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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA pergamino teñido de púrpura) pero estas piezas no han sobrevivido en los vertederos. Un nuevo formato, sin embargo, estaba a punto de hacer su aparición. Nos referimos al códice, formado por una serie de hojas plegadas en forma de página y unidas en cuadernillos; es decir, el libro tal como nosotros lo conocemos. Este tipo de disposición se usaba ya con soportes de madera (tablas sencillas o enceradas) cuando se unían con un cordel varias tablillas perforadas para formar una especie de cuaderno que usaban los poetas para esbozar sus versos y los escolares para hacer sus deberes. El pergamino, material fabricado con piel de cabra, era más duradero que el papiro y también podía emplearse para formar códices; además, como la madera, tenía la ventaja de poder lavarse o rasparse para reutilizarlo. Estos fueron los comienzos del nuevo formato, según se deduce por las muestras procedentes del siglo I d. C. En el siglo V d. C. el formato en cuadernillos había conquistado el mundo, y los códices elaborados con papiro o con el nuevo material de moda, el pergamino, se habían convertido en el soporte universal de textos sagrados y profanos. Entre uno y otro siglo, el códice conoció una historia accidentada. En la Roma imperial, se usaban pergaminos en miniatura con textos clásicos como regalo de lujo: En escuetas hojas está resumido en gran Livio En otras zonas de Egipto me- nos elegantes, los hallazgos papirológicos se combinan en una historia algo diferente. Es cierto que los cristianos de allá adoptaron un formato distinto al clásico para sus textos, pero no era de su uso exclusivo, ya que también se ha encontrado alguna copia de Homero o de Demóstenes en forma de códice. Las estadísticas marcan la diferencia (si bien, obviamente, el número de textos cristianos es mucho más reducido que el de textos paganos) Si observamos los textos literarios que nos han llegado sobre papiro, vemos una sorprendente disparidad. En lo que respecta a la literatura pagana, hasta el 400 d. C. aproximadamente, los códices representan, en un cálculo muy aproximado, el 2 por ciento de las copias del siglo II, el 20 por ciento de las del III y el 75 por ciento de las del IV En lo que respecta a los textos de las escrituras, y durante el mismo período, los códices representan más del 90 por ciento, y algunas de las excepciones (aunque no está claro cuántas) proceden más bien de los círculos judíos que de los cristianos. La conclusión es obvia. Los cristianos preferían el códice, mientras que la literatura pagana lo adoptó como norma solo a partir del siglo IV cuando se impuso el cristianismo. Podemos concluir, pues, que los clásicos siguieron la estela de los Evangelios. Esta conclusión se deduce de las evidencias existentes, ya que ningún autor de la antigüedad habla del hecho ni de sus razones. Por tanto, solo podemos inferir los motivos. Algunos historiadores han sugerido que los humildes cristianos debían de sentirse más cómodos con el humilde cuaderno, o que dada su pobreza preferían utilizar los dos lados del papiro (el ahorro se ha estimado en el 26 por ciento) Otros han argumentado que el códice era un formato atractivo para una secta perseguida, ya que al ser tan compacto podía ocultarse sin dificultad. También se ha dicho que era especialmente adecuado para las Escrituras, ya que era más fácil localizar un pasaje concreto volviendo las páginas que desenrollando una bobina de papiro, o que, al incluir más páginas entre las dos cubiertas, permitía copiar un corpus extenso y homogéneo de textos (los cuatro evangelios y las epístolas de san Pablo) En el Codex Sinaiticus, en formato grande y pergamino fino, suficientemente lujoso para ser una de las cincuenta biblias que el emperador Constantino Los cristianos preferían el códice, mientras que la literatura pagana lo adoptó como norma solo a partir del siglo IV. Los clásicos siguieron la estela de los Evangelios Con la derrota intelectual de los gnósticos se perdieron también sus obras. Solo algunos papiros hallados en el siglo pasado nos han permitido recuperar algunos de sus textos mandó copiar en torno al 331 d. C. cupieron el Antiguo y el Nuevo Testamento en dos volúmenes. Todas estas explicaciones tienen visos de plausibilidad, si bien algunas más que otras. No es tan evidente, por ejemplo, que los cristianos fueran más escrupulosos que los paganos a la hora de buscar referencias en un texto. Algunos autores han atribuido el prestigio del códice entre los cristianos a la existencia de una obra concreta compuesta en este formato, que por su importancia habría impulsado su difusión; podría ser el caso del Evangelio de san Marcos, compuesto en Roma, donde se usaban habitualmente los cuadernos de pergamino, y trasladado a Egipto en el momento en que, cuando menos según la leyenda, san Marcos fundó el obispado de Alejandría. Pero esta explicación es más romántica que pragmática. La gran pregunta ¿cómo adoptó Europa el formato de libro que aún hoy nos parece universal? nunca tendrá respuesta. A mi modo de ver, hay aún una posible tercera explicación. Los cristianos surgieron de las comunidades judías, con una revelación ajena a los clásicos de sus vecinos paganos. El rollo en pergamino era el vehículo de la ley hebrea, y el rollo en papiro, el de la tradición pagana. Al elegir el códice para sus textos sagrados, los primeros cristianos estaban marcando las diferencias que los separaban tanto de sus orígenes como de sus rivales.