un movimiento minoritario, pero muy activo, pone contra las cuerdas al poder La última duda se refiere a la duración de la protesta. Algunos servicios norteamericanos pronostican que será efímera. La revuelta estudiantil de hace unos años, que parecía imparable, se disolvió como un azucarillo cuando perdió el soporte de Jatamí. Pero nunca se sabe. La cuestión estriba en si el líder supremo seguirá apostando por un caballo que saldrá desgastado de la pelea en cualquier caso y si la situación trasciende a una lucha real por el poder dentro del estamento religioso y militar. Y quién es él usavi, a quienes sus seguidores ya denominan el Gandhi de Irán es un hombre del sistema y todo menos un liberal. Peón de confianza de Jomeini, se enemistó con Jamenei por razones no muy conocidas y fue acercándose a la oposición que, siempre en términos relativos, encarnaba el ex presidente Rafsanjani y otros clérigos descontentos. Se trata, en palabras de un analista de New York Times, de un líder accidental que fue convencido en el último minuto de que se pusiera al frente de los muchos que, dentro del propio régimen, están convencidos de que el actual presidente lleva a Irán a un callejón sin salida. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar? Musavi afirma que ha tomado un camino sin retorno y que está preparado para hacer sacrificios dice de él un pariente. Sus antecesores en la pelea, Rafsanjani, Jatamí, terminaron todos tirando la toalla. ¿Nos encontramos ahora, de verdad, en un camino sin retorno? www. abc. es blogs san- martin M