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21 6 09 LA IMAGEN La cola del té paquistaní TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: AKHTAR SOOMRO (REUTERS) ara qué sirven los logotipos, las marcas, los topónimos? Para orientarnos en un mundo en el que, como advirtió Cormac McCarthy, ya nos habíamos perdido hace tiempo: Usted cree que debe quedarse donde está. Lo que creo es que los muertos no tienen nacionalidad El mundo no tiene nombre, dijo. Los nombres de los cerros y de las sierras y los desiertos sólo existen en los mapas. Los nombramos para no extraviarnos. Y sin embargo empezamos a inventar esos nombres porque ya nos habíamos extraviado Como los pies de foto, que sirven para que la imagen no encienda tan sólo el alvéolo emocional del cerebro, el de la empatía que se agota en sí misma: Un niño desplazado que huyó de la ofensiva de las fuerzas gubernamentales paquistaníes en el valle del Swat, casi fronterizo con Afganistán, guarda cola junto a otros que fueron niños hace años y que esperan como él su ración de té del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. El fotógrafo ha decapitado a sus compañeros de infortunio, aunque ha dejado bien visibles sus ropajes azul añil y gris de plomo, con sus manos escoriadas. Todos calzan sandalias para paliar el polvo de un camino: el del eterno retorno. El niño se parece a nuestros hijos, a nosotros mismos cuando éramos felices e indocumentados y no sabíamos nada de las áreas tribales paquistaníes, ni del polvorín regional, ni de que Kabul era una villa amable y confiada cuando allí durmió el poeta Ahmed Morsi. El azul cobalto, que parece consustancial a la tela de dril, remite a otro universo cultural, mientras el bienaventurado equilibrio del cubo sobre la cabeza recuerda a las campesinas españolas que, como mi abuela, llevaban así el pescado, las flores y las hortalizas al mercado. La ofensiva paquistaní en el valle del Swat contra los talibanes ha provocado el desplazamiento de más de dos millones de almas. Aquí no juega el Barça, cuyas camisetas lucen olímpicas el mismo rótulo que el cubo azul a juego del niño que espera. Aquí no hay liga feliz que valga. En el Swat corren otras urgencias. Los que esperan en el campo de Yar Hussain no pudieron quedarse en sus casas. Están extraviados, y su extravío parece que no les concierne más que a ellos. Pero nos equivocamos. ¿P